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Alberto Mansueti

¡Uh! ¡Ah! ¡Monagas no se va!... Sin otra oposición, no habrá otro gobierno














Alberto Mansueti





3erPolo
















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Los pobres cosechan lo que los intelectuales siembran.
Theodore Dalrymple
 

Actualmente el chavismo es primera mayoría, porque la gente -sobre todo la más joven- está muy imbuida del estatismo, única doctrina de Gobierno predicada, practicada y conocida en este país desde al menos los ‘80.

 

El estatismo es también un proceso: por esa vía las naciones se van deteriorando y degradando en su economía, cultura, moral, y obviamente, su política. El chavismo es muy representativo de la etapa dura, socialista, fase actual de ese camino cuesta abajo, una vez pasados los estadios más moderados, con sus correspondientes fracasos, seguidos de reacciones más virulentas.

 

Predominando el estatismo en la opinión, el chavismo siempre va a ganar las elecciones porque encarna mejor el tipo, independientemente de que las trampas electorales -que las hubo desde siempre en Venezuela- sean grandes o pequeñas, pocas o muchas. La oposición va a perder las venideras elecciones -como las anteriores-, en tanto sigamos con el mismo libreto: el “Manual del Buen Gobierno” escrito por la izquierda.

 

Un buen ejemplo de nuestra historia. A lo largo del año 1855, el venezolano Ramón Ramírez publicó en Caracas, y en fascículos -por entregas sucesivas-, un libro que tituló “El Cristianismo y la Libertad”. En Enero de ese año José Tadeo Monagas había recibido otra vez la Presidencia de una Venezuela cuya situación distaba mucho de ser satisfactoria, de manos de su hermano José Gregorio. Era continuismo -José Tadeo había llegado al poder en 1847-, y se alegó fraude. ¡Y hubo mucha discusión en la prensa de la época! Sin embargo, no todo giró alrededor del continuismo y los fraudes; también hubo un largo debate ideológico entre pensadores liberales, conservadores e independientes, sobre el tema de los sistemas de Gobierno en general, y en particular el socialismo y el comunismo. Y aunque la obra de Ramírez no llegó a “best-seller”, fue importante en aquel debate. Su decidida posición es liberal -y antisocialista-, pero matizada: la libertad es compatible con el orden. Y el contexto filosófico en el cual ambos valores armonizan, libertad y orden, es la doctrina cristiana. La libertad es el principio que ha de regir la vida social, como el cristianismo la conducta individual. (1)

 

Su tema no puede ser más de actualidad hoy en día: es básicamente “la oposición entre el sistema europeo o de privilegios del Gobierno, oprimiendo la sociedad al individuo”, versus el “sistema americano del Norte”, individualista o de libre empresa. (2) Como el primero predomina en nuestra América del Sur, Ramírez teme que -como en Europa-, se siga la previsible reacción: socialismo y después comunismo. ¡Visionario!

 

¿Y Monagas? En 1857 José Tadeo se hizo reelegir para el siguiente período, hasta el 61. Pero en una revolución frustró sus planes y lo sacó del poder en Marzo de 1858 ... de modo incruento, sin derramar sangre. Tuvo que pedir asilo diplomático, y marchar al exilio. Y en Diciembre ese mismo movimiento le dio a Venezuela la Constitución de 1858, una de las mejores que se haya sancionado en este país. El texto consagró muchos de los principios y garantías individuales discutidas en el debate ideológico.

 

Ese debate fue decisivo para la caída de Monagas, al minar el crédito del caudillismo como sistema, más allá de los avatares de tal o cual caudillo de turno. (Los partidos no supieron valorar y defender debidamente esa Constitución de 1858, y por eso Zamora y los caudillos “federales” tomaron por asalto el país. Pero esa es otra historia.)

 

2004: Debate ideológico se requiere urgente, para empezar hoy mismo. Comenzando por entender qué es el chavismo; tarea a la que mucho opositor ni se ha asomado. Hay que ver la real y verdadera historia política venezolana reciente, no la que cuenta Chávez, ni la que dicen sus enemigos. Historia que comienza cuando el temor del profético Ramón Ramírez se hizo realidad, 70 años después, en los ’20 y ‘30, con el Partido Comunista de Venezuela, el PCV, primero llamado PRP. Y con su numerosa descendencia: hijos legítimos como el MAS y la Causa Radical, e ilegítimos como el MIR y el MEP. Ellos escribieron para los gobernantes de AD y Copei el libreto estatista:

 

El “Manual del Buen Gobierno” escrito por las izquierdas. Adaptación local del concepto europeo del Estado de Bienestar (Welfare State), o democracia social, antesala del socialismo. Son sus primeros y principales artículos:

 

* Democracia verdadera no es sólo votar: es una democracia social y no puramente formal.

 

* El sistema de libre mercado capitalista es malo para la democracia social. E igual el orden jurídico burgués, con la libertad y propiedad individuales, pilares del capitalismo.

 

* El Estado ha de proveer a las personas medicina, educación, empleo, vivienda, etc., a título de “derechos” y no de limosnas. Así redistribuye la riqueza, cerrando la brecha entre pobres y ricos.

 

* Con mayor razón en Venezuela debe aplicarse esta receta de justicia social, ya que los ingresos petroleros la posibilitan y facilitan, sin violencia. El petróleo sustituye a la sangre.

 

Ese credo no lo inventó el MVR. Se remonta hasta Salvador de la Plaza, el capitán Pimentel, los hermanos Gustavo y Eduardo Machado, y demás mentores, fundadores, y líderes del PCV. Estos son los verdaderos ancestros políticos de Chávez; no es Bolívar, ni siquiera Zamora.

 

Chavismo no es otra cosa que socialismo liso y llano. Neocomunismo. Estatismo llevado al extremo.

 

Los “40 años”: ¿qué libreto se aplicó? ¡Ese mismo de la democracia social! Pero poco a poco ... Dando cumplimiento a los postulados enunciados, los gobiernos fueron paulatinamente:

 

1) estatizando el hierro, el petróleo y el gas;

 

2) ejerciendo cada vez más control sobre la moneda, las finanzas y la economía productiva, a través de impuestos excesivos y caprichosos; de restricciones a las importaciones, controles de cambios y precios, del Banco Central, de la Reforma Agraria, de las numerosas empresas y bancos del Estado -más de 400 a fines de los ’80-, de las leyes “sociales”, de “fomento”, “planificación” y otras intervencionistas, y de las todopoderosas Superintendencias y demás agencias burocráticas;

 

3) y socializando la mayor parte de la educación,

 

4) y buena parte de la medicina.

 

Si los chavistas revisaran con atención las políticas públicas de cuando el “puntofijismo”, las reconocerían como inspiradas en un ideario muy próximo al suyo, sino el mismo. Pero son casi todos muy jóvenes los chavistas; eran niños o no habían nacido cuando la primera Presidencia de Caldera (1969-73). Y los jóvenes ya no leen; y si leen, no es la buena lectura. Note Ud. la edad promedio del Gabinete, y compare con la de los jefes opositores; lo cual es consistente con los datos de encuestas confiables sobre el chavismo, con mayor apoyo entre jóvenes (... y mujeres.)

 

¿Y los resultados? Fueron:

 

1) inflación en aumento,

 

2) y endeudamiento público también creciente, a pesar de los ...

 

3)... impuestos cada vez mayores (ni hablar de los ingresos petroleros);

 

4) desinversión privada y desempleo, en un clima hostil a la empresa particular y al mercado;

 

5) insuficiencia y deficiente calidad de los servicios estatales, tanto impropios (enseñanza, medicina, vivienda, recreación, etc.), como propios (seguridad, justicia, defensa y obras públicas);

 

6) ingresos reales decrecientes en la población, y pobreza generalizada.

 

Estos resultados generaron el descontento popular que llevó al Tte. Cnel. Chávez a la Presidencia.

 

El escenario y la platea. El “crescendo” hacia el socialismo comenzó precisamente cuando el primer Gobierno Caldera: las medidas estatistas se hicieron cada vez más controlistas y dirigistas; más duras. ¿Por qué la fatídica progresión ...? Porque en la política había un escenario y una platea:

 

* En el escenario destacaban AD y Copei, la “centroizquierda”, en los roles protagónicos;

 

* y las izquierdas netas -el PCV y su prole- se ubicaron por lo general en la platea. Aunque algunas de ellas participaron en roles secundarios, aprovechando las prebendas y privilegios del poder estatista, aunque sin dejarse ver, para evadir su responsabilidad por la autoría del libreto. Pero algo más: ante el fracaso de cada Gobierno, gritaban y pitaban a los actores y actrices: ¡Uds. lo están haciendo mal! ¡No saben gobernar bien! ¡Los que sí sabemos somos nosotros! ¡Se requieren medidas más drásticas!

Apremiados y sudorosos, los sucesivos elencos de AD y Copei se esmeraron siempre por hacerlo “mejor”, escogiendo del libreto los conceptos, medios y arbitrios cada vez más estatistas. Y cada vez las cosas se ponían peor, como no podía ser de otro modo. Y entonces, más gritos destemplados y chiflidos desde la platea.

 

En esta tragicomedia de enredos, casi todos los medios de comunicación privados -no lo quieren recordar ahora, ¿verdad?-, a través de sus periodistas, casi todos socialistas y comunistas, se hicieron eco obediente de la platea. Magnificaron sus ruidosas quejas, acerbas críticas y diatribas, parcializados diagnósticos, escandalosas denuncias, y delirantes propuestas (las cuales el chavismo pone hoy en práctica). El estruendo fue ensordecedor en 1989 y 1996, cuando respectivamente Pérez y Caldera presidieron dos tímidos y muy desorientados intentos por salir del Manual; pero la fuerza de atraccción del libreto era tal -y sigue siendo-, que los cambios fueron mínimos, y por tanto el fracaso no se hizo esperar.

 

La prédica estatista no cayó en el vacío. Después de tantos años, el libreto de la democracia social estatista es el único conocido. La mayoría lo acepta y adora como si fuese sagrado. El otro está disponible, pero sin portavoces, ya que la derecha prácticamente desapareció con Carlos Rangel en 1988. Del libre mercado pocas pistas quedaban cuando los torpes intentos de los ‘90, siendo esa la causa primera de sus fracasos: no había guión para cambios mayores. Improvisaron.

 

Y enseguida subió al escenario Chávez, con la gente de la platea. Aplican la misma doctrina democrático-social, sólo que con medios más drásticos -estilo militar-, revolucionarios: sin parar mientes en “formalismos” burgueses o detalles secundarios. La legalidad p. ej. es un mero formalismo. ¡Pero esa desvalorización está en el meollo del dogma de la democracia “formal”! Y el reparto populista de los ingresos petroleros por el Estado, ¿no es otro artículo de la misma tesis? ¿Y “la salud y educación gratis para el pueblo”? ¿De qué se queja la oposición entonces?

 

Es que para colmo la tragicomedia de enredos continúa: más de la mitad de los chavistas del ’98 ya se han bajado del escenario, retornado a la platea, y ocupado puestos de relevancia en la oposición; pero ¡siguen con el mismo libreto! ¡Y la misma vieja manía de chiflar y patalear que ¡No lo están haciendo bien! ¡No es una verdadera revolución!

 

Por cierto: todos debemos entender que esta sí es una verdadera revolución, sólo que las revoluciones no son buenas, y consisten en el salvaje desconocimiento de los principios y leyes que hacen a la civilización posible, tal como Ramírez sabía muy bien. (3)

 

La salida. ¿Qué hacer entonces? Lo primero sería cambiar la matriz de opinión estatista. Cuestionar el libreto. ¡Y de eso esta oposición es absolutamente incapaz! No acierta a dar con la salida porque comparte con el chavismo la misma filosofía política.

 

* El primer paso hacia la salida sería romper con esa filosofía y abrazar la contraria.

 

* El segundo, una campaña no electoral sino de esclarecimiento. Para decirle a la gente que hay vida después del estatismo, y que consiste en mayor bienestar para todos, no con el socialismo ni el comunismo sino mediante el sistema libremercadista, muy distinto al mercantilismo con el que se le quiere confundir. Pero la oposición actual tampoco quiere saber nada de libre empresa, al igual que el chavismo. A ella le basta con ser Gobierno -estatista-; ese es todo su objetivo y meta. Por eso repite la canción de “la democracia” ... y del estatismo ni una palabra.

 

* ¿Tercer paso? Una vez la gente entusiasmada con un cambio de sistema y no meramente de personajes, ella misma arrasaría con el neocomunismo chavista, como pasó con el comunismo en Europa del Este cuando la implosión del año 1989. Y si se hizo bien la tarea esclarecedora del segundo paso, entonces seguiría un tremendo despegue capitalista, y no un salto en el vacío como en Rusia y otras naciones ex-comunistas.

 

Como en tiempos de Ramírez, es más urgente un debate sobre sistemas de Gobierno, que sobre sistemas de votación. Porque la salida es desandar el camino estatista. Desestatizar: privatizar, desregular, y reducir el Estado, creando riqueza. Pero para eso hay que desaprender las lecciones estatistas. Y aprender las otras. Por eso lo aconsejable, por ahora, no es ir a elecciones. Es ir a lecciones.

 

Necesitamos otro Gobierno; pero como condición indispensable para ello necesitamos, antes que nada, otra oposición. Sin otra oposición no habrá otro Gobierno.

 

Notas

 

(1) Ramírez comenta y discute todo lo publicado en Europa y América sobre su tema. Los fascículos contaron con aprobación de la Iglesia católica, y el Obispo Mariano Talavera les hizo abierta y gratuita publicidad en su periódico “Crónica Eclesiástica de Venezuela.” En 1992 el libro fue reeditado completo por Monte Avila en su Colección Documentos, con Estudio y Prólogo de Germán Carrera Damas.

 

(2) En eso estamos todavía. Varios autores recientemente en EEUU y Europa lo tratan desde una perspectiva cristiana -como nuestro Ramírez en el siglo XIX-: p. ej., el inglés Stephen Perks, “The Political Economy of a Christian Society”, Kuyper Foundation, 2001, del cual se informa en http://www.kuyper.org

 

(3) Y los conservadores de su siglo; repetían que “El peor Gobierno es preferible a la mejor revolución”.
















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