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Alberto Mansueti Venezuela confundida (II) ... La cuarta guerra mundial y la TV |
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Antes que nada, muchas gracias por estar allí. Y permítame una
memoria personal, por favor. De la lluviosa tarde del 31 de Agosto de 1993 en Caracas. La guardo entre mis
más vívidos recuerdos políticos. Fue cuando la clase media de la capital celebró ruidosa y etílicamente en los restaurantes
del Este la caída del Presidente Pérez, cuya separación definitiva del cargo acababa de decidir el Congreso. ¡Muchos
ex becarios Ayacucho! Con mis muy limitados recursos periodísticos, adversaba yo en
la prensa el “Gran Viraje” del ’89 por sus vacilaciones y contradicciones. ¡No era precisamente un Gran
Viraje!! Pero esas gentes carecían de proyecto político, y asimismo los medios de prensa que les alentaban. (La telenovela
“Por estas calles” prácticamente tumbó al Presidente.) Sólo abrían la puerta a los golpistas del año anterior,
que tarde o temprano llegarían al poder. Así lo publiqué en la prensa, y de inmediato me fue cerrado el acceso a los medios,
como años antes a la Academia. Aquellos jubilosos festejantes, incluyendo los empresarios
ya sin empresas, los “ayacuchos” desempleados y los quejosos medios, son hoy furiosos “escuálidos”.
Disculpen Uds., pero cuando los veo marchar con sus banderas y su rabia, confundidos como siempre, no puedo
evitar que me traigan a la memoria la lluviosa tarde ... El Presidente Chávez habla mucho de la Cuarta Guerra Mundial.
¿Cuál es? Veamos. -- La Primera (1914-18) fue un preludio a la Segunda ... -- Y la Segunda comenzó entre el Eje y Europa. Rusia Soviética
apoyó a Hitler según el Pacto de 1939, pero en 1941 cambió de lado, al ser atacada por Alemania. Esta Segunda Guerra
enfrentó a distintos esquemas colectivistas entre sí. Terminó con la derrota del socialismo nacionalista alemán,
italiano y japonés. Entonces, en 1945, el socialismo soviético ruso estaba en el bando ganador, junto con la socialdemocracia
anglosajona: New Deal roosveltiano de EEUU, y fabianismo de los laboristas británicos, neocelandeses, etc. -- Pero la violencia es inseparable del socialismo,
y enseguida comenzó la Tercera, enfrentando a los otrora aliados de la Segunda: agresivo bolchevismo soviético, versus
socialismo democrático occidental, a la defensiva. Se le llamó Guerra Fría, aunque no lo fue tanto, considerando
Berlín, Quemoy y Matsu, Corea, Vietnam, guerrillas de América latina y guerras africanas de Fidel. Pero pese a Vietnam, la
Tercera terminó en 1989 con la derrota del sovietismo y el triunfo de la socialdemocracia (que no es el capitalismo
liberal). ¡Claro! ¡Por fin le libró del embarazoso compromiso de tener
que defender una experiencia indefendible! Los países tras la Cortina de Hierro eran una viviente, vergonzosa y mugrosa
muestra de la realidad del socialismo. A la vista. De hecho el Muro de Berlín era el más poderoso argumento
contra el socialismo; ¡y ya no existe más! Antes de 1989, los marxistas de Venezuela, Cuba, Europa, EEUU
y el mundo tenían que hacer grandes esfuerzos y malabarismos intelectuales y propagandísticos para sostener sus tesis. Debían
buscar y esgrimir pretextos para justificar el fracaso. -- Entre 1917 y 1945 p. ej. toneladas de propaganda
no pudieron encubrir del todo el tremendo fiasco ruso, a la vista de quien quiso verlo y no cegarse; y la excusa
fue que no podía “edificarse el socialismo en un solo país”, por culpa del “cerco capitalista”. -- De 1945-49 a los tempranos ‘60, muchos países de varios
continentes -China entre ellos, los descolonizados, y Cuba-, adoptaron el socialismo; entonces se acabó ese pretexto, y hubo
que buscar otros: “el imperialismo”, el “bloqueo”. -- En los años de la Guerra Fría, las librerías de Nueva York,
Londres, París y el mundo entero se atiborraron de libros de izquierda, sobrados de pretextos teóricos “estructuralistas”
-y sesudas exégesis de los “Grundrisse”, unos crípticos escritos de Marx recién descubiertos, cual rollos del
Mar Muerto- para explicarnos lo que pasaba en la órbita de Moscú. Pero ya descargados del fardo soviético, los periodistas,
escritores, profesores, artistas y conferencistas de izquierda no pasan trabajo. En el mundo desarrollado y en el
subdesarrollado, siguen propagandizando la misma quimera, pero revestida bajo formas renovadas; sobre todo retocando
la jerga. La lucha de clases y el proletariado pasaron de moda, junto
al ateísmo racionalista de rancio corte materialista. Y eso de “pequeña burguesía” -no ofender a la clase media,
¡ahora que se hace socialista!- y otros malos recuerdos del “socialismo real”. Ahora los términos al uso son p.
ej. la “exclusión”, el “desarrollo sustentable” (o “endógeno”), la “equidad de género”,
y otros similares de la política correcta y posmodernista. Ahora es jolgorio. Sólo hay que batir el parche ecologista, feminista,
antiempresa, anticonsumismo, antiguerra, antiglobalización, indigenista y “multicultural” (aunque no tan “multi”,
dado el intransigente rechazo a la cultura cristiana.) Y lo de siempre: denunciar a grito pelado cuanto desastre, abuso
o “inequidad” real o supuesta aparezca en cualquier sitio del mapa -sea contaminación, cambio climático, guerra,
violación, tortura, pobreza, desnutrición, SIDA, comida rápida, fraude en las empresas, corrupción en los Gobiernos, fracasos
escolares, embarazos precoces, conflictos de pareja, lo que sea-; y echarle la culpa de todo al “capitalismo irrestricto”,
“global”, del cual queda muy poco en el mundo, pero eso es lo de menos. La fiesta para los seudointelectuales
y otros encumbrados activistas es ahora en Occidente: pura conferencia internacional, disertaciones, con publicaciones y premios,
jet y hoteles 5 estrellas para el turismo político. Con jugosos cheques de Fundaciones, Universidades, editoriales
y medios de prensa, organismos internacionales, ONGs y Gobiernos; y hasta Iglesias y denominaciones cristianas, comprometidas
hasta las narices en ... Neoizquierda versus USA. De un lado, el socialismo revolucionario
tercermundista de tres continentes, rama de la Neoizquierda en el mundo subdesarrollado (ex aliado de la URSS en la Tercera.)
Y numerosos movimientos y grupos que configuran la muy influyente rama en el mundo desarrollado. La Guerra es contra EEUU y sus cada vez más escasos
y reluctantes aliados. Y la Unión Europea ampliada -Rusia en primera fila-, con China,
tras los bastidores de las ONU y sus Agencias, alentando a la revolución en el orbe entero. Esperando que hunda a EEUU, a
fin de tomar ellos la hegemonía global e imponer el proyecto de extender la ONU hasta terminar de constituir el Gobierno Único
Mundial. Porque el pretexto ahora de los socialistas para justificar su fracaso, además del imperialismo yanqui, es que aún
“falta concretar la unidad de América latina y de los pueblos del mundo”! En esta Guerra, no menor papel cumple la TV mundial,
informativa y de entretenimiento, tipo CNN, Warner, Sony, etc. Pero que no le confundan a Ud., no es contra la Neoizquierda.
Un examen detenido de mensajes y contenidos que transmiten a diario informativos, entrevistas, documentales, series
y películas -en sus conceptos, paradigmas, valores-, los revela contra los negocios y el motivo de “lucro”
(quiere decir: logro) la empresa libre y la familia entera, el colonialismo y el imperialismo (el primero
ya no existe), y en pro del estatismo, la irracionalidad, el escepticismo relativista acomodaticio (incredulidad
selectiva), y el neopaganismo posmodernos. Los héroes de los telefilmes son siempre empleados estatales:
policías, bomberos, enfermeras, paramédicos, funcionarios, asistentes sociales, soldados (si son del lado correcto, claro).
Y por supuesto, las brujas y los espíritus. Los villanos son siempre empresarios o agentes privados, familiares cercanos de
las víctimas, religiosos, etc. Se exalta el altruismo y el sacrificio, sobre todo en los servicios públicos, para condenar
el interés propio. La razón siempre es descalificada, y el sentimentalismo glamorizado. Se aplaude y glorifica brindar,
pero no trabajar y producir, como si lo que se ha de brindar surgiese de la nada. Es igual con el cine de Hollywood,
peor que el europeo por ser más insidioso y oblicuo, y mucho más visto y popular. Y lo mismo pasa con diarios como New York
Times y Washington Post. Los chavistas dicen que un pensamiento único pretende imponerse, ¡y es cierto!, pero no en
favor del capitalismo. Todo lo contrario.
Bienvenidos
al siglo XXI
El proyecto oficial no está aislado, ni vacío ideológicamente.
Se inscribe en la ola de este megaproyecto mundial que recorre Europa y el globo. Y con mucho éxito, a juzgar
por la brutal eficacia del salvaje ataque a las Torres Gemelas comparada con los tropiezos de EEUU y sus vacilantes
aliados en Iraq. Y sobre todo, por la dispar maestría que los adversarios despliegan en el manejo de la propaganda
y la acción sicológica, terreno hasta ahora ampliamente dominado por la Neoizquierda. Vea Ud. cómo los ataques terroristas
del 11 de Marzo (2004) en Atocha cambiaron el curso del inminente proceso electoral español ...
Tomando en cuenta el terrorismo como
la típica expresión armada de la Neoizquierda, la Cuarta es mucho más bestial que las anteriores guerras mundiales,
que tampoco fueron juegos florales. Recordemos los viejos usos y costumbres de la guerra
civilizada: exigencia de una declaración formal; inmunidad de la población civil; debido trato a heridos y prisioneros; proscripción
de ciertas armas; respeto a las rendiciones y armisticios, y otras normas de igual espíritu humanitario. Estas prácticas
estuvieron vigentes más o menos desde la Edad Media con sus órdenes de Caballería, hasta su gradual debilitamiento, en las
Guerra de Crimea y Franco-prusiana del s. XIX, y la Primera Guerra Mundial. Pero recordemos que tales reglas fueron
un producto de la civilización cristiana; y el mundo posmoderno que vivimos es poscristiano, rebarbarizado. A la vista están
sus resultados: la guerra se ha vuelto carnicería; y la política una cochinada donde hasta el veneno ha reaparecido
(y no la daga porque deja marcas más visibles.) “Por sus frutos los conoceréis”.
(Mateo 7:16.) Las religiones monoteístas -judaísmo, cristianismo y
auténtico islamismo-, prescriben límites morales rigurosos. No inducen p. ej. en sus creyentes la adoración al Estado
y el endiosamiento de sus líderes -causas de las guerras, imperialismos y otros males-; a diferencia de las religiones
neopaganas, animistas, panteístas o politeístas, puras o sincretizadas. El conflicto no es en favor o contra de “los valores”,
sino a favor de los valores colectivistas y totalitarios que exaltan a los Estados y sus hazañas, o en favor de los valores
opuestos. Ideario
y política de la Neoizquierda La versión socialista “aggiornata”, el neo-socialismo,
es la sumatoria de: -- el viejo antiimperialismo leninista, ahora anti-libre
comercio, globalofóbico, anticonsumista y antifinanciero; -- el marxismo ya no leninista sino gramsciano,
para la clase media: de “sociedad civil”, “participación” (en el socialismo) y partidofobia; -- ecologismo, feminismo, racismo indigenista, y todos los otros
ismos “políticamente correctos” ... -- filosofía irracional posmodernista -“deconstruccionismo”-;
y la nota “espiritual”: religión New Age -o en su defecto, izquierda religiosa-, que son las
ideas de segundo y tercer pisos en esta arquitectura conceptual. -- Y por supuesto el “antiimperialismo” o antiyanquismo,
que a los Gobiernos tipo Chávez -Castro, Gaddafi, Mugabe, etc.-, les excusa su ineficacia, la obvia ineficacia
del estatismo. Es inmensa la red de organizaciones al servicio de esta
política transnacional, regada por abundantes dineros procedentes de diversas fuentes gubernamentales y no gubernamentales,
incluyendo entes de la ONU y otros internacionales que controlan. Afianzado Chávez en el “frente interno”
con su arrebatado mesianismo social, en lo externo pertenece a este vasto movimiento mundial de carácter global. Es más: pretende
comandarlo, como legítimo heredero del cetro mundial de Fidel Castro. Y lo logra, en tanto no aparece otro con mayores credenciales
en el horizonte planetario. Y en tanto la oposición venezolana persiste en ignorar las nuevas realidades de los mapas
ideológicos y políticos del siglo XXI, y en tomar a Chávez por un atrasado y provinciano caudillo militar del XIX venezolano.
No lo es. Que me disculpen, pero atrasada y provinciana luce la oposición. Y desinformada. Todos necesitamos actualizar conceptos: -- Globalización significa comercio global, mas no libre;
los Gobiernos siguen imponiendo trabas como siempre, aunque cambian las viejas por las nuevas. -- Bloques económicos tampoco significan libre comercio.
El libre comercio no requiere asociaciones ni tratados; cuando un Gobierno lo quiere de veras para su país,
lo decreta unilateralmente, y en tal caso el estatismo e imperialismo de los Gobiernos de EEUU y países del Norte
lo pueden estorbar, pero no siendo los únicos mercados en el mundo, no pueden impedirlo universalmente. -- Los bloques políticos tienen propósitos políticos,
como amarrar votos en la ONU, OEA, etc. -- Los tratados “de integración” son retórica;
el comercio sigue atado, mediante las cláusulas de excepción y “temporales”, y de salvaguardia, y largas
listas de “productos sensibles” en la letra pequeña de los Anexos. Eso sí, hay empresas estatales, y planificación
económica estatal, y hasta redistribucionismo estatal ... ¡todo multinacional! Los bloques son el socialismo
a escala transnacional, la versión neoizquierdista (actualizada) del “internacionalismo proletario”. -- Y por fin, el imperialismo existe, claro que sí;
sólo que no es una fase superior del capitalismo, como lo definió Lenin, sino del estatismo,
como lo definió Mises. Imperialista es un Gobierno por lo general tan estatista, que no sólo se entromete en la vida
privada de sus nacionales y residentes, sino que además pretende hacerlo también con quienes habitan fuera de sus fronteras;
caso Gobierno EEUU. Claro, el imperialismo de EEUU es tomado como pretexto por el socialismo para justificar la inoperatividad
de su receta como remedio -desde los días de Lenin-, aunque sin embargo calla ante el imperialismo de la
ONU. ¿Antichavismo, oposición o “disidencia”? El anticastrismo lleva casi medio siglo sin otra ambición
que sacar a Fidel, modesto objetivo que no concreta, pese al apoyo masivo de EEUU, e intentarlo por absolutamente
todos los medios. Al proyecto socialista, la oposición cubana ha sido incapaz de oponerle el otro proyecto, realista
y viable, y de la misma fuerza motivadora pero de signo contrario: el capitalismo liberal. El anticastrismo se quedó
siempre en eso: puro anticastrismo. Y así le fue. De modo semejante, la oposición venezolana no se opone
lo suficiente; no convoca al Proyecto opuesto, y por eso carece de convocatoria. De allí el abstencionismo. Y de
allí los desesperados intentos oposicionistas por ayuda externa, una vez secas las fuentes de apoyo interno, sin entender
que vive en un mundo cada vez más amable con el colectivismo y más hostil con sus adversarios. La única salida exitosa para la oposición pasa por no
eludir el compromiso de confrontar al Gobierno en el campo de las ideas y de cara al público. Contrastar al oficialismo con
el Proyecto alternativo, completo, desde su contenido ideológico propio. No un mero antichavismo, ni otra reedición
del socialismo “democrático”. Lamentablemente los jefes opositores no parecen comprenderlo. El colmo: se dejan
llamar “disidencia” en vez de oposición, como admitiendo que todos aceptamos el marxismo! En 1994, el Presidente Caldera propagandizaba su Agenda Venezuela
-proyecto a medio camino entre lo tradicional y algo un poquito más “neo” liberal-, cuando Chávez salía de la
cárcel. ¿Qué hizo Chávez? ¿Se limitó a criticarla? No. Le opuso un proyecto alternativo de cara al público, más de izquierdas,
que bautizó como Agenda Alternativa Bolivariana. La oposición es hoy incapaz de hacer algo equivalente, para atraer y seducir
a los abstencionistas, y a no pocos chavistas. Debería describir y explicar objetivos políticos más amplios. Lo primero, clarificando
diferencias entre socialismo y capitalismo (y estatismo), y entre capitalismo de Estado y liberal (y democracia); y entre
el verdadero liberalismo y el mal llamado “neo” liberalismo de los ‘90, o la continuación del estatismo
por otros medios. La otra cosa que el Presidente Chávez hace con mucho éxito es
contarnos un “relato”, como dirían los posmodernos. Es decir, una versión o interpretación de la historia más
o menos reciente, nacional y mundial. Con sus buenos y sus malos. ¿Por qué la oposición no cuenta su propio relato,
señalando entre los culpables de la tragedia nacional a las izquierdas? Aclarando previamente que Izquierda no es “un
mundo mejor”, y Derecha no es el nacional-socialismo. Materia no le faltaría. Debería comenzar por contar ... ¿Cómo fue que empezó todo esto? En los ’60 y ’70, cuando el partido Copei
renunció a su puesto en la derecha del el espectro político, en defensa del orden, de la propiedad, la empresa y
la educación privadas, del libre mercado y la libre iniciativa, y de los valores permanentes del trabajo, la religión y la
familia. Copei abdicó temprano su misión histórica, política y pedagógica,
prefiriendo la comodidad de la centroizquierda. Duplicó la oferta de AD: estatismo, populismo y clientelismo, encubiertos
bajo las banderas de la “verdadera” democracia, y su agenda de “derechos humanos”. Estos “derechos” constituyen interminable lista
de bienes y servicios que se supone un “Estado Social” debe dar gratuitamente. ¿Y por qué? ¡Aaah! Porque “Venezuela
ha suscrito compromisos internacionales”. ¿Qué es eso? Farragosos y confusos Convenios y Acuerdos, Protocolos
y otros Documentos, urdidos en los cientos de Congresos y Reuniones de “expertos” y cumbres -mundiales
y regionales, ordinarias y extraordinarias-, que las burocracias internacionales tienen cada año. Es
la agenda de las izquierdas -viejas y nuevas- al timón de la CEPAL, FLACSO, UNESCO, FAO, OMS, PNUD, UNICEF, OIT y
toda la parafernalia. Cada Documento internacional incluía otra ley estatista
y disparatada que el Parlamento venezolano sancionó obediente. Desde los ’70 y ’80 los socialistas -cristianos
y no cristianos- encontraron en los “derechos humanos económicos, sociales y culturales” una forma muy
exitosa de resumir y a la vez encubrir su agenda. Multiplicaron así las leyes malas, que incrementaron las funciones y los
poderes de los Gobiernos, y sus gastos, reduciendo el espacio de las esferas y presupuestos privados. Muy influido
por las modas del exterior, y olvidando que la izquierda es peligrosa aún moderada, Copei se sumó a esta corriente, junto
con AD, el partido de semi o centroizquierda, donde el pensamiento “social” ya era manifiesto. Por supuesto que como consecuencia de políticas, leyes
y medidas cada vez más izquierdistas, la gente se empobreció, y quedó a merced de la inflación y demás impuestos, de la pobreza
y la miseria, acompañadas de la destrucción familiar, y últimamente del hampa, al carecer de un Gobierno limitado encargado
de la policía y la justicia. Pero entonces como siempre y en todas partes la izquierda culpó “al capitalismo”
y exigió “medidas más avanzadas” ... o sea, ¡más opresivas y empobrecedoras! Así todos perdimos. Perdió Venezuela su soberanía, los
venezolanos nuestro futuro, y el partido Copei su identidad propia y natural. Y la derecha perdió
representación. Entonces el debate ideológico quedó desierto por abandono. AD y Copei se convirtieron en “maquinarias”
desprovistas de ideas -salvo las de redentorismo social y distribucionismo-, perdiendo aceptación y prestigio, y por consiguiente,
influencia. Así no hubo competencia para el masivo y paciente trabajo
de adoctrinamiento socialista marxista en Universidades, Escuelas militares y Seminarios teológicos, el cual rinde ahora sus
frutos al oficialismo. Porque el espectro político quedó truncado e incompleto: dos fuerzas de centro izquierda,
y muchas otras de izquierda neta y más extrema. Las dos primeras fueron señaladas como “la derecha” por las otras;
nadie aclaró esta confusión, y se añadió al mar de confusiones. En Venezuela y América latina. Con tremenda fuerza. Y
no es cierto que los Presidentes de Argentina, de Chile, Brasil, Bolivia o Paraguay sean menos marxistas, más moderados
o más “democráticos” que Chávez. Ideológicamente son como Chávez. Y si no van más lejos,
es porque en cada uno de sus respectivos países se lo impide una Derecha inteligente y eficaz,
como no la hay en Venezuela. Uruguay se ha sumado a la lista, y sigue México. El fracaso del “neo” liberalismo
(que tampoco es el capitalismo
liberal) Cabe explicar también un factor muy importante: en
los ’90 las reformas supuestamente de mercado fueron muy mal concebidas y peor practicadas por Gobiernos inspirados
y asesorados por el FMI, el Banco Mundial, y las Universidades a ellos asociadas. Fracasaron; y entonces, ya en este
nuevo siglo, la izquierda tomó el relevo. Entre otros muchos, hubo 5 errores garrafales, determinantes
del fracaso del “neo” liberalismo: 1) ESTADO ILIMITADO. No redujo drásticamente
sus funciones. Este fue un error de concepto, el más grave, y padre de los demás. No se conformó con ser
legislador, juez, policía y soldado, diplomático y contratista de obras. Quiso seguir como educador, médico y odontólogo,
promotor deportivo, científico y cultural, y ductor general de la sociedad. Y en lo económico, apenas aceptó cambiar en algunos
casos su rol de propietario de empresas por el de gerente y director general. Como consecuencia, no aceptó reducir
sus competencias, poderes y prerrogativas, ni su tamaño. Ni la cuantía de su personal, al que sólo asignó otras funciones,
a veces más exigentes. 2) FINANZAS EXCEDIDAS. En consecuencia no se
redujo el gasto estatal, y tampoco cesó el endeudamiento público; ¡todo lo contrario! (El capitalismo se
basa en el ahorro, no en el crédito, como los marxistas nos dicen.) Para mantener e incrementar el nivel de recursos exigido,
el obsoleto impuesto inflacionario fue parcialmente reemplazado por el endeudamiento sistemático, el impuesto a las
ventas, y otros tributos complementarios, económicamente menos destructivos aunque más costosos en términos de recaudación.
P. ej. los aranceles fueron sustituidos por los derechos antidumping. Como resultado, la presión tributaria subió exageradamente. 3) PRIVATIZACIONES FISCALISTAS. En consonancia,
las privatizaciones fueron fiscalistas, para capitalizar a los Gobiernos, y no a las gentes (personas y empresas
privadas). De este modo, sólo grandes empresas y enormes consorcios internacionales pudieron pagar los altos precios exigidos
en las licitaciones. Y eso, apalancados por grandes Bancos. Después, los adquirentes trataron de recuperar sus multimillonarias
inversiones aplicando elevadas tarifas y precios a unos usuarios y consumidores tan pobres como antes. 4) DICTADURA DE LOS REGLAMENTOS. Los antiguos
monopolios estatales se hicieron privados, pero sin dejar de ser monopolios. Las empresas privatizadas fueron entonces
sometidas a las exigencias de minuciosas reglamentaciones, y no a la racional disciplina de la dura y libre competencia. Muchos
viejos mastodontes burocráticos pasaron de empresas industriales o comerciales a agencias reguladoras. Enseguida,
y para justificar las abultadas nóminas clientelistas, el sistema de reglamentos y burocracias se extendió desde el
ámbito de las empresas privatizadas a toda la vida económica y nacional, sofocando a las fuerzas del mercado.
Así por ej. los controles de precios fueron reemplazados por las leyes Proconsumidor y Procompetencia,
y se introdujeron costosas leyes ambientalistas, y nuevas laborales, “de género”, de la niñez, discapacitados,
etc. La presión reglamentaria también subió exageradamente. 5) ESTATISMO HACIA AFUERA. El viejo modelo
cepalista de sacrificar el Estado a todo sector exportador en pro de los productores para el mercado interno, se cambió por
el opuesto: sacrificar el Estado a todo productor para el mercado interno, en pro de cualquier sector exportador ... Pero
siempre con el Estado al mando. Se llamó “crecimiento orientado hacia el exterior”. Cambiaron los objetivos
de la planificación económica, pero esta permaneció. Cambiaron los sectores protegidos, pero el proteccionismo siguió en pie. Y el clima ideológico empeoró las cosas. La economía
ortodoxa no es “Macro”; es la de Viena, no la de Chicago. Compagina con el Gobierno limitado, no con
la política “correcta”; y con la filosofía realista de base aristotélica, no con el positivismo, pragmatismo,
escepticismo-relativismo o utilitarismo. Y no se confunda: la Filosofía es muy importante para la vida diaria. En resumen: los cambios “neo” liberales
fueron pocos y mal concebidos. No idóneos y/o insuficientes para sus fines declarados de traer desarrollo y prosperidad
para todos, o al menos para una buena mayoría, aumentando las oportunidades disponibles. ¿Hubo beneficiarios? Sí, muy pocos.
El resto siguió tan pobre como antes o más. Lo cual generó malestar y descontento, que las izquierdas simplemente
recogen, y aprovechan para sus fines: conquistar el poder y conservarlo. Para colmo de males, ya desde los ’80 los medios
informativos emprendieron una campaña de descrédito contra los partidos, que afectó exclusivamente a AD y Copei,
más comprometidos con los avatares de Gobierno. No les acusaron por lo que eran, estatistas y socialistas, sino que
se dejaron enredar en las acusaciones típicas de la izquierda: contra la corrupción, clientelismo, centralización e ineficacia,
responsabilidad por la deuda y la pobreza, etc. Sin entender que todas estas manifestaciones son simples consecuencias
del estatismo y el socialismo. Muy desarticulados ideológicamente e incapaces de responder, ambos partidos AD y Copei
se debilitaron y sucumbieron. Y el vacío se llenó ahora con los militares -ya “concientizados” sus oficiales
y suboficiales-, y sus antiguos enemigos de los ’60: las viejas izquierdas por entonces insurgentes,
después “pacificadas” en los ‘70, y ahora revitaminizadas luego de la implosión de AD y Copei. La
nigerización de Venezuela Es urgente discutir públicamente sobre la alternativa al proyecto
marxista. Porque Venezuela corre hacia su nigerización. Con todo respeto, pero Nigeria es un país petrolero, muy socialista,
tercermundista, estatista y muy pobre. Diezmado por cruentas y periódicas guerras civiles (de alta, media y baja
intensidad) que los medios informativos atribuyen erróneamente a las divisiones tribales y/o religiosas, pero que
se deben a una democracia muy “participativa”: todos los nigerianos aspiran y esperan “participar”
en el botín de los ingresos petroleros -controlados por el Estado- sin importar las armas y los instrumentos empleados. Claro, para esta discusión se necesitan en Venezuela medios
de comunicación objetivos. Y si no los hay, tendrá que ser por Internet y mediante reuniones. Y fotocopiadoras. Así como las Fuerzas Armadas no pueden sustituir a los partidos
y cumplir sus funciones, tampoco los medios, entre otras cosas, porque deben ser objetivos. Lo cual
no se logra con leyes represivas, sino abriendo los mercados de la información y comunicación, para que los medios
se multipliquen en competencia. Porque cuando los medios no son objetivos y toman partido, su credibilidad disminuye.
Por eso se observa en la población que los oficialistas creen en “sus” medios, los opositores en los “suyos”;
y un inmenso y creciente número de venezolanos, en ninguno. Casi todos han perdido audiencia, transformados en órganos
de capilla, dirigidos a sus respectivos coros de acérrimos fieles. Pero no al grueso de la población, a Dios gracias todavía
no demasiado comprometido con los unos ni con los otros -lo cual expresa en la abstención electoral-, y es casi el único dato
que permite ser optimista en ambiente tan enrarecido. Muchas gracias por la amable atención de Ud. ¡Hasta la próxima
si Dios quiere! Ensayo anterior: El siguiente y último: ¿QUÉ VA A PASAR CON LA OPOSICIÓN EN EL 2005? (III) |
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