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Alberto Mansueti

Venezuela e Hispanoamérica: ¿Por qué ganan las izquierdas?














Alberto Mansueti





3erPolo
















“Sin citas, porque los doctos no han menester dellas,
y a los demás traenles sin cuidado.”
San Francisco de Sales: Introducción a la vida devota,
en la versión castellana de Don Francisco de Quevedo y Villegas

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Aviso al lector:

 

# Si Ud. es de los que aún cree que el chavismo gana elecciones por puro fraude, “ventajismo” u otro abuso de ese tipo, y lo que hay que hacer es “salir a la calle”, por favor no lea lo que sigue. Digo, para ahorrarle un rato de su valioso tiempo, probablemente un mal rato.

 

# Pero si Ud. en cambio ya sabe que el chavismo gana por representar mejor el socialismo, corriente ampliamente mayoritaria en Venezuela, América latina (y España); y uno lo que debe es preguntarse sobre los por qués del predominio de tan devastadora ideología, y los eventuales remedios disponibles, entonces por favor siga leyendo. Muchas gracias.

 

 

# Votomaníacos y políticos normales. Los políticos son un mal necesario; pero los hay de varias clases, y algunos son menos necesarios:

 

A) Los votomaníacos, o interesados sólo en el poder. Afirman interesarse por el bienestar de la gente; ¡pero todos los políticos dicen eso mismo! ¿Cómo se les distingue a los de esta clase particular? Pues por dos rasgos distintivos característicos:

 

1) Hablan sólo de elecciones, votos y contar votos. O si no, de encuestas. Aparentemente no tienen otros temas. Así como se supone que el Tío Rico Mac Pato de las comiquitas se interesa sólo en acumular montañas de dinero, y en contar billetes, estos políticos se interesan sólo en acumular montañas de votos, y contarlos. Padecen concupiscencia electoral.

 

2) Siempre quieren estar en un Gobierno, nacional, regional, municipal, parroquial o lo que sea. O pegados. En última instancia -si no hay otro chance- en alguna cámara, legislativa o edilicia. Ven como ir al infierno el pasar a un rol de oposición, para el que obviamente no se han preparado (tampoco para el Gobierno ... pero ese es otro tema). Es la concupiscencia gubernamental.

 

B) A los otros llamaremos políticos normales, para distinguirlos de los anteriores. No están libres de las dos apuntadas concupiscencias, pero se les reconoce porque su discurso incluye contenido ideológico -en algunos de ellos más que en otros-; aunque de izquierda casi sin excepción. ¿Se interesan éstos de verdad por el bienestar de la gente, tal como dicen? Se responde esta pregunta enseguida; por ahora digamos que todos lo aparentan.

 

# ¿Por qué los políticos normales ganan? Por varias razones:

 

1) Tocando temas ideológicos, lucen como políticos completos. Los votomaníacos aparecen truncos, unilaterales, como si no tuviesen ideas sustantivas ... o debiesen ocultarlas, temerosos de quien sabe qué; y al no aclarar sus ideas, se vuelven sospechosos.

 

2) Sus temas ideológicos son los populares de los ’60 y ’70, viejos, pero que siempre “pegan”, como el imperialismo y la CIA, el Che Guevara y el socialismo, el pueblo y sus derechos, y la revolución ... Y otros nuevos, pero que ellos hacen encajar bien con los anteriores, como el ambiente, la mujer, y los niños, y los indígenas y los animales y las plantas ... y hasta de Jesucristo hablan últimamente. Los otros son monotemáticos: sólo hablan de votos. Aburren.

 

3) Lo más importante: su marxismo brinda al público una explicación acerca de su pobre situación, y de sus males y padecimientos, sobrevenidos en las últimas décadas. Es una explicación lamentable, falsa, llena de contradicciones -internas y con la realidad-, y expresada en pueriles términos sentimentaloides ... pero no hay otra. No se ofrece otra explicación, que rivalice con esta, la someta a crítica desvelando sus fallos y defectos, y proponga solución alternativa y mejor. Falsedades, contradicciones y puerilidades pasan inadvertidas, porque los votomaníacos se empeñan nada más en demostrar que “somos (no estamos en) mayoría”, ¡como si estar en minoría fuese un delito! Se les nota de lejos que sus únicos intereses son el poder, y los votos. Muy pocos pueden disimularlo. Son hiperactivistas: cuando pierden una elección, en lugar de reflexionar, salen a su campaña para la siguiente. Muchas personas votan por estos candidatos, pero no para expresar apoyo a ellos, sino rechazo a los chavistas. Y más de la mitad de los votantes no vota, ni por unos ni por otros: los “abstencionistas” venezolanos rechazan ambas opciones.

 

La pregunta pendiente sobre los políticos normales (ideológicos), de izquierda en su abrumadora mayoría: ¿se interesan de verdad, por el bienestar de la gente? ¿O es puro bluff ...?

 

# Idealistas y cínicos. Hay dos subtipos:

B.1) Algunos sí se interesan por el bienestar de la gente, sólo que están equivocados acerca del mejor modo de conseguirlo. Son los idealistas.

B.2) Otros no se equivocan, son votomaníacos disfrazados, y están muy claros: simulan ideología para manipular. Son los cínicos, que abundan entre los ya experimentados de años y años en el disfrute del poder. Y si bien proliferan los idealistas entre los más jóvenes, empezando sus carreras, la edad no es predictor automático: hay jóvenes cínicos, y viejos idealistas.

 

Claro que todos los votomaníacos -disfrazados o no- también hablan mucho de sí mismos, por supuesto en términos panegíricos. Se autodescriben como una combinación de Madre Teresa con Superman y Batman (para seguir con los ejemplos de comiquitas, ¡este es un país muy primitivo!):

-- de la Madre Teresa tienen la santa voluntad de “ayudar” al prójimo repartiendo becas, sillas de ruedas, anteojos y otros aparatos ortopédicos -vistosos para aparecer ante las cámaras de fotos y TV-, y materiales de construcción; y tienen, por supuesto, la honestidad y la pulcritud.

-- y de los Superhéroes de comiquita tienen los superpoderes y facultades extraordinarias para “cumplir sus promesas” y “gerenciar”.

 

Pero los votomaníacos suenan y lucen falsos. Otra razón de la gente para no apoyarles es que en sus filas no hay idealistas sino sólo “operadores”, otro rasgo que los distingue a simple vista.

 

# Libreto ideológico. El de izquierda es el único que se conoce en Venezuela y América latina. La información sobre el otro sistema no está disponible al gran público, hay que ir a los Sites de Internet, o suscribirse a los periódicos y revistas cuando uno viaja.

 

Por eso el libreto de izquierda es muy popular. ¿No vio Ud. esa oposición a Chávez que le acusa de “títere del imperialismo” y “entreguista”? Hablan el mismo lenguaje, tomado del mismo libreto. Y es que no hay otro a la mano. Es eso o quedar callados ... como los votomaníacos, hablando la pura cháchara de “la democracia”, y ni una palabra contra el sistema socialista en sí, o contra el estatismo que es su inseparable compañero, o sobre la ausencia de libertades laborales, empresariales y de competencia, o acerca del exceso de impuestos y regulaciones, o en defensa de todas las instituciones privadas y no sólo la prensa radioléctrica. Ni pío ... ¿Por qué?

 

1) Porque son ellos mismos socialistas y estatistas, algunos.

2) Porque no tienen ni idea, otros. O tienen sólo ideas vagas, y prefieren no meterse en honduras.

 

# Políticos normales de derechas. Al lado de Honduras, hay un país centroamericano con políticos de una especie diferente:

 

-- En El Salvador, el partido ARENA no niega ser de derecha. Y gana elecciones desde los ’80, con apoyo en todas las clases sociales; y sin fraudes. Las izquierdas no ganan. Los últimos Presidentes han sido arenistas; el actual, Antonio Saca, es hijo de inmigrantes, y empresario surgido de abajo en la pirámide social. Es un partido que no se identifica exclusivamente con los ricos o los de abolengo, al igual que las organizaciones cívicas que anima y apoya -y a veces sostiene- como partido organizado para la acción política en todos los frentes. Y la economía de El Salvador es relativamente la más firme de Centroamérica, a juzgar por el número de salvadoreños (no comunistas o socialistas) que cada año regresa a su país desde EEUU. Vuelven por la misma razón que se fueron: buscando mayores libertades y oportunidades de prosperar.

 

-- Y en Sudamérica, en Chile, hay no uno sino dos grandes partidos derechistas -UDI y RN-, ahora en la oposición, con mucha presencia en la opinión pública, y controlando buena parte del Congreso. Hay además un pequeño Partido Liberal, en la indispensable labor de recordarles a los otros dos sus obligaciones, por si sucumben a la tentación de olvidarlas. De más está decir que es la economía relativamente más exitosa de Sudamérica, y muchos chilenos que no son de izquierda también regresan a su país. Pero eso es gracias a la derecha, único factor que ha impedido hasta ahora al Gobierno socialdemócrata (menchevique) del Presidente Lagos echar por la borda lo que queda de las anteriores reformas procapitalistas.

 

-- Desde hace tiempo, presta en ambos países la derecha atención vigilante a los contenidos de los programas de ciencias sociales que se siguen en la Universidad, enseñanza media y elemental. Y en las academias militares para la formación de oficiales. Estos partidos no son cortoplacistas.

 

Algunos se preguntan “¿por qué Venezuela no puede ser un país normal políticamente?” Buena pregunta. Respuesta: lo será cuando tenga políticos y partidos normales, y un espectro ideológico completo, con su izquierda normal como ahora -con bolcheviques y mencheviques-, pero también su derecha normal, liberal y/o conservadora. Sólo entonces podrá tener instituciones normales, y economía normal. No antes. Porque el rendimiento de la economía es producto de las instituciones y leyes, y estas lo son del clima o cultura política predominante.

 

# El liberalismo es un ideario, no una vergüenza. Ideario es término preferible a “ideología”, que es vocabulario marxista, aunque lamentablemente impuesto por el uso inveterado. Como “sociedad civil”, una expresión de Antonio Gramsci, fundador -al igual que Trotski- de una rama no leninista del marxismo, que hoy por desgracia triunfa en todo el mundo.

 

El liberalismo no es cosa que sea preciso esconder y ocultar, y mantener en el closet. Tampoco es “muy difícil de explicar”; aunque para el ignorante todo resulta muy difícil de explicar. En países que no son sajones ni protestantes, sino mestizos de raíz hispánica y tradición católica, ¡hay partidos liberales! Sin miedos, temores o angustias. Ni complejos de culpa. Y eso que en el pasado no muy lejano hubo terribles matazones; tal vez por eso mismo, para no volver a las masacres, estos partidos hacen educación política. Han comprendido cierta regla fundamental, bien establecida hace siglos por la Escolástica: la violencia sólo se justifica, siendo moral y efectiva, si primero se han agotado todos los recursos pacíficos, siendo la persuasión el primero y más importante. En orden a persuadir a sus conciudadanos, los partidos de derecha presentan su discurso en formato y lenguaje imaginativo y atractivo, a la manera de los liberales de hace 200 o 300 años, aunque inspirada también en autores contemporáneos de esa tendencia.

 

# Las tres liberaciones. Por ej. Michael Novak, un católico estadounidense, teórico del “desarrollo desde abajo”. En la tradición política liberal, y la tradición católica del realismo filosófico. Sus libros han sido editados en español por las derechas, y recuerdan los orígenes históricos del liberalismo. Una corriente que nació para la liberación de tres dominaciones o esclavitudes: de la tiranía, u opresión política; de la pobreza, u opresión económica; y de la censura de prensa, imposición religiosa, adoctrinamiento forzoso y toda forma de represión cultural o espiritual. Liberación ...

 

1) Política, no sólo mediante la democracia, sino principalmente de los Gobiernos limitados. Las empresas del Estado -sean o no petroleras, y las escuelas y centros médicos del Estado-, no sirven porque no funcionan; y se constituyen en soportes de la tiranía; y además son causa de elevados impuestos, y de otras formas de opresión económica y moral. ¿Democracia? Puede ser una ayuda para mantener el Gobierno limitado, o un estorbo, y eso depende sólo de la educación política que la gente reciba.

 

2) Económica, a través de los mercados libres, creadores y difusores de riqueza. Son incompatibles con una moneda debilucha, impuestos excesivos y regulaciones asfixiantes.

 

3) Cultural o espiritual, mediante las libertades de culto, pensamiento y expresión, y espirituales en general. Es mediante la rigurosa separación del Estado respecto a las instituciones privadas. Esta separación no es compatible con las “misiones” de adoctrinamiento marxista compulsivo que Chávez trajo de Cuba; pero tampoco con cosas que el Presidente encontró ya hechas, y se limitó a aprovechar: Universidades y centros educativos, científicos y culturales propiedad del Estado; y ahora el régimen de licencias concesionarias del Estado para la radio y la TV. Ni es compatible tampoco con Iglesia o culto de Estado, como la religión bolivarianista oficial, otra cosa antiliberal que Chávez tampoco inventó, pero también aprovecha en su beneficio.

 

# Los tres principios, para las tres liberaciones, respectivamente, son: Gobiernos limitados; economía libre; e instituciones privadas separadas del Estado. El principio político, el económico y el social, expresivos cada uno del conservadurismo político, el liberalismo económico, y el realismo vital y filosófico. (La primera tendencia no es el tradicionalismo ciego de los “tories”; por eso es compatible con la segunda.)

 

Novak recuerda que la historia del liberalismo es al menos tan mediterránea como del Mar del Norte o del Canal Inglés (de la Mancha). Lord Acton -un inglés medio alemán, por parte de su mamá- reconoció que “el primer whig” (o sea: el primer liberal) fue un italiano, monje dominico originario del sur de Italia, de un pequeño pueblito llamado Orvieto. Es Santo Tomás de Aquino, Doctor oficial de la Iglesia Católica.

 

# Banderas de tres colores. En el siglo XIX los liberales mediterráneos -de España, Francia, Italia y Grecia-, se identificaron con banderas tricolores, simbolizando las tres liberaciones. Y militaron en dos frentes a la vez: contra los autoritarios tradicionalistas en la misma derecha -o reaccionarios-, abroquelados en los Gobiernos, y contra las totalitarias izquierdas, atrincheradas en la oposición.

 

Hoy en Venezuela los antiliberales son los mismos, sólo cambiaron los puestos: los tradicionalistas están en la oposición, y las izquierdas en el Gobierno.

 

# Debate de principios y contraste de experiencias. En un país normal, es normal la discusión ideológica:

 

-- Las izquierdas deben soportar el desafío intelectual y político de las derechas; y discutir en público los principios socialistas y sus opuestos, y los resultados de las experiencias que aplicaron unos y otros, en el propio país o en el exterior. Por ej. el Gobierno allendista de los ’70, y el sandinista de los ’80, ambos con fuerte presencia de la Izquierda Religiosa, sobre todo el segundo. Sus resultados se comparan con los posteriores de otro signo, en esas mismas naciones y otras de Latinoamérica. Se discuten también los presentes modelos europeo y estadounidense, y las pasadas experiencias de la Thatcher y Reagan. Y ojo: en la derecha se debate “internamente”, no menos que en la izquierda, y en público.

 

-- Así se compite por los votos, usando la experiencia y la razón, e informando al público. Los políticos salen de y entran al poder según los votos atraídos de esta forma. En Venezuela en cambio, el Gobierno tiene el trabajo fácil: enfrenta una oposición en su mayor parte de votomaníacos histéricos, incapaces de debatir.

 

-- Y la derecha exige a la izquierda asumir su responsabilidad. Pero en Venezuela, un amplio sector de la izquierda -tan amplio que no cabe en el Presupuesto- se ha ido a la oposición, a lo cual tiene derecho si quiere, pero no a lavarse las manos, y evadir su responsabilidad con ese cuento de que Chávez “no es de izquierda”, y su Gobierno no es “verdaderamente” revolucionario. ¡Y no hay quien le exija cuentas! ¿Quién va a contener a la izquierda si no es la derecha?

 

# Funciones políticas y educativas. Donde los hay, los partidos derechistas las cumplen de modo permanente, haya o no elecciones, sean Gobierno u oposición. Para sus líderes, ello es circunstancial, pues no todos son votomaníacos. El de la oposición es oficio político tan digno o más que el de Gobierno, y consiste nada menos que en someterlo a control, y esto comprende también y primordialmente a las ideas en que se fundamentan y apoyan.

 

En Venezuela callan los medios (cuya dictadura es igual a la de Chávez o peor) que si los Presidentes de Chile, Brasil, Bolivia y Paraguay aún no han ido más a la izquierda, ¡no es por falta de ganas! Sino porque en sus respectivos países hay gente de ideas contrarias para impedirlo. Y si la hay, es porque ha sido políticamente educada. Ahora Uruguay estrena Presidente de izquierda, el Sr. Vázquez. Cabe un interrogante: ¿los partidos Nacional y Liberal van a contenerlo? ¿O no? En todo caso, la diferencia no es la inclinación personal del Presidente, sino la de la sociedad, y de sus partidos que se asumen de derecha, sin miedos. Y sin esa partidofobia histérica de la clase media de Caracas, que el Presidente venezolano y su Vice supieron y saben aprovechar.

 

# Formación. ¿Qué otra cosa hace un partido en la oposición? Cumple su papel docente. Cada partido de derecha tiene su Escuela de Cuadros, abierta todo el año. Con material escrito sobre sus temas argumentales, casi desconocidos en Venezuela. Y aparte el material de instrucción, para cuadros activos o en formación, para el público en general hay material de difusión, más ligero y breve, en Talleres y Seminarios, a cargo de las organizaciones cívicas que los partidos apoyan. Como las antiguas Iglesias cristianas, tienen su Catecismo largo y su Catecismo corto. ¿Cómo se va a aprender si no ...?

 

Ciertos catecismos liberales tocan puntos álgidos económicos, políticos e históricos:

-- instituciones privadas -empresas, escuelas, centros médicos y compañías de seguros- mediante las cuales las personas pueden atender las necesidades propias y familiares sin depender del Estado ... mejor dicho de las promesas del Estado;

-- el concepto de patrimonialismo, o la confusión de lo público y lo privado;

-- EEUU y Europa no son modelos ejemplares indiscutibles de sociedades libres;

-- globalización no es igual capitalismo liberal;

-- “tercera vía” o socialismo de Estado, híbrido engendro de socialismo y capitalismo;

-- conceptos de democracia y liberalismo, autoritarismo y totalitarismo;

-- el “neoliberalismo” de los ’90, un caso de falsificación doctrinal;

-- las libertades, la Biblia, los escritos de los Primeros Padres y la Escolástica;

-- el hegeliano Fukuyama, que no es liberal, y su cuento que el capitalismo es “históricamente irreversible e inevitable”. En la historia humana nada es irreversible e inevitable, salvo el pecado ...

 

# ... y Filosofía realista, marco propio de todo pensamiento de derecha, que viene en sus dos presentaciones: para ateos (y agnósticos), y para creyentes. ¿La diferencia? Para nosotros los creyentes, la necesidad de un Gobierno limitado se fundamenta no en el cálculo utilitario, sino en el carácter intrínsecamente pervasivo e insidioso del pecado. La religión cristiana y la judía desde antiguo enseñaron que el Gobierno es uno de los muros de contención contra el pecado y sus efectos más destructivos, que a su vez debe ser limitado, para corregir su tendencia al abuso. Y así también enseñó la religión musulmana, antes de ser su clero secuestrado (¿o sobornado?) por los estatistas. Marx veía en la religión un firme pilar de la economía capitalista; y en ese punto, razón le dieron los hechos: cuando el clero abjuró del capitalismo y abrazó el marxismo, le dio la victoria. El cálculo utilitario en cambio, sirve para justificar el socialismo. ¿No ha oído a Chávez repetir incansable la frase que Bolívar repetía de los utilitaristas, sobre “la mayor felicidad del mayor número”?

 

Si no hay partidos de derecha con visión de mediano y largo plazo, que eduquen en estos principios y los transmitan, nadie lo hará. (Claro, no se hace con marchas y pitos “en la calle” ...) Porque lo natural es que cada partido enseñe sus principios. Lo que no es correcto es el partido oficialista lo haga con recursos públicos como aquí! Pero eso no se remedia al modo estatista, con una ley de partidos políticos, sino al modo liberal, sin ley especial, y separando los partidos -que son asociaciones privadas-, del Estado, y que subsistan de puros fondos privados. Tampoco es bueno que los partidos opositores no enseñen principio alguno, por consumirse en el inmediatismo, o por carecer de principios casi todos.

 

# ¿Socialismo que funcione? La ausencia de debate ideológico ha llevado en nuestro país al predominio del socialismo, y a la coalición relativamente bien cimentada de izquierdas militares, religiosas y políticas (y económicas: empresarios contratistas y asociados al poder) que hoy manda en Venezuela. El socialismo gira aquí alrededor de un Estado que se supone redistribuye los ingresos petroleros en forma de beneficios a la población, siendo enseñanza y atención médica estatales los más reclamados. La protesta no es en favor de un cambio de sistema, sino en pro de un imposible: que el sistema funcione, una vez desembarazado de Chávez. “Gerencia pública” reclaman, lo cual es una sandez, porque la gerencia es inseparable del criterio de ganancias y pérdidas, que no lo hay en la administración pública, a diferencia de la privada.

 

¿Funcionar para quién? Es una demanda totalmente utópica e irrealista; ¡el socialismo jamás funciona, a no ser en provecho exclusivo de sus beneficiarios! Pero un delirante irrealismo predomina en Venezuela; no es de extrañar tan quiméricas pretensiones en tan fantástica política. Pero, ¿y qué significa “funcionar”? Tres tópicos apuntan los fervientes partidarios del sistema: “servicios” estatales eficientes -incluyen servicios impropiamente estatales, como enseñanza y medicina-; elecciones limpias; y administración honesta.

 

Ahora bien: malos servicios estatales, ventajismo electoral -sea o no con abierto fraude-, y corrupción abierta o más o menos disfrazada, son tres de las patologías inherentes al socialismo, e inseparables del estatismo que le es consustancial. Y por tanto son males endémicos en Venezuela, a más de otros  del mismo género, p. ej. la inseguridad personal y jurídica que genera el abandono de las funciones propias del Estado en procura de las impropias.

 

-- ¿Estado eficiente? No puede tenerse en funciones impropias. No puede un Estado ser eficiente comerciante, industrial, banquero, agricultor, médico, educador, promotor deportivo y de bellas artes, investigador científico, hermanita de la caridad y ductor espiritual. Con el agravante que se sobrecarga, y tampoco es eficiente juez y policía, soldado y diplomático, y contratista de obras.

-- ¿Elecciones limpias? ¡Imposible con un botín tan grande y sabroso!

-- ¿Y administración honesta? Idem caso anterior.

 

# Ventajas del silencio ideológico. Sin embargo, limitar la discusión a esos tópicos es muy útil a los políticos votomaníacos, sean de Gobierno o de oposición. Vea Ud.:

 

-- La promesa de Estado eficiente en menesteres impropios es un espejismo. Pues bien, sirve como espejismo, y esa es precisamente su función: la de anzuelo para atraer incautos.

 

-- ¿Y la demanda de elecciones limpias, el anhelo de democracia sin manchas, tan piadosa e ingenuamente abrazado? A los políticos votomaníacos les sirve para dirimir sus disputas acerca por el poder, dentro del sistema. Quien se deja atrapar en fraude abierto, sale del poder. Quien es hábil para abusar sin dejar traza ilegítima, sigue. La regla es clara: salvo trampa inocultable, todo vale.

 

-- ¿Y la no menos reiterada exigencia de administración honesta? Idem caso anterior: Quien se deja atrapar en su chanchullo, fuera. Quien es hábil para no dejar rastro, sigue. Es asunto de predador y presa. El Denunciante es el predador. El Acusado o pillado con las manos sucias, es la presa que una vez atrapada sale de juego. Los predadores siguen las huellas de las presas, las cazan, y hacen su carrera política sobre su sacrificio. No hay otra forma de carrera política.

# Soluciones. No digo que la eficiencia estatal -en las funciones propias del Estado-, la transparencia electoral, y la decencia administrativa, sean objetivos inalcanzables. Digo que son imposibles dentro del socialismo estatista vigente, no cuestionado por el grueso de la oposición. Digo que las soluciones son tres: Gobiernos limitados; economía libre; e instituciones privadas separadas del Estado. Y antes que nada: educación política.
















3erPolo

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