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Alberto Mansueti Venezuela confundida (I) ... Espejismo socialista y violencia |
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¿Por qué confundida? Entre otras
razones, porque en lo que dicen Gobierno y oposición hay partes de la verdad. ¿Cuáles partes? Las partes críticas. Básicamente
cuando el Gobierno dice “Lo de antes no sirvió”, es cierto. Y también cuando la oposición responde “Lo de
ahora sirve menos”. Pero entonces, ¿qué hubo antes? Socialismo relativamente moderado. ¿Y ahora? Socialismo menos moderado,
más definido y militante. No es unidad lo que falta a
la oposición, sino criterio. E informarse bien, y pensar; y tener algo de interés que decir. Líderes sobran, pero no abundan
conocimientos, realismo, claridad y precisión conceptuales para entender la naturaleza del socialismo, articular el Proyecto
alternativo de modo coherente y atractivo, y transmitirlo en mensaje capaz de convocar. La oposición tiene un año de plazo
para rectificar: 2005. O lo hace, o desaparece. Pero pocos opositores saben bien a qué se oponen, y cuál es la salida. Son
honrosas pero escasas excepciones: Quienes hoy lideran el Movimiento Liberal Resistencia Civil y un destacable grupo dentro del partido Fuerza Liberal, así como algunos de quienes
publican en el portal Venezuela Analítica . A ellos dedico esta serie de
tres ensayos, “Venezuela confundida”, aprovechando los días de descanso de Navidad 2004 y Año
Nuevo 2005, que espero sean de reflexión. Y también espero que estas páginas digitales mías contribuyan para clarificarnos.
De antemano pido disculpas si algo resulta ofensivo, no es mi intención. ¡Y felicidades a todos ...! No tiene sentido negar que
el Presidente Chávez es “de verdad de izquierda”, o socialista, o revolucionario. Por supuesto lo es. Todo socialista
es de izquierda, y el socialismo es el proyecto político de la izquierda. Revolución es lo que la izquierda
hace en el poder: socialismo, sistema de Gobierno “holista” (Chávez dixit); es decir, totalitario: que pretende
gobernarlo absolutamente todo. Ingenuo es suponer otra cosa y esperar algo diferente. La única explicación de esa esperanza
es que el socialismo predomina incluso en la oposición, y los padres de la criatura desean escamotear en algo su responsabilidad. Dicen los gringos que si un bicho
parece gallina, camina, huele, cacarea y come como gallina, ¡entonces es una gallina! Si este Gobierno parece socialista,
habla y se comporta como tal, con todos y cada uno de los defectos del socialismo, ¡entonces es socialista! ¿Hay que esperar
a que se quite el mote “bolivariano” y lo diga abiertamente? Para nada: en los ’80 el “sandinismo”
nicaragüense jamás aclaró su real identidad, tampoco ahora. El socialismo casi nunca se identifica; se declara “humanismo”,
“progresismo”, “democracia de verdad” o algo así. El peronismo argentino post-menemista también
es socialista, aunque no lo vocea; su bandera sigue siendo el “justicialismo social”, expresión que mal lo disfraza.
Los socialistas árabes de hoy se dicen islámicos, aunque sigan ateos como siempre. Y los terroristas irlandeses y
vascos siempre se han confesado católicos y sedicentes “nacionalistas”, y nunca proclamado abiertamente su socialismo.
Castro es diferente, y se le debe agradecer al menos que no nos confunde. El Muro berlinés fue derribado en
1989, y el sistema soviético fracasó y cayó. Pero no fue el fin del socialismo, sino apenas el comienzo de un cambio de disfraz,
de fraseología y ciertas formas. Hoy tiene nuevos ropajes, términos y otras formas. Pero no muchos lo entienden. La política
requiere investigar y documentarse En Venezuela, millones de
hombres y mujeres se vieron por vez primera involucrados en actividades políticas durante los tormentosos años 2001 y 2002.
Se motivaron por el deterioro de sus condiciones de vida y las del país, y una febril pasión por o contra Chávez, de intenso
y contagioso entusiasmo, pero muy desinformado y poco meditado, disculpe Ud. Muchas de estas personas ya se han desencantado.
Despiertan. Y la realidad que encuentran les disgusta. Entonces, el mismo sentimiento ciego que les impulsó a votar, a marchar
por calles y avenidas y a repetir unas u otras consignas y consejas, les impele hoy a abandonar un terreno para ellas tan
extraño y e ignoto ahora como entonces. Desertan. Algunas procuran evadirse mediante el humor, y se ríen de cosas
muy serias (aunque se toman en serio otras que son risibles, como las de la Nueva Era.) Mucha gente aún cree que el socialismo
es algo bueno. Otra, admite que ignora lo que es. Cabe humildad, para que aprendamos, todos; y comenzar por la pregunta: ¿Qué
es el socialismo? El socialismo
es un espejismo Una ilusión óptica, que algunos
ven como bonito y realizable en lontananza, pero inalcanzable al fin, porque no existe. Pero cuidado: no existen la
abundancia, la justicia ni la asistencia mencionadas en la promesa, que por ello es engañosa y confunde; aunque sí existen
toda suerte de miserias, cada vez más reales a medida que el socialismo se va concretando. Es menos sueño que pesadilla;
no es utopía sino distopía: una fea realidad, oculta bajo una quimera imaginaria. Es de crítica importancia -nos va la vida
en ello- distinguirlas y aprender a reconocer el socialismo como lo que es realmente. Una vez en en el Gobierno, el socialismo
nacionaliza (estatiza) la propiedad de los medios productivos, mediante confiscación, o bien solamente su gestión, mediante
órdenes y dictados. Pero este despojo no genera el reino feliz e igualitario de bienestar para todos que alegan sus partidarios
concientes o inconcientes; eso no existe ni puede existir como resultado de la colectivización. La realidad del socialismo
es lo contrario de su oferta: es pobreza, opresión, miseria y violencia. Es extrema infelicidad. Y abismal desigualdad entre
los poderosos y los sin poder. Los primeros disfrutan de las prebendas y ventajas del sistema, y por eso lo defienden a capa
y espada, lo propagandizan y apoyan; los segundos padecemos sus males. Mucha gente cree lo que las izquierdas le
prometen, y se desilusiona y frustra con lo que le entregan. En los años ’20, el economista
austríaco Ludwig von Mises escribió “Socialismo”, un libro que puso el espejismo al desnudo. Muestra cómo el socialismo
destruye los fundamentos de la economía, sin los cuales cunde la pobreza. Son éstos tres: propiedad privada; libre competencia;
y mecanismos de precios de mercado sin restricciones ni obstáculos. Operando como señales, los precios libres permiten a las
empresas privadas asignar eficientemente los recursos económicos, a fin de reproducir el capital, para crear y multiplicar
riqueza, y distribuirla mediante las compensaciones de los factores: sueldos y salarios, intereses y beneficios. Las compensaciones
llegan a las familias, el sistema natural y más efectivo de previsión y asistencia intergeneracional con que cuenta la sociedad.
Es esta la única fórmula de prosperidad general. “Justicia
social”, expresión equívoca Pero ya destruidas o minadas empresas
y familias, diluida la riqueza y empobrecidas las gentes, los socialistas exigen a voz en cuello la caridad estatal forzosa
a base de impuestos, a título de “justicia social”. Sin embargo, ese término no cabe en una sociedad libre, donde
no hay supremo repartidor que distribuya centralmente la riqueza que crean los productores. La expresión supone que la riqueza
es una torta que hacen el Estado o “la sociedad”, y que el Gobierno toma y reparte estilo mamá y papá. Despojo,
Destruccionismo y Parasitismo Mises muestra cómo el despojo no
deja nada bueno en lugar de la economía productiva y sana que destruye salvajemente desde sus bases, al igual que la familia,
la cual el socialismo aniquila alentando la disolución de las costumbres y el eclipse de los verdaderos valores morales. Propone
llamar al socialismo “destruccionismo”, para acabar con el equívoco; y sobre todo, con el fatal y trágico atractivo
que el espejismo despierta en personas carentes de juicio o educación suficiente, o con educación defectuosa. Pero desafortunadamente
Mises no tuvo éxito: la gente siguió y sigue confundida por las izquierdas. Y no crea Ud. que la educación formal dice siempre
la verdad; tampoco es la panacea para salir de la pobreza: ¡vea a la cantidad de los profesionales y técnicos desempleados! En los ’30, una filósofa ruso-americana,
atea pero lúcida, Ayn Rand, acuñó otro término para el socialismo: “Parasitismo”. Discípula de Mises, lo leyó
atentamente, y observó la realidad del colectivismo en todas las versiones de sus días: soviética; socialdemócrata; y ultranacionalista
o nazifascista, mal llamada de derechas. Encontró un elemento común: ninguna había destruido por completo el capitalismo privado.
Permitían subsistir algunas empresas de distintos tamaños y formalidades, sin ser despojadas enteramente, aunque todas muy
supeditadas y esclavizadas a las enormes y todopoderosas burocracias -estatales, sindicales y partidistas- que las explotaban.
Habían captado que de otro modo no habría productores de riqueza a quienes parasitar. ¿Para qué vas a eliminar al enemigo,
si puedes obligarle a trabajar para ti mediante impuestos? Es lo que se hace aquí, en la 5ta. República ... y en la 4ta. también! “Marxismo” es
la doctrina del socialismo, plan de trabajo de las izquierdas, y recetario de la revolución. En los ’80 apareció
un título con ese nombre, bajo la firma de Thomas Sowell, un académico norteamericano, conservador y negro. Pero el autor
fue benévolo: se limitó a exponer el pensamiento de Marx y Engels sin comentario. Más que el sin sentido de las teorías,
lo asombroso es que se han hecho las opiniones y forma de pensar de la mayoría de la gente acerca de las empresas, la vida
comercial, social y política, aunque de modo no muy conciente. Términos
asimétricos Precisar, definir y explicar los
términos y conceptos, es el único medio de acabar con las confusiones, y los terribles y amargos desengaños que les siguen
como la resaca a la borrachera. No hay otro. Los conceptos socialismo
y capitalismo p ej. son asimétricos, no comparables, por no ser homogéneos. No vale comparar una fantasía inexistente, pintada
de colores brillantes y bonitos, con las realidades existentes, las cuales son muy defectuosas, por encontrarse ya muy avanzado
el proceso destruccionista. Realidades que no obstante aún etiquetan como “capitalistas” -aunque
disten mucho de serlo-, a fin de achacar al capitalismo la culpa de todos los males causados por lo avanzado de la agenda
socialista. La comparación es engañosa. Y es duro decirlo, pero es la verdad: la gran mayoría de la gente es incapaz
de distinguir sistemas en abstracto, juzgar y comparar realidades entre sí y con los modelos, y conectar mentalmente los efectos
a sus causas propias, aún cuando los tengan delante, y mucho menos anticipadamente. Realidades
que sí podemos elegir: ¿Capitalismo
privado (liberal) o de Estado? Las realidades no son plásticas
y moldeables a voluntad, aunque la religión de la Nueva Era diga lo contrario en su literatura de “autoayuda”.
Hay planes y objetivos irrealizables como tales. El socialismo se traduce en capitalismo
de Estado. Capital es todo medio productivo, y es tan antiguo como la economía, a saber por las hachas de piedra y redes de
pesca de los primitivos. Por eso toda economía es capitalista, y no puede ser de otro modo; sólo cabe escoger el tipo
de capitalismo: si el capital es de propiedad individual o común. El sistema de propiedad privada es bueno aunque no perfecto;
el de propiedad común a algunos parece perfecto, pero es pésimo. El primero se llama capitalismo
liberal, y poco va quedando de él; el segundo, capitalismo de Estado, y se ha venido imponiendo en el mundo entero, a la callada
y aprovechando las confusiones, últimamente con mayor fuerza y empuje. La violencia
es intrínseca al socialismo ¿Es practicable el socialismo?
Claro que sí, como capitalismo de Estado. ¿Es bueno? Para nada. Despojados de los medios productivos sus propietarios -o de
sus derechos para gerenciarlos libremente-, sólo se crea miseria y servidumbre para todos, excepto unos pocos privilegiados
que disfrutan el poder y las prebendas anejas. ¿Y puede haber socialismo pacífico? Muy difícilmente. La violencia
-como la desigualdad- le es inherente, por varias razones: -- La gente no se deja despojar
tan fácil y pacíficamente de sus medios de producción, como demuestran buhoneros, y campesinos y productores agropecuarios
cuyas tierras son confiscadas. -- En el socialismo la desigualdad
es política, y las barreras más difíciles de franquear que la disparidad de riqueza en el sistema liberal. -- Entre los beneficiarios del régimen,
las pugnas por el poder y el reparto del botín son interminables, y a veces muy cruentas. -- Y si no hay derechas
políticamente competentes, el socialismo suele suscitar reacciones contrarias de tipo violento. ¿Y qué
es el comunismo? Según sus fieles partidarios, es
la finalidad a la que el socialismo tiende: despojo generalizado, propiedad común de todos los bienes y no sólo los productivos,
con supuesta desaparición del Estado. Peor que un espejismo, es un disparate y un crimen. Obviamente, nunca visto
e imposible de concretar. De ser practicable, sería un sacrificio cruel e inútil. Sin embargo, en nombre del espejismo
socialista, y de lo que se supone sería su término normal, incontable número de personas han sido masacradas en los
campos de exterminio por órdenes de Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Abimael Guzmán, Firmenich y tantos otros líderes de izquierdas. Y por Hitler, cabeza de
un régimen socialista nacional y no clasista, quien abjuraba del comunismo y aún de la izquierda, pero igualmente colectivista
y violento, cuyos métodos fueron calcados de Lenin. Y por favor: no se crea Ud. que el stalinismo es una desviación
accidental y fortuita ... Derecha:
lo que no es y lo que es Desde que Hitler y Stalin
rompieron su alianza, en 1941, las izquierdas catalogan al nacional-socialismo entre las derechas, con el propósito de desacreditarlas.
Sin embargo, es una falsedad. -- La Izquierda es la realidad
colectivista, aunque siempre disfrazada tras las aparentemente buenas intenciones. -- La Derecha no es lo que
dicen sus adversarios. Se basa en el principio individualista, opuesto al colectivismo: el primado de la persona
humana individual antes que cualquier colectivo, sea clase, etnia, nación o género. De acuerdo a este principio, todas las
personas humanas, de cualquiera condición, somos iguales nada más en nuestros derechos a la vida e integridad, libertades
y propiedades, únicos derechos humanos que los Gobiernos pueden y deben garantizar, y a ello deben limitarse. Con base y fundamento en este principio
individualista, la Derecha propone: -- En economía, libre mercado,
abierta competencia. Es el sistema en el cual los pobres pueden dejar de serlo, y enriquecerse mediante su trabajo
creativo y el buen servicio a sus clientes, el ahorro en una economía sin inflación, y la familia entera. La base del capitalismo
competitivo no es el egoísmo sino el servicio y atención esmeradas: a los clientes y usuarios, a los socios, empleados y trabajadores,
a los proveedores, al público. El servicio libre y voluntario es la única forma de hacer riqueza abundante; y se opone al
despojo. Inspirada en el egoísmo, la codicia busca echar mano de la riqueza existente, despojando por la fuerza a sus creadores. -- En política, Gobierno
limitado, tanto en funciones como en poderes y gastos, en primer lugar. Y en segundo, democracia -Gobierno por mayoría-,
pero limitada. Esto significa que la vida e integridad, libertades y propiedad individuales, no son materia sujeta
a votación. He allí el límite a la voluntad de la mayoría. Ambos postulados garantizan contra el despojo. -- Y en la vida social,
instituciones privadas separadas del Estado. Esta separación garantiza las libertades. Los empresarios,
el público y el Diccionario Político de la izquierda No siempre los empresarios suelen
ser los mejores o más consecuentes defensores de la Derecha, porque la libre competencia amenaza sus posiciones. Los
incompetentes se cobijan en esquemas colectivistas “proteccionistas”, que les aseguran ventajas monopolísticas,
en perjuicio de consumidores, trabajadores, proveedores y público en general, a los cuales explotan, al abrigo de sus buenas
conexiones con los funcionarios. Este socialismo “mercantilista” socializa las pérdidas y privatiza las
ganancias. Unos pocos empresarios oligopolistas aprovechan sus ventajas exclusivas para expoliar al máximo a sus víctimas.
Pero el remedio es la apertura del mercado a la libre competencia, y no el reemplazo de explotadores privados por
explotadores estatales. Los empresarios competitivos, y
la gente común, se dedican a sus negocios y oficios a sus familias, no a la política. Carecen de tiempo para estudiarla y
entenderla. La mayoría de políticos, periodistas, analistas y otros profesionales de la política tampoco la estudian, la aprovechan.
Y el gran público acepta el Diccionario Político escrito por la Izquierda; y por eso se confunde. ¿Cómo es
el Capitalismo de Estado? Como lo que tuvimos y tenemos: -- Gobiernos enormes e ilimitados,
multipropósitos, omnipotentes y despilfarradores; -- mercados y empresas nacionalizadas
o fuertemente intervenidas por los funcionarios estatales; -- e instituciones privadas como
centros médicos, hospitales, liceos y escuelas nacionalizadas, es decir, fusionadas y dependientes del Estado, o subordinadas;
y consecuente carencia de libertades en general ... aún cuando las libertades políticas sigan vigentes en su mayor parte,
para que las distintas facciones socialistas puedan decidir cada tanto mediante elecciones cuáles de ellas mandan y cuáles
obedecen. ¿Y el capitalismo
liberal o de libre mercado? Lo opuesto, lo que nunca tuvimos
ni tenemos: -- GOBIERNOS LIMITADOS.
Pequeños pero firmes donde deben serlo, en sus funciones. Son pequeños porque son limitados. La expresión Gobierno limitado
es preferible a “Gobierno mínimo”, confusa e inapropiada, por su connotación cuantitativa. ¿Cuánto es minimo ...? A) Limitados en sus funciones
propias específicas: provisión de defensa y seguridad, justicia y obras públicas; algunas de ellas a nivel local.
Y pueden encargarse de ayudar a los más pobres en materia de atención médica, enseñanza y previsión, sí, pero a través de
cupones, intercambiables por los servicios -educativos, médicos y previsionales- ofrecidos por las escuelas, clínicas y compañías
privadas, en competencia. No mediante provisión directa, que no da buen resultado. B) Limitados en competencias,
poderes y prerrogativas, permitiendo amplias libertades, y no sólo políticas; de trabajo, de tránsito y residencia,
económicas, financieras, de expresión, de culto ... C) Limitados en personal
y gastos. -- MERCADOS LIBRES.
Los Gobiernos limitados no constituyen un peso demasiado gravoso para la economía, y le permiten funcionar en un marco de
orden y legalidad sin inflación ni impuestos excesivos. Además, no la sobrecargan con entrabantes y asfixiantes regulaciones. -- INSTITUCIONES PRIVADAS
SEPARADAS DEL ESTADO. Es decir: empresas, escuelas, clínicas, medios de comunicación, etc. de propiedad privada,
y libres, realmente independientes. Es el postulado de separación de las esferas pública y privadas. El sistema
de la vida pacífica Se llamaba Gobierno limitado, y
es el único modo pacífico de vida social. Y cristiano. Dice p. ej. San Pablo en 1ª. Timoteo 2:2: “La autoridad
está para que todos podamos vivir en paz, tranquila y reposadamente”; o sea: para impartir la justicia de verdad
y reprimir las fechorías. Un Gobierno tal “debe ser obedecido y respetado”, escribe a los Romanos, cap. 13. Por
eso cuando el Imperio romano dejó de ser el Gobierno limitado que era en tiempos de Augusto, y los Emperadores populistas
comenzaron a exigir coactivamente el ser adorados como dioses, entonces Pablo y miles de cristianos dejaron de prestarle obediencia,
al punto de pagarlo con sus vidas. Las Cartas de Pablo y las Actas
de los Apóstoles muestran a los cristianos practicando la caridad voluntaria, mediante colectas privadas; y la propiedad común
de los bienes se ve como una experiencia excepcional, por cierto no exitosa, y por tanto no seguida ni aconsejable. Empero,
una gran mayoría de cristianos mal catequizados se han hecho socialistas. Entre otras razones, por la generalizada
confusión entre humildad, que es lo opuesto a la arrogancia, y la pobreza, lo contrario a la riqueza. De hecho las voces “humilde”
y “pobre” se han hecho sinónimos en el lenguaje ordinario. Por “una persona humilde” se quiere significar
pobre. Mencheviques
y bolcheviques Las izquierdas se dividen siempre
en dos corrientes en desacuerdo, distinción muy importante. Espero que nadie se moleste o sienta ofendido, porque son términos
técnicos. Y aunque provienen de los días de las revoluciones rusas de 1905, y de Febrero y Octubre de 1917, se han hecho universales
y permanentes: -- Los mencheviques son socialistas
moderados, democráticos, a veces cristianos, y creen sinceramente que el socialismo puede ponerse en práctica por medios pacíficos
y legales. -- No menos sinceros pero sí más
extremos, los bolcheviques en cambio sólo creen en la violencia: el socialismo debe imponerse, y eso es a punta de pistola.
O de cañón. No es que sea malo, dicen, sino que la gente se “aliena”, se opone y le da por resistirse,
y hay que usar argumentos contundentes, por su propio bien. Los inquisidores de los siglos XVI y XVII pensaban igual. La realidad nos muestra que la razón
asiste a los mencheviques sólo en el caso de las democracias desarrolladas -Europa occidental y EEUU-, donde el despojo es
poco a poco y sin sangre, bajo la etiqueta de Estado de Bienestar. Astronómicos impuestos y paralizantes regulaciones no traen
bienestar sino a los beneficiarios y prebendarios del sistema, pero, ¡ya se sabe las etiquetas no siempre reflejan los contenidos! Una de las confusiones de
la oposición venezolana es con Europa occidental y EEUU, países ya no
capitalistas liberales en sentido propio, aunque lo fueron en los buenos viejos tiempos. A cada queja de
la oposición sobre tal o cual abuso o desafuero del Gobierno, el oficialismo responde mostrando que lo mismo se hace en los
países desarrollados del Norte. Y la verdad es que pruebas no le faltan. Por eso es vana, ilusoria e ingenua esa
mesiánica esperanza oposicionista en una supuesta “comunidad internacional” que va a salvarles. Esos organismos
internacionales de la ONU, la OEA, la UE -y sus agencias dependientes-, están desde tiempo atrás infiltradas y controladas
por las izquierdas. ¿Cómo van a ir contra Chávez, si es de los suyos ...? La secuencia
inevitable En Venezuela gobernaron
los mencheviques hasta 1998. Los bolcheviques reinaban sólo en sus feudos, aunque muy importantes, como la educación y la
cultura. Y controlaban muchos medios de comunicación privados, ante las narices cómplices o ignorantes de sus dueños,
los que hoy ponen el grito en el cielo por la censura de prensa. Pero en 1998 los bolcheviques se hicieron con el
poder completo. Llegaron por elecciones, aunque por supuesto, armados. Con sus fusiles, cañones y tanques. ¡Y sus
buenas intenciones!! Fue el Octubre del 17 de Venezuela. Lo inevitable es que el
socialismo fracase. Aún en dosis moderadas. Y a la menchevique siempre sucede la otra facción, en
una segunda fase. Y llega al poder, cuando no hay fuerzas de derecha maduras y capaces de persuadir y convencer
anticipadamente a la opinión pública. Después, una vez el mal ya hecho, pueden las derechas incapaces intentar un golpe violento,
como en Abril de 2002; pero por lo general no tienen éxito, porque para un golpe de Estado se requiere lo mismo que
para una elección: partidos políticos bien organizados y coherentes. Si no los hay, ni pensar en golpe. Y si los hay, ¿para
qué golpe? “El sentido común tiene que servir para algo”, una de las pocas verdades que dijo el comunista
portugués Saramago a su paso por Caracas. (Por cierto, ¿hasta cuándo va a seguir la oposición negando que los comunistas
son comunistas ...? ) ¿Y no se
acabó el comunismo en la URSS y sus antiguos satélites? Hay una confusión. No fue sustituido
por el capitalismo privado, excepto quizá las pocas “zonas económicas especiales” chinas, que Pekín y el resto
de China permiten para explotarlas. El hegeliano Dr. Francis Fukuyama se equivocó de medio a medio, como en general los académicos
de las Universidades más acreditadas, que no son las mejores. Lo que hay en todas esas
naciones es caos y bandidaje -puro despojo-, bajo el rótulo que le sobreimprimen de capitalismo “salvaje”
-queriendo con ello decir que es liberal puro-, con la intención de desprestigiar al libre mercado. Pero lo que hay
son restos y ruinas reemparchados del sistema antiguo, del cual han quitado las estatuas, y ciertas modalidades y
estilos, que han renovado y/o cambiado por otros. Porque el capitalismo liberal necesita instituciones que deben ser
edificadas y respetadas; principalmente un sistema legal y judicial protectivo de los contratos y la propiedad. Y en esas
naciones no lo hay, ya que la tradicional y proterva desconfianza bizantina hacia el libre mercado les condujo al
sistema opuesto, que aparece cada vez que se va tras el espejismo socialista, tradicional o renovado. El Imperio soviético
nunca pudo someterse a una estricta centralización, y tendía a dividirse en feudos más o menos autónomos; ahora decididamente
las mafias y sus bandas armadas son casi por completo independientes, y luchan fieramente entre sí. Ciertas
palabras se emplean mal Se usan para descalificar al oponente,
pero no son términos propiamente peyorativos. Y eso confunde. P. ej. ser “radical” es revisar los asuntos o problemas
en su raíz; y ser “fundamentalista” es considerar ciertas verdades como base o fundamento de otras. En principio
nada hay de malo. Un “fanático” es un entusiasta de algo, como un equipo deportivo, un género musical o la cocaína;
puede ser malo o bueno, dependiendo de la afición. Ser “extremista” es malo sólo si damos por válido que toda
verdad es un término medio; lo cual es falso. Ser “dogmático” es malo si hablamos de irracionalidad, mas no si
aludimos a confesiones o profesiones formales y solemnes de credos religiosos. Glosario
muy necesario: Totalitarismo,
autoritarismo, etc. También se usan impropiamente ciertos
términos relacionados: -- “Consenso” es decidir
por unanimidad; y “democracia”, por mayoría. -- El poder es “autocrático”
si no es democrático, “autoritario” si es ilegal, y “totalitario” si es total. -- “Estatismo” es el
predominio hegemónico del Estado sobre la sociedad. El socialismo o capitalismo
de Estado es por naturaleza: -- Totalitario, con el Estado
que todo lo gobierna, o así lo pretende, excedido de la esfera pública. Lo contrario es un Estado limitado, que respeta
las esferas privadas. Pero “Estado” ya es una expresión totalitaria y destinada a justificar el totalitarismo,
suponiendo que el Estado todo lo incluye, hasta a nosotros mismos, lo cual nos sujeta al Gobierno, y nos hace obligados clientes
suyos. “Gobierno” es la expresión más neutra y correcta. -- Estatista, siendo el
Estado el instrumento de esa pretensión omnigubernativa que todo lo abarca y lo somete. Estatismo es prácticamente
sinónimo de capitalismo de Estado. Pero a la misma vez puede
ser: -- Democrático, si
cuenta con apoyo de la mayoría, como Hitler. -- Legal, y constitucional,
si tuerce el Derecho y manda al Parlamento a redactar y aprobar leyes torcidas, a su gusto y paladar, dando forma jurídica
a cuanto despojo, injusticia y tropelía se le antoja cometer. Como Hitler. Aunque el positivismo jurídico reinante
dice otra cosa, la Ley no es cualquier mandato dictado por quien detente el Poder Legislativo, por democrático que sea, sino
una regla de justicia objetiva. Por eso una ley inmoral o injusta no es tal, y no es obligante. La Ley (y el Derecho) es al
servicio de la Justicia; y el Gobierno al servicio de la Ley. Muy difícilmente hay forma
democrática y legal de gobernarlo todo; y por eso, de otro modo un Gobierno socialista también puede ser: -- Autocrático, si va contra la
opinión de la mayoría. -- Autoritario, si salta por encima
de las leyes y/o la Constitución vigente. La confundida oposición
venezolana tilda de autoritario y antidemocrático al Gobierno, que no lo es; es totalitario. Pero no inaugura
el totalitarismo en Venezuela; los Gobiernos a partir al menos de 1958 fueron cada vez más totalitarios y estatistas,
en tanto acentuaron el capitalismo de Estado, si bien “progresiva” y gradualmente. Y en forma democrática
y legal. Muchas gracias
por la amable atención de Ud., y seguimos en las próximas entregas: |
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