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Alberto Mansueti

Lecciones para Venezuela: ¿Cuándo y cómo se dejó someter Cuba?














Alberto Mansueti





3erPolo
















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El gobierno no puede resolver el problema.
El problema es el gobierno.
Ronald Reagan

 

 

 

La oposición venezolana acepta que los propietarios de radios y televisoras no son verdaderos dueños sino concesionarios de licencias del Estado. Los patéticos propietarios también lo aceptan.

 

¿Qué argumentos válidos pueden entonces oponer a las restricciones decretadas por el Gobierno?

 

Distinto sería cuestionar de frente el sistema de licencias y permisos, y exigir la plena apertura, para multiplicarse así las estaciones, y la variedad a elección de la audiencia. Pero eso implica oponer al chavismo socialista el capitalismo, y la oposición jamás tomará esta bandera, liderada como sigue por viejos caudillos y nuevos caudillitos, todos de la misma escuela y mentalidad igualmente socialista, que detestan y/o ignoran el libre mercado.

 

Aprendamos de Cuba. Del anticastrismo. Que siempre le ha evitado al socialismo un desafío ideológico a fondo, proponiendo a la gente el capitalismo para salir de la miseria. ¡No, eso no! ¡Nunca! Prefiere luchar por las libertades “democráticas”, es decir, políticas, y por “los derechos humanos”, concebidos también en sentido político, o sea, estrecho. Pues con esta estrategia autoderrotante, Castro sigue en el poder desde hace más de 4 décadas. En ambos casos -Cuba y Venezuela-, la oposición confía en otros factores, y no convoca a un cambio de sistema. ¿Qué pasa? ¿A los políticos les interesan solamente SUS libertades -políticas-, y no el sistema económico imperante, y si permite o impide el bienestar de la gente de a pie?

 

La historia es vieja. A comienzos de siglo -como en toda Latinoamérica-, el liberalismo económico tuvo defensores en Cuba. Tomás Estrada Palma, el primer Presidente, alternó sus dos períodos con sendas ocupaciones estadounidenses. Pero hubo dos partidos, el Moderado y el Democrático, y al menos los empresarios -casi todos en el primero- se identificaban con el sistema de libre empresa y con los liberales. En las décadas siguientes, ya en tiempos de Gerardo Machado y Ramón Grau San Martín, la escena se fue haciendo cada vez menos variada y más uniforme en ideas políticas: puro “progreso social” (en la acepción de las izquierdas) y “todos contra el capitalismo”. Esto incluyó a partidos más o menos democráticos -Auténtico, Ortodoxo, etc.-, y también a ciertos famosos dictadores, como Batista en los ‘50, apoyado casi hasta el final por los comunistas.

 

Factores externos. Es a prueba de evidencia la confianza que la oposición venezolana mantiene en ciertos factores de los que espera salir de Chávez, en lugar de confrontar ideas. El primero es “la comunidad internacional”. Pero si la presión exterior fuese eficaz, Castro habría sido desalojado del poder hace años, cuando se suponía que en plena Guerra Fría era inadmisible para EEUU tal amenaza. P. ej. cuando el embargo azucarero, decretado en 1960 por Einsenhower, y la expulsión de la OEA, concretada en 1962 por la Conferencia de Punta del Este (Uruguay), ya bajo la administración Kennedy. Y no pasó nada.

 

Embargo e interdicciones contradicen de modo flagrante al libre comercio, que EEUU dice representar, lo cual debilita su posición. Además son medidas muy inefectivas -por los constantes desacatamientos y violaciones-, y sólo sirven a Castro como uno de sus múltiples pretextos para atornillarse en el poder. Cada tanto se tensan las cuerdas: Enmienda Torricelli (1992) y Ley Helms-Burton (1996). Pese a ello, ¡no pasa nada!

 

Aunque cada vez que se le ofrece liberar comercio a cambio de pago en efectivo, Castro se niega, y se evidencia la realidad: una economía pobre no produce divisas. Si mañana se levantasen las restricciones, Cuba no podría importar ni un dólar más. No obstante, el anticastrismo jamás ha aprovechado esta circunstancia para promover una discusión ideológica a fondo sobre sistemas, socialismo vs. capitalismo. Y no se diga que a Castro lo salvó la URSS. Porque no hay URSS desde 1991; y antes de esa fecha, sus relaciones con Cuba no siempre fueron idílicas. (1)

 

“Nueva administración” y otros cambios. Con cada elección presidencial en EEUU, renace la esperanza de un cambio ... pero la realidad es que con cada Gobierno estadounidense -demócrata o republicano-, lo que aumentan son las restricciones al ingreso de los cubanos, sobre todo desde 1995. Y lo mismo pasa con cambios políticos en el Congreso de ese país. Y ni hablar de la OEA, mucho menos la ONU.

 

El “recurso estratégico”. Nuestra oposición cree que Venezuela es irreemplazable como suministrador petrolero. Pero si es verdad, tendremos a Chávez por muy pero muy largo tiempo ...

 

... y si no es verdad, eso tampoco garantiza un futuro sin Chávez. En 1960, EEUU y Cuba eran respectivamente primer importador y primer exportador mundiales de azúcar de caña. La dependencia era grande y mutua. No obstante, después de la ruptura, EEUU aumentó su producción doméstica, y buscó y encontró otros proveedores: Dominicana, México, otros países centroamericanos y caribeños, Brasil, Filipinas, etc. Y Castro buscó y encontró otros mercados: países socialistas y europeos, árabes, Japón y otros asiáticos, etc. En EEUU nunca faltó azúcar, ni a Fidel tampoco le faltaron compradores para todas las toneladas que Cuba pudiera producir (o comprar) cada año. El comercio exterior es como el amor falso: nadie es insustituible.

 

Violencia. Si la fuerza fuese herramienta efectiva, Castro habría sido expulsado cuando la invasión armada en Bahía de Cochinos, con apoyo de EEUU. Eso fue en Abril de 1961, después del fracaso de cientos de atentados terroristas contra edificios públicos, rutas y puentes, instalaciones eléctricas, industriales, militares, etc., e incluso guerrillas anticastristas. Posteriormente tampoco faltaron atentados y agresiones en el resto de los ’60 y en los ’70, incluyendo intentos contra la persona de Castro. Desde los ’90 hay constantes atentados contra instalaciones turísticas para extranjeros. Pero tal parece que la violencia no cumple su principal objetivo declarado, y sí ofrece a Fidel otro pretexto para reforzarse en la silla.

 

Fracasos económicos y miseria. Ingenua hasta el candor, la oposición venezolana confía en una hipotética reacción popular contra Chávez, por los resultados de la economía. Igualito que los anticastristas. Pero de ser realista el supuesto, Fidel no debería estar en el poder. En 1970 p. ej., tras una década de Gobierno, el rotundo fracaso de la “zafra de los 10 millones” (de toneladas) se combinó con el colapso de la planificación industrial (heredada del Che), y el hambre fue atroz. Los fracasos y la miseria se repitieron muchas veces, especialmente desde mediados de los ’80, cuando los auxilios soviéticos mermaron. El ajuste del ’87 fue de espanto: despidos masivos, alzas en los servicios, racionamientos. Y el año ‘93 fue horroroso, cuando Castro tuvo que comprar azúcar en Thailandia para cumplir su contrato chino, y la desnutrición causó una “misteriosa” epidemia que dejó a sus víctimas ciegas y sin coordinación muscular. Pero Castro siguió ahí, reelecto puntualmente cada 5 años, y cada vez con más amigos en Europa, en la ONU y en el mundo.

 

Luchas internas en el Gobierno. Confiar en una “implosión” del régimen cada vez que se sacude con una pelea intestina, es otra ingenuidad en la cual el antichavismo se parece al anticastrismo. Porque enfrentamientos, luchas y constantes purgas, parecen fortalecer en lugar de debilitar a los regímenes totalitarios. Desde antiguo, Castro no deja adversario vivo, o libre, o sano. Conflicto interno no le falta; y allí está. De ser cierto el supuesto, Castro hubiese caído p. ej. en 1968, cuando la feroz pugna con la “microfracción” -prosoviética, por cierto-, dirigida por Aníbal Escalante. O en alguna de las tantas y reiteradas ocasiones posteriores en que mandó ejecutar o encarcelar a prestigiosos enemigos de sus propias filas. P. ej. en 1989, cuando el Gral. Arnaldo Ochoa y otros oficiales fueron fusilados, en medio de amplia información mundial e intensos rumores sobre profundas fisuras en las Fuerzas Armadas. Y eso, por cierto, apenas 3 meses de una visita-intimación del Premier Mikhail Gorbachov, en procura de un “ablandamiento”.

 

Libertad por pedacitos. Desde finales de los ’60 -pronto pasadas las ilusiones con “la revolución”-, los gremialistas cubanos piden libertades sindicales, y se quejan a la OIT. Los artistas y pensadores piden libertades creativas, y se quejan al Pen Club y a otras sociedades literarias, y a la prensa internacional. Pero juzgando por lo reiterado de los pedimentos, no han tenido éxito. ¿Por qué? Porque así como los jefes políticos piden libertades sólo democráticas, estos otros reclaman sólo sus pedacitos; nada más. Y en política, el puro yoísmo no rinde.

 

La exigencia de libertad de cultos es sintomática, y más antigua. En 1961, el Arzobispo católico Boza Masvidal protestó contra los avances del comunismo cuando ya era muy tarde. Fue expulsado junto con otros 135 sacerdotes, y desde entonces las relaciones con la Iglesia Católica han sido siempre tensas y llenas de altibajos, incluyendo la visita del Papa en 1998 (cuando se autorizó por primera vez a celebrar la Navidad!) E igual con las demás iglesias cristianas, judaísmo, etc. Pero las reclamaciones de la Iglesia católica son siempre muy reducidas: análogamente a los políticos, los eclesiásticos limitan sus demandas a la específica libertad de cultos, como si fuese posible vivir una vida plenamente cristiana en medio de la miseria y la opresión. (2)

 

Y últimamente, los afectados ya ni piden libertades específicas, sino sólo “no discriminación”. O sea: ¡ser admitidos en el sistema, mas nunca cambiar el sistema!

 

Mostrar las heridas en lugar de debatir las ideas. Otra estrategia favorita del anticastrismo ha sido siempre la de exhibir con toda crudeza ante la opinión mundial las cicatrices y señales físicas y psíquicas de torturas, cárceles, vejaciones y crímenes, y el dolor de sus víctimas. Todos los grupos de derechos humanos han apelado a los sentimientos y al sentimentalismo hasta el cansancio y la saturación. Pero, ¿qué ganaron?

 

Intenso adoctrinamiento gubernamental. A todo esto, dos de los principales instrumentos socialistas de adoctrinamiento y control en Cuba, las campañas de “alfabetización” y los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) datan de 1961. Desde entonces a la fecha se ha producido invariablemente una notable asimetría entre el Gobierno y sus contrarios, observable también en Venezuela.

 

Desde el Gobierno, el socialismo dedica buena parte de sus recursos y esfuerzos a inculcar la doctrina, por los más variados canales e instrumentos: la mencionada alfabetización, deportes, ejercicio de la práctica médica y bellas artes, educación en todos sus niveles y modalidades, y medios de comunicación de toda clase. Sin olvidar la acción espontánea de sindicatos, iglesias, centros vecinales, ecológicos, feministas y otros que no son formalmente del Gobierno, pero tocan la misma música. Todos predican puntos y aspectos del socialismo: sus principios, modalidades, bondades y ventajas, sobre todo comparando con “el capitalismo”, presentado siempre en una versión burdamente distorsionada y deformada hasta el ridículo, que ahora llaman “neoliberalismo”.

 

Así el adoctrinamiento se impone por doquier. Los axiomas socialistas -y sus premisas y conclusiones-, son mansamente aceptados por todos, sin discusión, incluso inadvertidamente por quienes no simpatizan con el Gran Jefe. Y su efecto masivo es tal, que la propia familia se transforma en agente de adoctrinamiento, sea de padres a hijos, o al revés. (3)

 

Y el anticastrismo castrado, ideológicamente. Hay muchos grupos anticastristas fuera y dentro de Cuba. Pero absolutamente ninguno, comenzando por el mayor y más tradicional, la Fundación Nacional Cubano-Americana (con sede en Florida), hasta la miríada de grupos más recientes, se ha identificado con una propuesta decididamente capitalista. El ejemplo más palpable es Radio Martí, que transmite desde EEUU para la isla: en casi 20 años de programación que lleva desde 1985, lo único que hace es denunciar una gran cantidad de fallos, abusos, crímenes, injusticias, ridiculeces y tropelías; pero jamás se dedicó a explicar que es en realidad el capitalismo y cómo funciona este sistema. (4) ¿Será que son sólo “anticastristas”, y no anticomunistas o antisocialistas?

 

Y a propósito de Martí. El prócer José Martí fue siempre un socialista convencido. Y muy vehemente en sus diatribas contra EEUU. Aunque en Nueva York residió desde 1879, la mayor parte de su vida adulta, porque allí gozaba de plenas libertades para su actividad política; lo cual muestra esos ambigüos sentimientos de amor-odio de los latinoamericanos por el país del Norte. Castro adultera el concepto de capitalismo, pero no la imagen de Martí, de la cual es propietario, y que es públicamente venerada. Cosas que pasan siempre que Dios es desplazado, y en su lugar se veneran imágenes de hombres, como acostumbran todos los partidos políticos. (5)

 

¿Qué pasa cuando Ud. le concede la razón a su adversario en el punto principal? Pasa que Ud. perdió, sin duda y sin remedio. Si Ud. admitió que el capitalismo es malo, es “egoísta”, y moralmente descalificable o cuestionable. Y si Ud. reconoció que el socialismo “es bueno en teoría”, o al menos lo son sus “intenciones”. Y si Ud. dijo que “no niega la necesidad de justicia social” y que es cuestión de dosis y medida. Bueno, Ud. puso la cabeza para que se la corten.

 

Porque Ud. admitió y reconoció -por ignorancia, desinterés, despreocupación o pereza-, que el socialismo es o puede ser superior al capitalismo para satisfacer las humanas necesidades.

 

¿Qué pasa entonces con la libertad de expresión, la democracia y los derechos humanos? Pasa que no puede Ud. defender eficazmente legalidad y justicia, libertades, elecciones libres y escrupulosas, ni derechos humanos, nada de eso. ¿Por qué? Porque para millones de fanáticos, frente a “la comida, salud y educación del pueblo”, no valen como argumentos: son detalles sin importancia, temas adjetivos, secundarios, “lujos burgueses”, como acostumbran a repetir los socialistas. (6)

 

Disidencia, oposición “moderada” y de la otra. Algunos grupos anticastristas se autodenominan “moderados” y negocian con el Gobierno ciertos puntos específicos, como p. ej. viajes y giros postales; y casi todos se dejan llamar “disidentes” en lugar de opositores, con lo cual esperan hacerse perdonar. Pero reclaman sólo libertades políticas. Y algunas han conseguido: p. ej., hay candidatos “independientes” para ciertos cargos, desde 1991. (7) Pero el bienestar no llega. Y los extranjeros -incluyendo cubanos repatriados del exilio-, gozan ya en Cuba de muchos derechos económicos desde 1995, no así los demás cubanos en su patria, y por eso su pauperismo. Ningún anticastrista habla del tema, porque a todos les parece que la democracia es plenamente compatible con la pobreza, incluso extrema, y con la dependencia del Estado.

 

Sin embargo, las libertades económicas son inseparables de las políticas. Las libertades de trabajo, comercio, inversión, contratación y asociación con fines económicos, obtener ganancias y disponerlas, son necesarias e indispensables para superar la pobreza y elevar el nivel de vida material de la gente. Su desconocimiento por las leyes y autoridades es una opresión política tan intolerable como la carencia de democracia; y son inconciliables con altos impuestos, regulaciones excesivas, e intromisión estatal en los negocios particulares.

 

Aprendamos de México. En Julio del 2000, Vicente Fox, del Partido Acción Nacional, fue elegido Presidente, rompiendo así 71 años de hegemonía del PRI. ¿Cómo lo logró? Defendió -contra el PRI y las izquierdas-, los principios de la libre empresa y libre mercado, el camino al bienestar. ¡Y ganó las elecciones! Pero, ¿cómo le fue de Presidente? Muy mal, porque no permaneció fiel a sus postulados; y por eso fracasó. Dos lecciones para los venezolanos.

 

Notas

 

(1) Castro vaciló un tiempo antes de decretar oficialmente el socialismo y declararse marxista-leninista -Mayo y Diciembre de 1961-, no tanto por eventual hostilidad de la población a esas ideas, sino porque estaba fresco el recuerdo del apoyo comunista a la anterior dictadura batistiana. En 1962, cuando la crisis de los cohetes, Fidel rompió con Kruschev por su “manifiesta debilidad” ante Kennedy. Y siguió coqueteando con China y Yugoslavia, entonces ambas opuestas a la URSS; y mantuvo su firme apoyo a las guerrillas latinoamericanas, contra los soviéticos y su política de coexistencia pacífica con EEUU. Recién en 1972 Cuba ingresó al mercado común soviético CAME. Y desde entonces, cada vez que necesitó en extremo ayuda militar, pero sobre todo económica, volvió sus ojos a Moscú. Pero desde 1985 Gorbachov redujo considerablemente el apoyo soviético, ante la resistencia de Castro a las reformas tipo “perestroika”. En 1989 y 1990 hubo apremios del Kremlin para cobrar la deuda pendiente; y Castro aprovechó la oportunidad para otras de sus tantas purgas de elementos prosoviéticos -en su Gobierno, partido, policía y Ejército-, reemplazados por elementos más jóvenes y por tanto más fieles e incondicionales.

 

(2) Y con frecuencia la libertad de cultos parece que se demanda sólo para los católicos.

 

(3) En la familia se pone de manifiesto cómo el adoctrinamiento y el control van siempre de la mano, aunque el primero por delante, y el segundo le sigue.

 

(4) Oportunidades no faltan. Ese mismo año 1985 para no ir más lejos, Castro declaró “infausta y nefasta” la fecha del 12 de Octubre, aniversario de Colón y su descubrimiento. Y enseguida reunió su famosa Conferencia contra la Deuda Externa de América Latina. Radio Martí dejó pasar sendas oportunidades para discutir ampliamente y a fondo sobre esos temas; p. ej. sobre las relaciones entre civilización y capitalismo; y sobre el carácter estatal y origen estatista de la deuda externa, y el apoyo financiero del FMI (y del Banco Mundial) a gobiernos estatistas, y por tanto despilfarradores y corruptos.

 

(5) De hecho, Martí no era el único antinorteamericano en sus días: más o menos velados sentimientos contrarios a EEUU eran y aún son muy populares entre los cubanos, incluso en el exilio floridano. Y en la Cuba del siglo XIX, cierta opinión veía en la prolongada dependencia de España un “antídoto” necesario contra una temida dominación estadounidense. Por supuesto, estos temas no se discuten en Radio Martí ni en la prensa del exilio; y así Castro sigue ganando puntos.

 

(6) P. ej. los socialistas ahora opositores en Venezuela, repitieron esas mismas consignas toda la vida, y ahora se rasgan las vestiduras ante Chávez. ¿Se escandalizan ahora, cuando sus ex alumnos ponen en práctica eso mismo que ellos ayer enseñaron? El chavismo es resultado natural de muchísimas generaciones de egresados universitarios y educadores “formados” en lecturas marxistas obligatorias, de Louis Alhousser y Etienne Balibar, Nikitin en materia de Economía, Nikos Poulantzas y Martha Harnecker en Sociología, y en Filosofía, Afanasiev, y el Diccionario de Rosenthal y Iudin. Otro resultado natural de esa misma indigestión mental es la casi total incapacidad para pensar con claridad e inteligencia, al parecer irreversible, que aqueja a mucha clase media profesional, aún sin ser chavista.

 

(7) Es la política de “concesiones democráticas” del IV Congreso del PCC.
















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