Make your own free website on Tripod.com








Alberto Mansueti

Raíces cristianas del liberalismo... Capitalismo católico, liberal y escolástico














Alberto Mansueti





3erPolo
















albertomansueti3pl.jpg

 

 

 

[Los jesuítas] “favorecieron el espíritu de empresa, la libertad de especular y la expansión del comercio, considerando sus beneficios sociales. No es difícil concluir que aquella religión que favoreció el espíritu del capitalismo fue la de los jesuítas y no la de los calvinistas.

 

H. M. Robertson: Aspects of the Rise of Economic Individualism: a Criticism of Max Weber and His School, Clifton, A. M. Kelly, 1973, p. 164. El libro se consigue en http://www.questia.com

 

Por empezar, ¿qué es liberalismo económico y capitalismo? Son sinónimos, ya que el liberalismo comprende un lado económico y otro político. Resumidamente, liberalismo económico es el pleno e irrestricto reconocimiento como derechos humanos de las libertades económicas para:

-- trabajar, negociar y comerciar, ahorrar e invertir,

-- crear riqueza formalizando contratos -laborales, alquileres, empréstitos, etc.-, y mediante sociedades con fines económicos,

-- producir ganancias, conservarlas y disponerlas.

 

Hablamos de “derechos humanos” bien entendidos: no hay tal derecho a ser mantenido o semimantenido por el Gobierno con comida, medicinas, vivienda, enseñanza, etc.

 

Se alega que el liberalismo económico es impracticable porque hay demasiada pobreza y miseria. Desde luego las hay; pero producto de las restricciones oficiales y sus negativas consecuencias en el orden económico, es decir, del estatismo reinante, que bastaría con remover para crear riqueza en abundancia. Y en muy corto plazo:

 

-- Contra lo que afirman los neoliberales, no habría que esperar mucho por los buenos resultados, si las reformas liberales son genuinas, dada la enorme cantidad de relaciones económicas productivas que se anudarían en el acto, tan pronto desapareciesen restricciones hoy tan incapacitantes como regulaciones e impuestos excesivos. En tal caso, y de ser la riqueza creada aún insuficiente, los Gobiernos podrían suplementar la caridad privada, pero distribuyendo bonos canjeables para utilizarse en las empresas (privadas) médicas, educativas y previsionales.

 

-- Y si no son auténticas las reformas liberales, los buenos resultados no se verían, ni a corto plazo ni a largo, como ocurrió en Europa del Este y América Latina durante los ’90.

 

Al liberalismo económico, sus enemigos acérrimos le llaman desde antiguo “capitalismo”, y ahora “neoliberalismo”. También le nombran “economía de mercado” sus amigos ignorantes, quienes le hacen al menos tanto daño como sus enemigos. Veamos:

 

- Capitalismo le llamaron los marxistas, tanto socialdemócratas como comunistas.

 

- “Neoliberalismo” llaman ahora los neocomunistas a las experiencias de los ’90, que por su naturaleza fueron neoestatistas -la continuación del estatismo por otros medios- y cuyos resultados debemos admitir fueron funestos, aunque no por las razones que los comunistas alegan.

 

- “Economía de mercado” es expresión redundante: siendo mercado la oferta y demanda de un bien o servicio, toda economía es de mercado. Distinta cosa es que los mercados sean libres, o limitados por acciones de los Gobiernos (o de los gremios con su protección.) Siendo libres, la economía es libre o de mercado libre; caso contrario, es intervenida o de mercado constreñido. Pero no hay tal cosa como “economía de mercado”. Y menos ese concepto ridículo, más absurdo, “economía no de mercado”.

 

Liberalismo político NO es democracia. Es Gobierno limitado, complemento indispensable y sostén de las libertades económicas. O la otra cara del liberalismo económico:

 

-- Gobierno limitado en fines, funciones, competencias y recursos, tamaño y personal; mas no en fuerza represiva, a fin de hacer justicia. En síntesis: lo que sus enemigos llamaron “Estado gendarme”, por oposición al Estado industrial, comerciante, maestro, artista, médico, deportista y hermanita de la beneficiencia.

 

-- Democracia, como sabemos, es “gobierno del pueblo”. Cuando el pueblo, o sus representantes, desconocen límites al Gobierno, violentan así los sagrados derechos de las personas, y la democracia se convierte en irreconciliable enemiga de toda libertad, económica o política.

 

Origen cristiano del liberalismo. En la colectivista Antigüedad pagana, el hombre era una propiedad del Estado -aunque fuese un Estado democrático-, y la mujer del hombre. La libertad personal, que implica límites marcados al Estado, fue cristiana novedad -parte del “Evangelio”, buena nueva-, basada en el concepto del ser humano. El hombre como persona individual, invitada por Dios a disfrutar de una relación familiar con Él mediante Jesucristo, poseedor de un alma espiritual, y llamado a gloriosa resurrección en el día postrero. E igual la mujer, por supuesto. (1)

 

Este origen cristiano se ve muy claro en los derechos de resistencia a la opresión y rebelión, uno de los pilares del liberalismo. Son derechos oponibles a toda tiranía o autoridad injusta, imperial, real, democrática o la que sea. ¿Cuál es su fundamento o justificación? Rastreando sus raíces históricas, llegamos hasta los escritos de los primeros pensadores cristianos, especialmente de los siglos II y III. Debieron afrontar acusaciones, vejámenes y persecuciones de los tiránicos emperadores romanos, así como del populacho. Se les requerían exigencias incompatibles con su fe -rendir culto a los dioses estatales y al Emperador-, incluso para trabajar, celebrar contratos y hacer trámites, enseñar, obtener puestos públicos, pertenecer a gremios profesionales, votar, viajar o residir.

 

Por supuesto, los cristianos basaron en la Biblia un concepto de Gobierno limitado muy estrictamente a la administración de justicia. El ateniense Cuadrato es el primero de ellos, quien expuso la doctrina cristiana en una Epístola al Emperador Adriano. Destaca asimismo Arístides, otro griego, filósofo, autor de una apelación similar. Le siguen Justino mártir, y su discípulo Taciano. Melitón, Obispo de Sardis, escribió al Emperador Antonino.

 

El mismo concepto puede extraerse de las obras de San Agustín, Obispo de Hipona en el siglo V. (2) Y asimismo San Alberto el Grande de Colonia y su ilustre discípulo Santo Tomás de Aquino, en el XIII. Según ellos, la resistencia a la opresión puede tomar diversas formas, proporcionadas al grado o medida de la tiranía. Implica derecho de rebelión, en grado extremo y última instancia, pero siempre verificando ciertas condiciones, entre otras: agotamiento de los medios persuasivos y pacíficos, y considerable probabilidad de éxito, de modo que no se siga un mal mayor.

 

¿Y el libre mercado? El capitalismo o liberalismo económico se origina en la Escolástica hispana, llamada también escolástica tardía o posmedieval, escuela de pensamiento que se desarrolló en España e Hispanoamérica colonial, en los siglos XVI y XVII. Defendió los derechos de artesanos, mercaderes, tratantes de cambios y préstamos, y demás gentes comunes y de trabajo, contra las pretensiones de Emperadores, reyes, y cualesquiera otras autoridades -ministros, alcaldes, jueces injustos-, y contra los gremios. Sus autores, católicos, y sacerdotes en su mayoría, pertenecieron a diferentes órdenes religiosas.

 

Enseñaron y escribieron principalmente en la Universidad de Salamanca, pero también en la Complutense (Alcalá de Henares), Coimbra (Portugal), e incluso la Sorbona (Paris). Fueron autores conocidos en las universidades del Nuevo Mundo, y tuvieron su peso en la génesis intelectual de la Independencia hispanoamericana.

 

En teología y filosofía, algunos fueron agustinianos, otros tomistas, otros escotistas -seguidores respectivos de San Agustín, Santo Tomás y Duns Escoto-, otros con su propio sistema -el jesuíta Francisco Suárez-, y otros eclécticos. Pero todos en un marco signado por el realismo objetivo, que es la concepción metafísica afirmativa de una realidad exterior y anterior a la conciencia, que responde a un orden natural, cognoscible, comprensible y razonable -aunque no sin dificultad-, y al cual podemos ajustar nuestra conducta con provecho. En consecuencia, en economía y derecho políticos, eran lo que hoy llamamos liberales. (3)

 

¿Moralistas? A veces, sí, escribían como teólogos moralistas, p. ej. en relación al interés de los préstamos, pero no para condenarlo entre personas dedicadas al comercio o actividad económica. Entre otros el agustino Felipe de la Cruz, en su “Tratado único de interés, y sobre si se puede llevar dinero por prestallo”, editado en Madrid por Fco. Martínez en 1637.

 

Hablamos de los fundadores de la ciencia económica. Porque otras veces, escribían con un propósito especulativo científico, como p. ej. tratando sobre el origen monetario de la inflación, a partir de la experiencia de la carestía originada en la abundancia de oro y plata procedentes de América. Y en otras ocasiones escribían con la muy práctica intención de instruir a los negociantes en consejos y avisos útiles para desempeñarse con éxito. El también agustino Luis Saravia de la Calle p. ej. escribió una “Muy provechosa Instrucción de Mercaderes”, editada en 1544 en Medina del Campo, al parecer muy aplicada posteriormente.

 

En lo que puede ser una Memoria hispano-católica del liberalismo económico, destacan el dominico Francisco de Vitoria (1495-60), inspirador del resto. Le sigue su coetáneo y compañero de orden, Domingo de Soto, autor de “De Justitia et Jure”, que conoció al menos 27 ediciones. Y el también dominico Martín de Azpilcueta (1493-1586), llamado Dr. Navarro por su origen, autor de un popularísimo “Manual de Confesores y Penitentes”, tratando tópicos como propiedad privada, monopolios, impuestos y préstamo a interés, a saber materias del sacramento de la Confesión. Dominicos de la generación siguiente escribieron tratados sobre contratos, préstamos, moneda y banca, e industria y comercio en general: Domingo Báñez, Tomás de Mercado, Francisco García y Pedro de Ledesma.

 

Hubo también franciscanos: Juan de Medina, Luis de Alcalá, y Henrique de Villalobos (ss. XVI y XVII), quienes escribieron sobre economía, pese a que la pobreza se asocia legendariamente a su orden. Y no lo hicieron para condenar la riqueza en sí misma, sino el apego a ella sin medida, y para inquirir sobre sus causas y orígenes. Hubo también escritores agustinos: el Obispo Miguel Salón, Pedro de Aragón, Cristóbal de Villalón, y los ya nombrados Luis Saravia de la Calle y Felipe de la Cruz.

 

La Compañía de Jesús. Pero los Jesuitas fueron los más numerosos, a partir de la fundación de la Compañía en 1540. Y llegaron a ser los más conocidos, especialmente Luis de Molina, Juan de Mariana, y el mencionado Francisco Suárez. A estos siguieron algunos en América: Juan de Matienzo, Pedro de Oñate y Antonio de Escobar y Mendoza.

 

Los jesuitas fueron asociados a la justificación teológica del regicidio, y por eso se hicieron antipáticos a las Cortes europeas, lo que cuenta entre las causas de las medidas de expulsión dictadas contra la Compañía por muchos monarcas, hasta llegar a las presiones por su supresión, la que decretó finalmente en 1773 el Papa Clemente XIV. Pero otra causa fue la codicia por la riqueza de las posesiones que administraban en América. (4)

 

Enseñanzas de la Escolástica hispana. Pueden resumirse así:

 

-- Según la visión bíblica y cristiana del mundo, como creación divina, y gobernada por leyes impuestas y queridas por Dios, los escolásticos hispanos defendieron un orden natural en la economía, entre otras verdades objetivas. Está presente la idea de que la riqueza se crea -y se distribuye también-, según este orden natural, que se expresa en los mercados. Este optimismo metafísico de los escolásticos influyó en los fisiócratas y otros economistas franceses como J.-B. Say y Bastiat, de los cuales procede la escuela austriana de Economía.

 

-- Por supuesto que el pecado irrumpe en el mundo creado, lo desvirtúa y degenera; pero a los hispanos, ese hecho evidente, en lugar de hacerles pedir intervención gubernamental como remedio -al modo de los economistas clásicos ingleses, de filiación protestante-, les llevó a la más lógica conclusión opuesta: les hizo desconfiar de las autoridades, ministros y demás personeros del poder, obviamente no excentos de la mancha del pecado.

 

-- Trataron un concepto que puede llamarse hispánico de Derecho Natural, excento de la connotación igualitarista propia de la Revolución Francesa.

 

-- A diferencia de los economistas de la llamada Escuela Clásica inglesa, avanzan los escolásticos un concepto de precio de mercado como precio natural, que prefigura la noción del valor de las cosas dependiente no de cualidades intrínsecas a ellas mismas -p. ej. el trabajo incorporado u otra cualquiera-, sino de su escasez relativa, y de las incontables apreciaciones subjetivas de los eventuales clientes sobre tales cualidades y su utilidad. Esta concepción respeta la libertad de las personas, frente a las intromisiones gubernamentales, empeñadas en imponer a las cosas un precio oficial que refleje el supuesto valor intrínseco.

 

-- No condenaron los escolásticos la propiedad privada -todo lo contrario-; ni las ganancias o las riquezas en sí mismas, sino el apego o amor desmedido y desordenado a las posesiones materiales, como la riqueza, pero también el poder. Tampoco santificaban la pobreza en sí misma, sino voluntariamente aceptada, caso de los votos religiosos, que no dispensaban de trabajar.

 

-- Condenaron moralmente sí, y sin sutilezas: los impuestos elevados; los controles oficiales de precios; el gasto estatal inútil y dispendioso; el excesivo endeudamiento fiscal; y la degradación monetaria. Y condenaron los monopolios -tanto en los peticionantes como en los concedentes-, lo cual equivale a sostener y defender el irrestricto derecho a la libre concurrencia.

 

-- ¿Por qué estas condenas? Porque estas prácticas gubernamentales abusivas empobrecen al pueblo, lo hacen miserable. Y esta pobreza o miseria impuesta no es buena ni deseable -mucho menos querida por Dios-, todo lo contrario, es una carga y agobio de tal peso o gravedad que impide el vivir una vida plenamente cristiana.

 

¿Y Max Weber? Según la leyenda popular, escribió que el origen del capitalismo se halla en la ética protestante; y en especial del calvinismo, por la doctrina de la predestinación. Se supone que el éxito material en esta vida sería señal de predestinación o llamado divino para la otra vida, eterna. Sin embargo, la obra de Max Weber es más compleja; y por supuesto la de Calvino. De todos modos la tesis popular ha sido superada por mucha investigación concienzuda. La creencia en la predestinación -que se basa en las Cartas de San Pablo, y su exposición remonta a Agustín de Hipona, autor “compartido” por todo el mundo cristiano-, no tiene nada que ver con el capitalismo, y poco que ver con el protestantismo (5):

 

-- En la obra escrita más importante de Calvino -las “Instituciones de la religión cristiana”-, la predestinación no es asunto principal, y no de la parte dedicada a la ética.

-- Y aunque pudo ser tema de predicación de pastores calvinistas -o luteranos o anglicanos-, contó muchos adeptos católicos, p. ej. los “jansenistas”, seguidores Jansenio y Blas Pascal, s. XVII ...

-- ... y decididos adversarios protestantes, p. ej. “felipistas” (seguidores de Felipe Melanchton); luteranos amplios o “concordantes” (por la Fórmula de la Concordia de 1577 con el felipismo), y otras vertientes surgidas de la Reforma, como los bautistas, tanto europeos como norteamericanos.

-- Buena parte de los actuales evangélicos creen en la predestinación y no se inclinan por el capitalismo; algo similar pasa con los cristianos ortodoxos orientales.

-- Siempre hubo destacados protestantes y no católicos socialistas, a partir del anabaptista alemán Thomas Münzer en el siglo XVI, y el Gobernador William Bradford, de la colonia inglesa de Plymouth en Norteamérica, hacia 1620. La mayor parte de las Iglesias protestantes son hoy en día declarada y firmemente socialistas; y eso desde el siglo XIX, cuando el pastor anglicano Charles Kingsley inventó el “socialismo cristiano”.

-- No hay evidencias que asocien al predestinacionismo con determinada ética personal o sistema político alguno. Aunque la teología (marxista) “de la Liberación” es de raigambre católica, destacados autores católicos de hoy -Michael Novak, Robert Sirico, Richard John Neuhaus, Rocco Buttiglione- han recuperado su fe en el capitalismo. (6)

 

O sea: que ni los países llamados católicos están “predestinados” al socialismo o al estatismo por causa de la religión, ni los “protestantes” al capitalismo.

 

Ética cristiana del trabajo. Lo que sí tiene que ver con el capitalismo, y mucho, es la ética cristiana del trabajo a conciencia, esmerado y leal. Pero no es exclusiva ni distintivamente calvinista o protestante. Es lección moral que deriva de la doctrina juedeocristiana de la vocación temporal al oficio propio, como llamado de Dios al hombre para dar fruto, y buen fruto.

 

El trabajo, incluso manual o artesanal -no muy bien visto por la pagana Antigüedad, a diferencia de los judíos-, es considerado por los cristianos a la luz de la Biblia. El trabajo abre paso a la creación del hombre, a imagen y semejanza de la de Dios, salvas las distancias. Como actividad humana el trabajo no demerita ni carece de dignidad -todo lo contrario-, e incluye desde luego la actividad comercial, industrial, y económica en general. Es una de tantas viejas doctrinas compartidas por todas las ramas del cristianismo, católicas y no católicas de toda época y escuela. (Hoy en día destaca en el Opus Dei: el trabajo como llamado especial de Dios a la “santificación por el trabajo ordinario”.) Por supuesto fue tesis de la Escolástica medieval y post-medieval, y sus ramificaciones americanas, enseñadas a muchos independentistas hispanoamericanos. (7)

 

En la Escolástica hispánica, la ética cristiana del trabajo se ubica en un contexto de fuerte condena moral de toda forma de opresión económica gubernamental que disminuyen la eficacia del trabajo humano y su dignidad. El trabajo y su rendimiento pueden ser injustamente limitados por monopolios o caprichosas regulaciones oficiales, y su fruto puede ser confiscado por impuestos injustos o excesivos, cualquiera sea la forma que adopten, incluyendo la inflación monetaria. Es inmoral y degradante una condición que obliga al trabajador a jornadas extenuantes para sólo subsistir, y en condiciones afrentosas a su humana dignidad, pero se origina no en los patronos -si los hay, caso de labor bajo contrato-, sino en los Gobiernos.

 

Influencias posteriores de la Escolástica hispana. Entre las más notables:

 

- La experiencia del Gobierno de Carlos III (1759-88), y los frustrados intentos liberales de sus ministros “ilustrados” -Esquilache, Aranda, Grimaldi y Floridablanca-, incluyendo el libre comercio con América. Inspiradas en parte por la Ilustración ultra-racionalista y antireligiosa, la influencia de los escolásticos hispanos no está ausente. Las lecciones de esta experiencia, son asombrosamente las mismas de las reformas latinoamericanas de los pasados años ’90. Primera lección: fracasan las reformas liberales a medias. Segunda: causa del fracaso es la indefinición o ambigüedad ideológica.

 

- Independencia de Venezuela y América. La Universidad de Caracas p. ej. se fundó en 1721, pero sobre la base del Colegio Seminario Santa Rosa, que tenía unos 50 años funcionando. Y antes y después, de Venezuela colonial siempre hubo estudiantes en las Universidades de España, y de México, Lima, Santo Domingo y Bogotá, por mencionar sólo las regiones de habla española. Sin duda a través de ellas se dejó sentir la influencia de la Escolástica hispana en la génesis intelectual del proceso político de la independencia, más allá de los avatares de su gesta militar.

 

- Los fisiócratas y Adam Smith. “La riqueza de las naciones” apareció en 1776, año de la Independencia norteamericana. Y de la caída de Turgot como Ministro en Francia, por el temor de la Corte a las reformas liberales emprendidas -como en España-, cuya frustración fue sin duda combustible para la Revolución. Con anterioridad Smith estudió en Francia a los fisiócratas Quesnay y Turgot, a quienes debe el concepto de “laissez faire”. Mucho adeudan todos a los escolásticos hispanos, más antiguos.

 

- Say y Bastiat. Aún más influencia escolástica se aprecia en las obras de los herederos de los fisiócratas, Juan Bautista Say y Federico Bastiat, quienes polemizaron con los llamados clásicos ingleses. (¿No son más clásicos Say y Bastiat?) Refutaron su concepto de valor basado exclusivamente en el trabajo incorporado, y desconocedor de los datos de los mercados. Y refutaron también sus pesimistas visiones de una economía gobernada por leyes naturales incapaces de dirigir su curso de modo más o menos benevolente, junto al trabajo creativo e inteligente de los hombres. Las clásicas son leyes “de hierro” de la población, o “de hierro de los salarios” (Malthus y Ricardo respectivamente, para no hablar de Marx), que fatalística y ciegamente conducen a crisis -de escasez o sobreproducción-, carestías y desempleos por limitaciones infranqueables, y otros malos resultados. A este pesimismo debe la Economía su injustamente ganado apelativo de “ciencia lúgubre”, y de él salen los constantes clamores por la intervención estatal. (8)

 

- Escuela austriana o de Viena, que procede de Say y Bastiat. Comienza a fines del s. XIX con Menger, Wieser y Böhm Bawerk, y se desarrolla en el s. XX con Ludwig von Mises, y el Premio Nobel 1974 Friedrich von Hayek. Más que los enfoques anglosajones de la Economía -clásica y neoclásica-, la Escuela austriana le confiere al liberalismo económico un saber científico de mejor calidad, enteramente afín a su original espíritu optimista, y consistente con un claro contexto de Filosofía realista objetiva, muy apreciable a la hora de pensar, contrastar, y de fundamentar y expresar argumentos con fuerza convincente. Y  una conexión directa e inmediata con dos legados permanentes de la Escolástica: el liberalismo político, y el concepto hispánico de los Derechos Naturales, de los cuales los económicos no pueden excluirse. Y con los austrianos el capitalismo genuino encuentra además un ancla firme en la ética: el estatismo es profundamente inmoral e injusto, y no sólo ineficaz a sus fines declarados; el liberalismo es moral y justo, porque erradica la miseria y difunde el bienestar. (9)

 

 

NOTAS

 

(1) Puede leerse con mucho provecho una obra del s. XIX, debida al historiador francés Fustel de Coulanges, “La ciudad antigua”. Hay muchas reediciones de la versión en español.

 

(2) Son estos algunos de los llamados “Primeros Padres”, y “Patrístico” se llama el período, y coincide con la Alta Edad media. Le sigue la era escolástica -aproximadamente desde el s. XI hasta el Renacimiento-, que corresponde a la Baja Edad Media. En los primeros siglos del cristianismo, el judaísmo también fue cruelmente perseguido, y sus escritores también desarrollaron el derecho de resistencia, en sus comentarios bíblicos: la Mishná y los Talmudes.

 

(3) Obra pionera: Alejandro Chafuen, Economía y Ética, vers. esp. de Christians for Freedom (1986), Madrid, Rialp, 1991. Contiene toda la historia intelectual cristiana del liberalismo. Comienza con Tomás de Aquino -“el primer whig”- y sus comentaristas, entre otros el francés Juan Gerson, y los italianos San Bernardino de Siena y San Antonino de Florencia, todos del siglo XV. A ellos sigue la “Escolástica hispana”, aunque escribiendo en latín sus primeros y más antiguos representantes, lo cual facilitaba el fructífero intercambio intelectual entre sí -no todos hablaban castellano- y con autores de otras lenguas y naciones, católicas y no católicas.

 

(4) Los socialistas suponen las Misiones jesuíticas en el Paraguay bajo régimen de “comunidad de bienes”, al estilo de los primeros cristianos que describe el cap. 5 del libro de los Hechos de los Apóstoles, en el Nuevo Testamento. Pero veamos:

 

-- Es cierto lo que narra el libro de Hechos de esos primitivos cristianos que practicaron la comunidad de bienes; por eso fracasaron. Fue parte de su experiencia de aprendizaje.

 

-- No es cierto de los jesuítas americanos: ellos tenían bien aprendida su lección. Como los grandes monasterios medievales de Occidente (benedictinos, cistercienses, cluniacenses, etc.), las “reducciones” de indios fueron, en el plano económico, empresas capitalistas, y por supuesto exitosas. Claro que los intereses y actividades espirituales fueron los determinantes; sólo que la parte de la vida relacionada con la subsistencia material -producción de bienes, comercio, inversiones, etc.- no fue organizada siguiendo las pautas del socialismo sino del capitalismo. Vale recordar la contabilidad por partida doble, invento de un monje italiano, Fray Luca Pacioli, en 1494, para uso de su casa conventual. Y los jesuitas practicaban lo que predicaban, incluyendo libertades de trabajo, industria y comercio.

 

(5) Max Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, FCE, varias ediciones. Para el calvinismo pueden consultarse historias del cristianismo, católicas o no. Entre las primeras, Ludwig Hertling, Historia de la Iglesia, vers. esp. Barcelona, Herder, 1967. Y entre las segundas: Justo González: “Historia del Cristianismo”, Miami, Unilit, 1994, 2 ts., e “Historia del Pensamiento Cristiano”, Bogotá, Caribe, 2002. También Wiliston Walker, Historia de la Iglesia Cristiana, vers. esp. Casa Nazarena de Publicaciones, Kansas City, 1998.

 

(6) Puede verse http://www.acton.org

 

(7) En la Edad Media -por ignorancia identifican con “oscurantismo” esa época tan colorida-, hubo mucha gente estudiosa y amante de la verdad. Inventaron las Universidades -de ahí el término “escolástico”-, por cierto, otro invento cristiano. En Europa hubo Universidades desde 1215 (París), en España desde 1255 (Salamanca), y en América hispana desde 1538 y 1551 (respectivamente Sto. Domingo, y Mexico y Lima, del mismo año ‘51.)

 

(8) Say discute con Ricardo y Malthus en “Catecismo de Economía Política”, 1815, y “Curso de Economía Política”, 1830 ; y Bastiat con J. S. Mill (y Marx) en “Sofismas Económicos”, de 1847, “La Ley” de 1849, y “Armonías Económicas” de 1850. Estos economistas ingleses reflejan filosofías no realistas, dispares y no fácilmente conciliables, entre empiricistas y racionalistas, entre escépticas, “positivistas y “utilitarias”, entre idealistas y materialistas. El pesimismo se liga a la confusión y a las contradicciones. Por la vía de la Escuela de Chicago, el neoliberalismo procede más de la pesimista Economía clásica inglesa -y de sus herederos neoclásicos y marxistas- que de los austrianos.

 

(9) La Escuela austriana hoy, especialmente autores como Mark Skousen, Israel Kirzner, Jorg-Güido Hülssmann, Hans-Hermann Hoppe y otros, en http://www.mises.org
















3erPolo

hans-herman-hoppe-banner.jpg