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Alberto Mansueti

¿Por qué la gente se confunde?... Consecuencias de la perdida del realismo metafísico














Alberto Mansueti





3erPolo
















También se extienden las malas ideas... ...Cosa por demás fácil
en tiempos en que la lógica, la razón y la verdad...  ...son rechazadas
y escarnecidas por la basura ideológica del relativismo...

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¿No ha notado Ud. que la gente anda confundida? Los conceptos de ley, orden, bien común, Gobierno y libertad se han pervertido. Vea no más estos casos:

 

Hoy se considera “Ley” cualquier mandato de un parlamento, sin consideración alguna a si es o justo o injusto; racional o irracional. Desde hace muchos años se nos aparecen lluvias de leyes injustas e irracionales, que destruyen los tejidos sociales naturales, constituidos por relaciones interpersonales espontáneas: familiares, amicales, económicas, educativas, de afinidad en las creencias, etc. Otro caso: “orden” es la disposición de muchas cosas para un fin común, y sin duda el fin común de la sociedad es su bien general, y para eso el Gobierno es necesario. Pero por su naturaleza esencialmente represiva, la contribución gubernamental al bien común es administrar justicia, atender a la defensa común, construir obras públicas como caminos y puentes, y nada más. Por su lado, cumpliendo sus funciones respectivas, la familia, la empresa, la escuela, y otras instituciones igualmente privadas también contribuyen al bien común, tanto o más que los Gobiernos, con el cual sin embargo ellos quieren identificarse exclusivamente.

 

Pero hoy los Gobiernos carecen de límites, comenzando por los conceptuales, y salido de sus límites, todo Gobierno es más estorbo que ayuda al bien común. Pero aunque el Gobierno es sólo la cabeza del Estado o cuerpo político, la primera expresión fue reemplazada por la segunda, en una serie de cambios semánticos de cuño totalitario, que nos impuso a todos una terminología colectivista.

 

Otro (mal) ejemplo: la libertad. Es mal entendida o rechazada. Se acepta la libertad entendida mal, como ausencia de necesidad, o poder de hacer la voluntad lo que le antoja, sin límites; lo cual es necio, porque todos querríamos ser amados, ricos, educados, sanos y vivir para siempre o algo así ... Pero no podemos, y no por ello no somos libres, o lo somos menos. También se entendió mal la libertad de expresión, como derecho a decir uno lo que le viene en gana, sin consideración alguna por la verdad objetiva, y así se acepta. Se rechaza en cambio la libertad entendida bien, como ausencia de coacción o restricción externa arbitrariamente impuesta, para autodeterminarse cada cual, pero dentro de la naturaleza y condición propias, y respetando igual derecho en los demás.

 

¿Por qué esta confusión? Porque se perdió el realismo metafísico, marco de referencia común para pensar con orden y verdad, y corregir desaciertos y desafueros. Su desaparición fue gradual. Comenzó por ser considerado como sólo una corriente o escuela de pensamiento entre otras, y eso a partir del Renacimiento. Posteriormente fue siendo eclipsado por las “otras”, y relegado cada vez más -desde la Revolución Francesa-, hasta olvidarse por completo. Desapareció primero de las carreras de Filosofía y Ciencias humanísticas. Y después, su positiva influencia desapareció del bachillerato, de la escuela elemental, de la religión, y por último, de la prensa y opinión pública.

 

Aunque a distancia en el tiempo, muchas y muy graves son las consecuencias de su falta, y se dejan sentir en todas las esferas. Trataremos de resumirlas.

 

# Pérdida de los conceptos elementales para entender la realidad. El realismo metafísico era el conjunto armónico de instrumentos conceptuales y analíticos indispensables para la comprensión objetiva: orden, fin, límite, etc. P. ej. el concepto de causa, que el filósofo inglés David Hume -s. XVIII- se empeñó en destruir, como si las cosas no tuviesen causas (cuando la palabra “cosa”, procede precisamente de “causa”). Después de Hume vino Kant, y terminó de demoler esos conceptos, y todos los de su género: naturaleza, esencia, forma, acto y potencia, sustancia y accidentes, etc. Nociones y vocablos que ahora carecen de sus contenidos precisos, o de ellos no queda ni recuerdo. Por eso la gente piensa de maneras cada vez menos claras y menos realistas.

 

Es más, Kant decretó imposible la Metafísica: el saber acerca del ser y de la realidad en general. Era el hogar de residencia natural del realismo; y cuando Kant y sus seguidores demolieron sin piedad la Metafísica, se procedió al desalojo inmediato del realismo, sin más trámite. La otrora parte primera, medular y más gruesa de la Filosofía -y más amigable y servicial-, fue tratada como inútil antigualla medieval, impropia de los “tiempos modernos” de la ciencia y el progreso.

 

# A la gente le falta la estructura conceptual para comprender. ¿No le parece trágico?

 

El más importante y básico de los conceptos realistas perdidos era el de “naturaleza”: configuración y contenido propios de cada cosa, según su especie y género. La naturaleza de algo no se puede violentar impunemente sino con grandes costos. En otras palabras, su “forma”, que no es secundaria o sin importancia, e implica un conjunto de potencialidades; por eso es imposible “transformar” o convertir una cosa en otra, si no tiene la “potencia” o capacidad para ello.

 

Un ejemplo: el Gobierno, tiene una naturaleza -represiva-, de la cual nadie puede sacarlo, so pena de infligir graves desórdenes, males y sufrimientos a la sociedad. Por su naturaleza el Gobierno es juez, alguacil, policía y soldado. Así que más vale se use para eso. Por más que se quiera, no puede hacerse el Gobierno comerciante, industrial, agricultor, maestro, médico, artista y hermanita de la caridad; y si se intenta, va a haber mucho problema. Pero nunca se va a entender esto si falta el concepto de “naturaleza”. Los fines, causas, formas y modos de las cosas, son sus determinantes “metafísicos” -más allá de sus características sensibles, palpables y observables-, no por ello menos reales. Y la naturaleza de algo, en tanto objeto de conocimiento, es su inseparable “esencia”, otro concepto metafísico fundamental, que adhiere el realismo a la razón, o facultad para entender las cosas como son realmente.

 

# La realidad quedó divorciada del pensamiento y el lenguaje, y éstos entre sí. Demasiadas veces se habla y se escribe hoy sin lógica, sin sentido, y hasta sin gramática. Es porque se perdieron los conceptos realistas, que se expresaban naturalmente en el pensamiento y el lenguaje.

 

Mientras duró la influencia del realismo en la forma de pensar, hablar y escribir, la inteligencia reflejaba la realidad -con la lógica al control-; y la expresaba mediante una sintaxis correspondiente. Y esto de modo natural, tanto en la persona culta, como en la iletrada, en su caso con conceptos y palabras más sencillas. P. ej. un ser, sustancia o ente -cualquier cosa que existe-, podía ser objeto de conocimiento, y a la vez sujeto lógico, de una proposición. Y sujeto gramatical, de una oración. Y sus categorías predicables -acción, cualidad, cantidad, tiempo, lugar, etc.- daban lugar a las otras categorías gramaticales: verbo, adjetivo, adverbio, complemento, etc.

 

Todas estas buenas relaciones se cortaron. La realidad se hizo entonces más ardua de aprehender en conceptos racionales, y de expresar de modo adecuado. Y ahora la racionalidad ya no sirve como instrumento confiable de evaluación y control de acciones, personas e instituciones; la política y demás facetas del comportamiento práctico perdieron asiento racional firme, las emociones desbocadas predominan, y el lenguaje sirve para incomunicarse.

 

# El despelote filosófico. Me dirá Ud. ¿Qué importancia tiene lo que piensen los filósofos? Muchísima, porque con el tiempo sus ideas y mensajes se van filtrando a la gente, mediante la educación, los medios comunicacionales, la religión y el entretenimiento.

 

El realismo filosófico era completo y muy equilibrado: a todos y a cada uno de los elementos de la realidad correspondía su concepto o correlato en el pensamiento y lenguaje.

 

Al faltar el realismo, cada filósofo cogió un concepto con exclusión o menosprecio de los demás, e hizo facción propia. La Filosofía se quebró a lo largo de una serie interminable de dicotomías falsas: lo particular vs. lo universal; sentidos vs. razón; materia vs. espíritu; naturaleza vs. libertad; ser vs. existir. En sus respectivas ramas, se enfrentaron nominalistas y universalistas, empiristas y racionalistas, materialistas contra espiritualistas e idealistas, deterministas y mecanicistas contra voluntaristas y librealbedristas absolutos ... ¡Hasta combatieron los fanáticos del ser y del existir (esencialistas y existencialistas)!

 

Cada profesor inventó su sistema propio. Qué locura, ¿no? Es como si en Medicina quitasen la Anatomía, y los partidarios de la vista enfrentasen a los del oído, los de las piernas a los “bracistas” (incondicionales de los brazos), y así. La Filosofía se redujo a su accidentada historia posterior, esa aburrida “Galería de Héroes”: lo que pensaba Fulano, y Zutano, y si Mengano siguió a éste o al otro. La atención se centró en sus abstrusas “teorías del conocimiento” como casi único tema, algunas de lo más estrafalarias. De hecho ciertos “sistemas” filosóficos daban risa ... hasta que pese a su aparente inofensividad, de ellos dedujeron ciertas conclusiones que desataron extrema violencia en muchos países, con sangrientas revoluciones, guillotinas y paredones, bombas y morteros, y guerras brutales con asesinatos masivos, tipo industrial (cámaras de gas).

 

# Desconfianza en la razón y hasta en la realidad. Sin reducir la filosofía a la teoría del conocimiento, el realismo enseñaba que es posible conocer objetivamente las realidades.

 

Pero las guerras filosóficas, y las otras, suscitaron relativismo, escepticismo, subjetivismo, utilitarismo, “positivismo”, pragmatismo; “ismos” que tenían en común su descreimiento en la capacidad humana de conocer objetivamente y en esencia la realidad, ¡y hasta en la realidad misma, los idealistas extremos! Los existencialistas creyeron en la realidad, pero como algo amenazante y angustiante.

 

Las bellas artes se hicieron cada vez menos realistas, y menos bellas: se llamaban “realistas” para exponer unilateralmente sólo las partes más feas y degradadas de la realidad! El término fue devaluado. Política “realista” se hizo sinónimo de su parte más vil y sucia. Y Filosofía “realista” se hizo equivaler a cualquier visión avinagrada y amargada, corrientemente esgrimida para justificar alguna inmoralidad. Consecuencia:

 

# Pesimismo generalizado, que hoy tratan de remediar con un pensamiento “positivo” irrealista-voluntarista, y escapista.

 

En cambio el realismo era sanamente optimista, juzgando al mundo apto para ser conocido, y al hombre capaz para conocerle. ¿Cómo? Los realistas enseñaron que la persona parte de informaciones procedentes de sus cinco sentidos externos (vista, olfato, oído, tacto y gusto); las combina mediante sus cuatro sentidos internos (conciencia, memoria, imaginación y estimativa); y las trata con sus facultades cognitivas o intelectuales, formando conceptos, juicios y razonamientos. Pero hoy ya nadie habla p. ej. de “estimativa” o “sentidos internos”. Tampoco del “entendimiento receptivo”.

 

# Olvido de los principios fundamentales del saber. Entre otros:

-- El entendimiento humano tiene su potencia “receptiva”, para reflejar en la inteligencia las cosas y sus cualidades, tal cual son objetivamente; y para abstraerlas mentalmente tiene su potencia activa, pero no para inventar las realidades como a cada quien le parece.

-- Podemos estar ciertos de los conocimientos adquiridos por evidencia, demostración, o testimonio de fuentes confiables. Porque las cosas ocurren de tal modo que pueden entenderse -principio de razón suficiente-, si se investigan con detenimiento y orden. Y si se somete la inteligencia a ciertas reglas de buen juicio, sobre el valor de las evidencias y testimonios, y sobre la lógica de los argumentos y demostraciones. ¡Así podemos controlar las emociones y sentimientos!

-- No es fácil el proceso de conocer, ni infalible el conocimiento, su resultado. Pero son básicamente confiables, si se tiene cautela, y los yerros y equívocos se corrigen y depuran lo suficiente.

-- Lo que no es posible es moldear las realidades a pura voluntad, de las personas o los Gobiernos, imaginando que son maleables, plásticas, o queriendo que sean distintas a como son.

 

Realismo es sinónimo de sensatez, razonabilidad.

 

# Los conocimientos quedaron sin garantías. Comprenderá Ud. que sin principios como estos, nadie puede estar seguro de los conocimientos, y las discusiones no salen de las puras opiniones subjetivas -aunque masivamente difundidas-, sin asidero o fundamento sólido, o defendidas con la sola fuerza de una “fe” por entero irracional, ambas inconcluyentes. Sin estos principios tampoco se pueden corregir errores y desaciertos, ni los más descabellados, y cada quien queda “libre” de afirmar su disparate favorito. Y de imponerlo al resto de la gente, si tiene poder.

 

Comprenderá Ud. también el motivo por el cual estos principios fueron dejados de lado: porque aceptar que la inteligencia en parte es pasiva, no omnipotente, y que debe someterse y ser obediente, implica humildad. De hecho la verdad no es sino la humilde aceptación de la realidad. Y la humildad no es virtud frecuente entre intelectuales.

 

# La actividad intelectual quedó sin virtudes propias. Las virtudes “dianoéticas” o intelectuales son para poder alcanzar la verdad:

-- El principio de no contradicción, pero como virtud, o “hábito continuo de recta conducta”. Era el primer principio de la razón especulativa: no contradecirse.

-- Sindéresis, o primer principio de la razón práctica: discernir entre lo bueno y lo malo, para hacer lo primero y evitar lo segundo.

-- Ciencia: conocer las cosas según sus causas eficientes; y ...

-- Sabiduría: ... por sus primeros principios y causas últimas.

-- Arte o técnica: aplicar las facultades racionales a la producción; y ...

-- Prudencia: ... al juicio práctico. La prudencia era virtud intelectual y al mismo tiempo ética: se contaba entre las cuatro virtudes cardinales de la moralidad, con la justicia, la fortaleza y la templanza. ¿Qué le parece ...?

 

# El despelote de las ciencias humanísticas. Sin la guía de una filosofía confiable, cayeron en brazos de las distintas y enemigas ideologías, diferentes deducciones y conclusiones morales, políticas, jurídicas y económicas de los sistemas filosóficos degenerados que se enfrentan.

 

Las ciencias todas fueron separadas arbitrariamente en humanas y naturales, culpa de la falsa dicotomía espíritu versus materia. Y las así llamadas “ciencias humanas” fueron sometidas a doble y contradictoria presión: parecerse a las otras, y a la vez ser diferentes. Lo que quedó de ellas no es ciencia, porque le falta exactitud en la medida; y tampoco es humano, al tratar estas “ciencias” a las personas como ratas, monos, o perros, como hacen respectivamente el conductismo, el evolucionismo y el pavlovismo. El colectivismo -nazismo o marxismo, que ambos vienen de Hegel, y éste de Kant-, combina las tres corrientes, considerandonos a la vez como ratas, monos y perros. Por eso nos tratan de modo tan salvaje, animal. Y el ambientalismo completa el círculo: vistas las personas como animales, quiere ver a los animales como personas.

 

# La economía: empobrecida y sin rumbo. Empobrecida como actividad, por los Gobiernos desbordados, que paradójicamente se toman para ellos todas las libertades económicas que niegan a los particulares. Los políticos estatistas acusan a los ricos de construir sus inmensas fortunas explotando a los pobres, pero ellos edifican su inmenso poder en base a la explotación de todos, en exclusivo provecho y beneficio de ellos mismos, so pretexto de “redimir” a los más necesitados.

 

Y sin rumbo quedó la Economía como ciencia, con la hegemonía de las corrientes positivistas y marxistas, que opacaron por completo a la Escuela austriana, piso científico del liberalismo económico. El contexto filosófico natural del austrianismo es la metafísica realista, que por desgracia no conocieron sus propios fundadores austríacos, de fines del s. XIX y comienzos del XX, desaparecido el realismo muy atrás en la historia. Para colmo, muchos liberales -en extenso listado, desde el empirista Locke (s. XVII) al hegeliano Fukuyama (s. XX)-, trataron de llenar el vacío filosófico con racionalismo, relativismo, escepticismo, utilitarismo, “positivismo”, evolucionismo, etc., todos “ismos” muy sospechosos, y para nada compatibles con el ser del liberalismo. Y los austrianos se pegaron a la corriente general.

 

Curiosamente, en estos bárbaros excesos terminaron unas tendencias nacidas con el Renacimiento y la Revolución Francesa, que se autodenominaron “humanistas”, y enfatizaron la generosidad, el altruismo y la buena voluntad como fundamentos de la civilización.

 

El realismo en cambio no es una filosofía antropocéntrica sino ontocéntrica: gira alrededor del ser, y se basa en la realidad, de la cual el hombre forma parte. Pero resulta que Dios también es parte de la realidad, y más importante que el hombre. Si Ud. hace una consideración completa de la realidad, desde la naturaleza mineral hasta la economía, no puede dejar a Dios afuera. Una de las razones por las cuales los pensadores iluministas (fines del s. XVIII) echaron por la borda definitivamente al realismo, fue que querían dejar a Dios fuera de la realidad. Le sacaron de Filosofía, de las ciencias -de todas-, y de la vida pública.

 

# La religión quedó sin racionalidad. Habiendo fracasado la Filosofía en su función orientadora sobre cómo pensar, y las ciencias del hombre, la Religión podría llegar en auxilio de la gente, de no haber sido previamente vaciada de racionalidad, despojo que hizo en el siglo XIX el romanticismo. Esta tendencia exaltó las emociones, sentimientos, instintos y pasiones, por encima de la razón, contribuyendo a la pérdida general del sentido de realidad.

 

Realismo y racionalidad no son incompatibles, ajenos ni lejanos a la Religión; y de hecho son parientes. La escolástica, máxima expresión del realismo filósófico, fue desarrollada en la Baja Edad Media -siglos XII al XV- por piadosos creyentes que no despreciaron el auxilio de la “luz natural” de la razón:

-- Moisés Maimónides, rabino judío (Rabbi Ibn Maimón);

-- San Alberto y Santo Tomás de Aquino -favor no confundir con Tomás el Apóstol-, cristianos ambos, católicos;

-- Al Kindi, Al Farabi, Avicena (Ibn Sina), Al Gazel (Al Gazzali) y Averroes (Ibn Rusd). No necesito decirle: muy devotos musulmanes, pero muy racionales, no fanáticos criminales como los actuales sicarios al servicio del estatismo “islámico” (= marxista disfrazado).

-- Felipe Melanchton, cristiano protestante del siglo XVI, siguió tras estos pasos.

 

Cristianos o no, todos los mencionados se apoyaron en el griego Aristóteles, un pagano de la Antigüedad, que hoy diríamos “deísta”. Y se ayudaron unos con otros en su actividad académica, que no era para “inventar” un sistema, sino para descubrir cómo las cosas son.

 

El Papa Juan Pablo II explica de maravillas en su Encíclica “Fe y Razón”, que una y otra no se divorcian. Muy cierto. Pero este principio es típicamente realista, y hoy -aunque todavía se lee en algunos catecismos-, tampoco se aplica, por desgracia. La gente “posmoderna” no cree en la razón, aunque sí en las irracionales e idiotizantes religiones falsas de la “Nueva Era”!

 

# Y dejaron a Dios fuera. Si me apura se lo digo: sí, una consecuencia terrible de la desaparición del realismo metafísico es que Dios quedó fuera de los conceptos de hombre, sociedad, “Estado” y economía fundados en esas ciencias humanísticas pervertidas, a las cuales hoy todos recurren en busca de auxilio sin encontrarlo. Dios quedo fuera, y sus leyes, reveladas en la Santa Biblia, la cual manda p. ej. a los Gobiernos no salirse de sus límites, y a los ciudadanos ser razonables y no endiosar a los Gobiernos. Algo que los líderes religiosos no se permiten recordar hoy en público, porque la religión fue confinada a la vida privada y nada más, con prohibición expresa de salida. (En Francia, “cuna de las libertades”, el Gobierno pretende impedir el uso en público de distintivos religiosos ... de las religiones monoteístas, mas no de otras como la astrología, brujería, oráculos, hechicería, espiritismo, animismo y demás cultos y religiones primitivas.)

 

¿Cómo evitar que los gobernantes se erijan en todopoderosos y muy altísimos, si el lugar de Dios en la sociedad queda vacío? Entonces vienen ellos y lo ocupan.

 

¿Es posible a la sociedad volver a la sensatez sin volver a Dios? Sí pero sería harto difícil. ¿Se va a poner todo el mundo a estudiar Filosofía, Economía y ciencia política, para descubrir racionalmente cada quien por su cuenta que es mejor un Gobierno limitado? (Deberían comenzar los economistas, periodistas y otros profesionales que se suponen especializados en esas materias ...) De la otra forma sería más viable. Pero la gente es muy obcecada; no quiere reconocer la autoridad de Dios, ni su Palabra, pese a lo razonable de su contenido.

 

Y si me pregunta ¿Es necesario ser creyente para ser realista?, le diré que no, pero ayuda. Por cierto, una filósofa atea, Ayn Rand, emprendió en el s. XX la titánica tarea de reconstruir el realismo sobre bases aristotélicas, para que el capitalismo liberal recuperase su apoyatura filosófica; pero con Dios fuera. Lo hizo, y ahí está su obra, que sólo es conocida y reverenciada por un diminuto círculo de fieles -una secta-, carente de difusión masiva siquiera en las Universidades.

 

Urge el rescate del realismo metafísico, al menos en las categorías fundamentales, para que la gente pueda volver a pensar normal y claramente. De otra manera, imposible.

 

# La opinión pública quedó inerme, a merced de los ideólogos estatistas, los cuales llenaron de estatismo la mente de las personas. Y lo peor del caso no es lo que la gente ignora, sino lo que cree que sabe. Pero me quedo aquí, no sea que alguien se sienta ofendido.

 

 

Notas

 

En este tema no son para incluir, porque sería cosa de nunca acabar.
















3erPolo

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