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Alberto Mansueti

12 fraudes intelectuales: Mitos que comparten gobierno y oposición














Alberto Mansueti





3erPolo
















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             “Que se acepte una verdad es fácil, una vez rechazada la falsedad que usurpa su lugar, ¡esa es la parte difícil!”
Daniel Boorstin: The Creators
 

Chavistas y antichavistas no piensan muy distinto. Los primeros son izquierdistas “aggiornados”; y los segundos, algo más “clásicos”. De hecho ambos comparten mitos muy populares, y muy arraigados, que impiden ver enormes realidades.

A saber:

1. “Este es un país muy rico”, mito que confunde riqueza con recursos naturales. Es la madre de todos los mitos. Entre otros, se relaciona con los mitos del imperialismo: “los países ricos lo son porque explotan nuestros recursos naturales”. Asume que hay unos países con y otros sin recursos naturales.

Sin embargo, ricos son los países que cuentan unos 10 mil dólares al año o más de ingreso personal promedio, como nos revelaría la primera lectura de un simple almanaque mundial. Y la segunda lectura nos diría que no hay países carentes de recursos naturales: toda nación del orbe ha sido dotada por el Creador de al menos uno en abundancia, sea en el mar, en la tierra o debajo, o en los cielos, p. ej. el recurso paisajístico, base de la industria turística. De hecho todo recurso natural es base de alguna industria. Y por eso el maestro Julian Simon enseñaba que el recurso por excelencia es el ser humano inteligente y libre.

Y en un buen manual de Economía -una rareza en Venezuela- leeríamos que los recursos naturales no se procesan solos; y que la riqueza se produce, con trabajo (“sudor de la frente”), y con capital, que es la parte del fruto de la industria que se destina a fines reproductivos de riqueza.

2. “El caso venezolano es atípico”. La aceptación de este y otros mitos deviene de la generalizada incapacidad de pensar, consecuencia de la destrucción de la filosofía, y de las categorías del lenguaje que le son afines, p. ej. causa y efecto, principal y accesorio, sustancial y accidental. Un muy elemental análisis nos diría que todos los individuos de una misma especie -por ej. países latinoamericanos- tienen propiedades y rasgos comunes, conformes a su naturaleza, al punto de poder clasificar como miembros de la tal especie. Y que basta examinar esos rasgos comunes, naturales, para identificarlos y describirlos … Y en cuanto a los rasgos propios individuales, cada país de la tierra los tiene, pero si le hacen atípico, entonces todos los países lo serían, y ninguno.

Se ha olvidado que las realidades tienen naturaleza; y esto es gravísimo. La operación intelectual de analizar se ha vuelto muy difícil o imposible luego de la intoxicación de nominalismo y relativismo que aqueja desde hace tiempo a nuestros “intelectuales”, cuyos disparatados devaneos discursivos sigue atenta y acríticamente la clase media, predominante en cuanto a lo que la mayoría alberga en la sesera.

3. “El problema es la corrupción”. Claro que en Venezuela abunda la corrupción administrativa; porque es propia y connatural al estatismo, la extensión indebida de las funciones, competencias y recursos del Estado, y de las innumerables licencias previas exigidas para cualquier actividad. El estatismo tiene naturaleza. Reducido el estatismo, la corrupción menguaría considerablemente -hasta no más la contratación de obras públicas p. ej.-, alcanzando niveles en los cuales sería tratable por sus soluciones propias y naturales, que son las judiciales. Claro que el estatismo no sólo multiplica la corrupción, sino que además pervierte la justicia.

4. “Esta es una democracia formal, una seudodemocracia”. ¿Qué es democracia? Sólo un método para tomar pacíficamente decisiones con base en la mayoría numérica, pero no garantiza de ningún modo que las decisiones sean acertadas y justas.

Los venezolanos ya tenemos suficiente democracia. Toda democracia es representativa si lo que se decide es escoger representantes. Y por naturaleza toda democracia es participativa también, porque cada quien que vota participa en la decisión; y es además “protagónica”, pues en cuanto contribuye a tomar la decisión, el elector se hace “protagonista”. La democracia es indirecta cuando se eligen electores -de segundo, tercer grado, etc.-, y directa cuando no hay tales mediadores … Y nada más; no hay “otra” democracia más “real”.

5. “Los empresarios quieren ganar demasiado”. Pero, ¿no es algo muy natural y universal que todo el mundo quiera mejorar su bienestar y situación, y ganar cuanto pueda, y satisfacer de ese modo todas sus necesidades? ¿Quién no? Sin embargo, cuando se les permite funcionar, son precisamente las denostadas leyes naturales de la oferta y la demanda -y de las cantidades y los precios, y la escasez y la abundancia, y la producción y el ocio, es decir, las leyes del mercado-, las encargadas de que las también naturales apetencias humanas no desemboquen en carestía generalizada.

Son demasiado elementales y básicas muchas de las verdades ocultas por los mitos; lo cual nos habla del alarmante estado de primitivismo de nuestras creencias colectivas.

Este mito se relaciona con este otro: “En Venezuela no hay inflación, hay especulación”. Y si tanto trabajo toma el hacer entender tanta verdad de perogrullo -labor necesaria e indispensable para poder salir del marasmo en que estamos-, ¿cómo hacemos con verdades un tanto más sofisticadas, como esa de la inflación? ¿Cómo hacemos para entender que el valor del dinero de papel es inversamente proporcional al volumen emitido? ¿Y para entender que la deflación es posible, y buena?

6. “Cada quien mira su propio interés, y no el del país”, mito que generaliza el anterior referido a los empresarios, aunque éste por lo general alude a los partidos y grupos políticos. Revela una profunda incomprensión de lo que es una democracia -y una sociedad plural-, y del papel que juegan los partidos políticos, que le son consustanciales.

Es natural que los partidos difieran en concepción y postulados, y que busquen hacer cada vez más prosélitos, y crecer en número de adherentes, importancia de posiciones ganadas y capacidad de influencia. Lo malo es precisamente su homogeneización -que es lo que ocurre-, y que las diferencias se reduzcan al “quién manda”. Pero lo que el mito lamenta son las diferencias, y lo que anhela es la homogeneidad.

Por otra parte, en una sociedad plural, lo natural es la diferencia y hasta oposición de intereses. Lo que no es natural es que las diferencias se resuelvan todas por la vía del Estado, y no mediante sistemas espontáneos y no coercitivos. Como son p. ej. el mercado, y el gremio laboral, no en tanto monopolio de la fuerza de trabajo, sino en cuanto escuela de oficios, bolsa de empleo, y caja de pensión, sus tres históricas y naturales funciones. (Que hoy no desempeñan.)

7. “Hay que sembrar el petróleo … tarea del Estado, por supuesto”. Dr. Arturo Uslar Pietri dixit, 1945. Este mito es fatídico, por ser el padre del intervencionismo estatal en Venezuela … ¡y lo debemos a un hombre considerado de derecha!! Escribe el filósofo y periodista brasileño Olavo de Carvalho, que los socialistas nos han sometido a una operación salame: han ido cortando y aniquilando una a una todas las expresiones políticas de derecha y centro, nos dejaron sólo las de izquierda, y entonces, ¡a las menos radicales de entre ellas nos acostumbraron a llamar “derecha”!!

El bien recordado Dr. Uslar pareció olvidar en este caso que en una economía capitalista libre, al petróleo lo siembra el empresario -como a cualquier otro recurso natural- sin que sea necesario que el Estado lo obligue, empuje o “estimule”. ¡Basta que no le exija demasiados impuestos y regulaciones!

8. “El problema es la falta de educación”. Falso, Venezuela es uno de los países subdesarrollados donde los padres y alumnos más gastan en educación -directamente y a través de impuestos- y tenemos taxistas diplomados. Abunda la educación, pero el desarrollo no aparece. ¿Será que la enseñanza es de mala calidad? Pues nada extraño tiene, siendo el Estado su principal proveedor, y supervisor y capataz general de los proveedores privados. En este como en otros terrenos, lo mejor es la libre competencia, y lo peor, el monopolio.

Pero aparte, ¿para qué sirve la educación? Para muchas cosas muy valiosas, mas no para crear riqueza. Basta revisar la biografía de un Rockefeller, Morgan, Vanderbilt o cualquiera de esos semianalfabetos pioneros -los creadores de las grandes fortunas-, para aprender que la educación no es condición necesaria de la creación de riqueza (y hasta podría ser un obstáculo). Y no es cosa de antes: Bill Gates no terminó la escuela superior, e igual Warren Buffett.

9. “Aquí no hay gerencia pública”. Es en alguna medida contradictoria la expresión gerencia pública. Gerenciar es combinar los recursos económicos en orden a fines productivos, una función propiamente empresarial y no estatal; vale decir, naturalmente privada. Lo que falta es “función pública” en el sentido más elevado de la expresión, y asimismo “función política”, también en su mejor sentido. Este mito se conecta con otro, igualmente muy difundido: “en este país hay demasiados diagnósticos”, el cual se salta a la torera la nada menor cuestión acerca de la calidad de los tales diagnósticos.

10. “Los proyectos carecen de continuidad” (se alude a los estatales). Cierto es que en muchos casos cambian las personas encargadas y los nombres de los planes; pero en Venezuela hay una exasperante y pasmosa continuidad en lo esencial de los objetivos, los estilos, los medios y los enfoques de cada cosa que emprende el Estado, repetitivamente. La permanencia de la misma naturaleza bajo la superficie -a veces de una vulgar copia- es lo característico de cosas que se eternizan, aún mudando el nombre y algún detalle de fachada, siguiendo la moda de turno. Los cambios aparentan ser radicales, pero son meramente “accidentales” -no afectan a la sustancia-; y es esta otra cosa que pudiéramos aprender, si no nos hubiesen destruido el lenguaje, y la filosofía que le da sustento. (Abrigo la muy fundada sospecha de que eso se hizo a propósito.)

11. “(Tal o cual estado o localidad del interior) está en el abandoooooono”. La entonación (“ooooooo”) es lastimera, quejosa; parte constituyente del significado. ¿Qué se quiere significar? Abandoooooono … por parte del Estado. Pero no tanto por carencia de obras públicas -que si son genuinamente tales, su ausencia sería legítimo lamentar-; sino por falta de subsidios, de “proteccionismo” o de ambas cosas, que es lo que se deja extrañar en el mencionado lamento, muy revelador de la cultura estatista imperante.

12. “Aquí no hay gobernabilidad, porque no hay consenso”. No es así. “Gobernabilidad” es una anhelada condición según la cual todo el mundo obedece sin chistar los omnipresentes mandatos del Gobierno de turno, algo imposible en una sociedad plural. Y consenso abunda y sobra en Venezuela; y hace daño, porque versa sobre mitos, prejuicios y errores de concepto consagrados como ciertísimos e inamovibles, aún cuando son falsos. Nos falta quien rompa el consenso, y se atreva a denunciarlos como tales, a probar su falsedad, y convoque a desterrarlos y reemplazarlos por las correspondientes verdades.
















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