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Alberto Mansueti

Venezuela confundida (III) ... ¿Qué va a pasar con la oposición en el 2005?














Alberto Mansueti





3erPolo
















“...la mayor parte de los que dicen ser “la oposición",
no se han sumado en el esfuerzo político por impulsar, ideas, propuestas y proyectos,
tan revolucionarios, como diametralmente opuestos a los de la revolución chavista..." 
Guillermo Rodríguez G.

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Muchas gracias por seguir allí. ¿Seguimos comentando sobre la oposición y su futuro ...?

 

En su base, la oposición se compone principalmente de la clase media, sobre todo de Caracas. En estos días afectada por una crisis de desmotivación y desactivación o desmovilización política. Que es general, y aqueja también al oficialismo, aunque en menor grado, por su adoctrinamiento y encuadramiento cada vez más intensos, en previsión de una eventual caída del ingreso petrolero.

 

En su dirigencia, la oposición se compone de:

 

-- izquierdas que no caben en el Gobierno por demasiado inútiles -muchas lo demostraron en su paso por el bando oficial-; y/o por insuficiencia presupuestaria. Los pobres se conforman a su pobreza, aún con bajos ingresos petroleros, si son bien adoctrinados. Pero por cuantioso que sea, no hay petróleo que aguante las desaforadas ambiciones de tanta gente de izquierdas!

 

-- restos, desprendimientos y clones de los viejos grandes partidos AD y Copei;

 

-- medios de prensa (al menos por ahora);

 

-- empresarios y banqueros cada vez más prestos a cambiar de bando; y creativos publicitarios que ojalá lo hagan, y pronto, ¡porque son muy malos!, disculpe Ud. Y aún si fuesen buenos, la propaganda ideológica y política trasciende sus horizontes profesionales.

 

La oposición no convence

 

Porque no argumenta. Y no puede, porque concientemente o no, casi todos los opositores son de izquierda, cualquiera sea su edad.

 

-- De los viejos, algunos, los más, de forma conciente y declarada. Otros, un puñadito, un tanto avergonzados -mas no siempre arrepentidos-, ya no se autoidentifican expresamente con la izquierda; pero para nada se han familiarizado con las ideas opuestas, que desconocen y adversan. Así que mal pueden defenderlas, ni unos ni otros.

 

-- Y los confundidos dirigentes más jóvenes desconocen el ABC de la Economía Política, y su torpe pragmatismo, sumado a la inercia ideológica del país, les inclina a la izquierda, aunque no siempre de manera conciente.

 

Por eso la oposición es ineficaz: su mentalidad y sus ideas son de izquierda, como las del Gobierno, ... ¡o no tienen ideas en absoluto!! Algo peor aún que un Gobierno socialista es una oposición que también lo es. Tiene demasiadas semejanzas con el oficialismo. Son como mellizos; sus diferencias se reducen a quién manda. Coloquialmente: “Quítate tú pa’ poneme yo.” La oposición cuestiona sólo detalles, aspectos secundarios, no la gran cuestión: el socialismo. Y tiene el 2005 para corregir su rumbo; de otro modo irá desapareciendo, en tanto sus personeros se vayan plegando al Gobierno, o silenciando. La parte buena de esto es que podría significar que no tendríamos violencia abierta y desnuda; mas no es nada seguro.

 

Violencia

 

Porque con el bolchevismo, y las torpes reacciones de la dirigencia opositora, llegó a Venezuela la violencia otra vez. En los ’60 ya se ensayó en este país. La violencia es antitética a la persuasión, la manera civilizada de convencer, que no es igual a vencer. Vencer es someter, por las armas o los votos; convencer es persuadir.

 

La violencia es connatural al socialismo. Los intercambios libres son pacíficos porque son voluntarios; el socialismo se basa en el despojo, en un verdadero “intercambio desigual” (¿remember Emmanuel, aquel autor marxista?) determinado por la fuerza, o la coerción, que es la amenaza de usar la fuerza. Como la corrupción, la violencia es consecuencia propia e inseparable del socialismo, que los bolcheviques asumen más abiertamente, en lugar de la hipocresía menchevique. La prensa y la censura de prensa nos brindan un caso muy ejemplificador de este panorama.

 

Los medios, los marxistas y la clase media

 

Es lamentable la partidización de las televisoras nacionales. Las estatales y paraestatales transmiten “en exclusiva” el proyecto oficial. Y las privadas, los gritos histéricos en contra, pero sin crítica racional ni proyecto alternativo. Y todas enzarzadas en la interminable y agria discusión emocional sobre quien disparó, o lo hizo primero, o quien puso o activó tal o cual bomba o artefacto explosivo ... y quien reunió mayor número de personas en las marchas, o en las votaciones. O quien fue o no fue a tal o cual cargo. En las radios, el ciego faccionalismo hacia uno y otro bando es algo menor, pero en las Páginas Web es muchísimo peor. Y los diarios grandes (que no grandes diarios) se hacen eco de la gritería y el sentimentalismo plañidero. Que tal vez disminuya en algo por el cansancio de tanta agitación, o el desencanto de tanto fracaso. O por la Ley de Contenidos y otras leyes represivas, ¡pero ese remedio es peor que la enfermedad!

 

¿Es de extrañar la falta de objetividad? En las escuelas de comunicación, sus profesores enseñaron por décadas la doctrina marxista de que es imposible la objetividad (apego a la verdad), y a lo más que puede aspirarse es a la imparcialidad (desapego a las facciones en pugna), y eso con muchísimas dificultades. ¡Y ahora los viejos profesores marxistas reclaman objetividad! Como tanto marxista inconsecuente en la oposición. Y los opositores se espantan y rasgan sus vestiduras viendo en las filas chavistas a muchos de sus antiguos “héroes informativos”! Como p. ej. el actual Vicepresidente, y varios otros jefes oficialistas, y los del Canal 8. ¿Ahora se dan cuenta de que han sido y son simplemente marxistas consecuentes toda su vida? Aclaremos: el equivocado consecuente merece mucho respeto; y más aún quien advierte su error y declara su cambio. Pero no siempre el que calla -y “se refugia en lo cotidiano”, o sea, deserta de la izquierda, o aún de la política, pero con lavado de manos-; y definitivamente no el inconsecuente.

 

Radios y televisoras

 

Los mencheviques, conforme a su temperamento, no insistieron en llevar el socialismo a sus últimos extremos, y se contentaron con el sistema de licencias. Pero la prédica bolchevique insistía, ¡y cuánto! P. ej., la amenaza de censura en radio y TV, latente al menos desde el Proyecto RATELVE de los ’70, reeditado desde entonces en varias ocasiones. Y defendido a por la turbamulta (sin ofensas: literalmente “inquieta muchedumbre”) de periodistas y comunicólogos de izquierda ... hoy opositores a la Ley de medios! En su momento, los pocos que lo denunciamos fuimos tachados de extremistas de derecha, y descalificados por los mencheviques gobernantes, hoy opositores. Y por los mismos dueños de medios, a quienes hoy por fin les llegó el lobo.

 

Los dueños de medios se conformaron siempre con las licencias, porque les aseguraban posiciones oligopolísticas muy disfrutadas, como ese tan grande presupuesto publicitario para tan pocos beneficiarios. Por eso sus televisoras no interrumpen la programación para transmitir publicidad, sino que interrumpen la publicidad para transmitir programación. Y por eso los exorbitantes precios de la publicidad, y la información muy poco objetiva, y los programas abominables. Pero, ¿qué otra cosa cabe esperar de un sistema oligopolista? Los precios accesibles, y la buena calidad, son siempre frutos de la libre y abierta competencia, que es el verdadero remedio, y no el control gubernativo. Por supuesto, los pocos que criticamos el sistema de licencias fuimos siempre descalificados como derechistas.

 

Debilidad argumental

 

Hoy la oposición no cuestiona una ley reguladora en sí, consecuencia lógica del sistema de licencias, que tampoco objeta. De la ley sólo cuestionan ciertos aspectos: exposición de motivos (que si los niños, que si las niñas), mayoría parlamentaria requerida para aprobarla, composición del ente regulador, monto de sus multas y lapsos para apelarlas ... Así pierden de antemano.

 

No enfrentan por la calle del medio a la figura estatista de licenciatarios regulados, ni propician la plena libertad de emitir señales y contenidos. La apertura o libertad de entrada al mercado produciría libre competencia de verdad, y un súbito aumento en cantidad y variedad de empresas y estaciones de radio y TV, con más diversidad y calidad de programación para elegir el público, y sin regulación estatal. Se produciría la natural diversificación y segmentación propia de los mercados libres, con contenidos para absolutamente todos los gustos y apetencias. Pero nada de esto dice la oposición. (Y menos el Gobierno.)

 

Por supuesto su caso es débil, por inconsistente: si admite que las frecuencias son propiedad del Estado otorgante, y las empresas simples licenciatarias o concesionarias, ¿cuáles argumentos va a oponer a las reglas draconianas? Como siempre, los derechistas teníamos razón. Y como vimos en el primer ensayo, hay una secuencia inevitable: los mencheviques fracasan, siempre, y después llegan los bolcheviques. Y con ellos, la violencia.

 

Una causa adicional de violencia política

 

Es la falta de discusión ideológica. Cuando callan los argumentos, hablan las balas y gritan las bombas. Es una ley natural de las sociedades que si la civilización retrocede, la barbarie asoma su descompuesto rostro de intolerancia, odio, violencia y muerte. Pero, ¿quién es responsable por no debatir las ideas? Hay una disparidad: el Gobierno manifiesta a voz en cuello y de modo más o menos claro su ideología, y su modelo, mas la oposición sólo dice que no a Chávez -y no siempre al modelo-, rehusando una definición positiva y consistente de signo contrario. Ha tenido y tiene a su disposición los medios privados de prensa, al menos hasta ahora. Ha podido explicarse bien. Pero no sale de las vaguedades, como la defensa de la democracia y los derechos humanos.

 

¿Qué es democracia?

 

Se queja la oposición por la falta de consenso; pero democracia no es consenso, ¡es lo opuesto! Consenso es Gobierno por unanimidad; y democracia, por mayoría. La democracia es el remedio inventado para suplir la falta de unanimidad, imposible o muy difícil de conseguir, y quizá no deseable: no todos somos iguales, ni queremos lo mismo o pensamos igual. El consenso sólo es posible sobre un mínimo de reglas de convivencia; y por eso el Gobierno limitado dentro del imperio de la ley y la justicia -lo que se llamó Estado de Derecho- es el único viable, practicable en paz, y condición de prosperidad.

 

Por eso no tienen sentido esas ridículas apelaciones (del Gobierno y de la oposición) a la unidad nacional, al acuerdo de todos, al “proyecto de país compartido” -eso es tan totalitario como el “pacto social”!- y demás por el estilo. Más allá de un mínimo de acuerdo no hay consenso ni puede haberlo; y entra en juego la democracia, que es no otra cosa que elecciones. P. ej. la separación de poderes no es inherente a la democracia ni al Estado de Derecho, ya que no la hay en los Gobiernos parlamentaristas.

 

A lo más: democracia es elecciones limpias. Más nada. Y elecciones siempre hubo en Venezuela y las hay, aunque no exentas de impurezas, antes y ahora, como en todas partes. Nada es perfecto en este mundo. Sin embargo, la oposición sólo insiste en que es mayoría, y pretende que ello le dispense de argumentar su caso.

 

En primer lugar, desconoce de este modo la oposición que el chavismo concita una abundante cosecha de votos, y otro tanto ella misma, siendo uno y otra igualmente incapaces de ganarse a una también alta cifra de abstencionistas. Con la población repartida en aproximadamente tres tercios-, ¿puede la oposición alegar que cuenta con la aritmética mitad más uno? Y asumiendo que sí, ¿le daría derecho a imponer su voluntad? La oposición se parece en esto demasiado al Gobierno; debería acudir a otros argumentos.

 

Derechos humanos, “Estado Social” e igualitarismo

 

Y hay algo peor. Durante años, las izquierdas confundieron a Venezuela con su agenda encubierta de la “verdadera” democracia: “mucho más” que elecciones. ¿Qué es? Poco menos que la felicidad garantizada por ley, a través de la provisión gratuita (o casi) de bienes y servicios médicos, educativos, vivienda, transporte, comida -y un largo etcétera- por y a cargo del Estado: o sea, de los impuestos y los proventos de las empresas confiscadas.

 

Eso se consideró siempre la democracia “verdadera”; y también “participativa”, de participar en la distribución del botín, la riqueza creada por los productores, supuesta como un “pastel” social que el Gobierno toma y reparte. Y ahora “protagónica”; o sea, con destacado protagonismo de sus endiosados jefes. Y se supone que los bienes y servicios exigidos son “derechos humanos”, tal y como “lo exigen los compromisos internacionales suscritos por Venezuela”. Que juntamente con la democracia “verdadera” entran en la etiqueta de “Estado Social de Derecho”. (Autocontradictoria expresión, porque “Social” implica una redistribución forzosa, que contradice al “Derecho”.)

 

La idea subyacente, ha sido predicada por las izquierdas netas, adoptada gradualmente en el pasado por AD y Copei, y ahora por el oficialismo, y no cuestionada por la oposición. No es combatir la pobreza, sino la desigualdad. La “inequidad”. El socialismo antes ofrecía abundancia; ahora, igualdad. Y aquí tenemos un problema mayúsculo, porque, ¿cómo Ud. combate la pobreza? Creando riqueza, reuniendo a los factores productivos en empresas sanas, dentro de una economía libre y con familias enteras. Eso es con los mercados. Pero, ¿cómo Ud. combate la desigualdad? Despojando por la fuerza, y repartiendo. Eso es con los Gobiernos.

 

Igualdad de oportunidades

 

Otra promesa engañosa que confunde. Asegurar igualdad de oportunidades significa suprimir nada menos que las desigualdades de nacimiento en la vida. Una mentira: quien nació enfermo, o en una familia pobre, o rota, lamentablemente no tiene iguales oportunidades que quien nació sano, o en una familia acomodada, o simplemente entera. Ni puede aspirar, no es algo posible.

 

Lo que sí es posible y puede aspirarse es a que todos tengamos más y mejores oportunidades, cosa muy distinta; pero eso es con la única igualdad practicable y juiciosa. Que es la de los derechos humanos verdaderos: a la vida e integridad personal, al trabajo, y a nuestras libertades y propiedades, bajo un Gobierno limitado a asegurarlos. Así las desventajas de cuna tienen mucho menos peso, frente a las posibilidades de desarrollo personal y logro individual. Bajo el socialismo en cambio, las desigualdades y desventajas de nacimiento -entre quienes nacieron en una familia cercana al poder y quienes no-, tienen un peso enorme, prácticamente imposible de superar con esfuerzo personal. Y tienden a perpetuarse, lo que es todavía mucho peor.

 

La realidad es diferente

 

Los únicos derechos humanos que los Gobiernos pueden y deben garantizar a todos por igual, son precisamente esos que hoy descuidan: los verdaderos derechos humanos. ¿Por qué los Gobiernos los desatienden, siendo una lista mucho más corta? Porque “quien mucho abarca poco aprieta” es refrán que aplica a los Gobiernos desbordados.

 

No debe confundirse una forma de Gobierno, la democracia, con un sistema de Economía Política, único capaz de brindar prosperidad, el capitalismo liberal. La democracia por sí sola no garantiza prosperidad, como muy bien saben p. ej. los hindúes. Sobre todo si es muy poco pluralista, y todos los partidos comparten iguales ideas socialistas encubiertas; al punto de llevar ahora esos nombres cursis, “Unión”, “Amor”, “Ternura” y otros por el estilo.

 

Por supuesto, la oposición comparte con el oficialismo la tesis del Estado Social de Derecho, con todas sus implicaciones. Lo cual la deja como siempre en débil posición argumental, por inconsistente. ¿Cómo y por qué se va a oponer a un Gobierno que es la máxima y eminente expresión del Estado Social (redistribucionista e igualitarista) de Derecho ...?

 

El Gobierno ...

 

Debe reconocerse en el Presidente, al menos, estos méritos:

 

-- Su marco de referencia es claro e inequívoco: los conceptos, valores e ideas de izquierda neta, y hasta ahora no concretadas por Gobierno alguno, pero inculcadas por la educación, la cultura y los medios de comunicación y las canciones de Alí Primera, siempre tan aplaudidas y coreadas. Ahora, con apoyo mayoritario y poder en mano, simplemente las lleva a la práctica.

 

-- Sin engaños, expresa a todos y en alta voz su ideario: adora sinceramente el Estado y el colectivismo, y detesta todo lo que huela a mercado y “neoliberalismo”. No es el único. Los más jóvenes

-muy representados en su Gobierno- desconocen el libre mercado, y se prejuician en contra. La encendida retórica del Presidente contra la iniciativa privada e instituciones de la democracia “formal”, y EEUU, etc., es simple consecuencia de su ideología, a la cual no le cabe otra forma de expresión, que tampoco entendería su mayoritaria audiencia.

 

-- Y se acompaña por gente de su misma orientación, lo cual es lógico y normal, a fin de tener un Gobierno coherente. Su modelo más próximo es Cuba, lo cual también es consistente con lo que siempre ha sido máxima fuente de inspiración de las izquierdas en Venezuela. Recuerde Ud. que en este país siempre se destacaron, desde la Universidad y la prensa, “los logros cubanos en materia de salud, educación y deportes.” De aquellas lluvias, estos lodos, OK?

 

... y la oposición

 

-- Carece de clara y consistente definición ideológica. Incapaz de visión a medio-largo plazo, se consume en el desesperado inmediatismo, y luce como buscando sólo un retorno al pasado, y/o al poder. Comparte muchas ideas del Gobierno -¡siempre les escuchamos cálidos elogios a las Misiones!-, sin caer en la cuenta de que Chávez las representa mucho mejor.

 

-- Se la pasa en vaguedades retóricas y lugares comunes, evitando todo compromiso.

 

-- No presenta a la opinión una proposición claramente identificada con la opción opuesta -sociedad abierta y plural, economía capitalista de mercado libre, y Gobierno limitado a sus funciones esenciales-, a fin de que el país compare y pueda elegir. Así le impide a Venezuela escoger informadamente su futuro, incumple su rol como fuerza política de recambio, y se desacredita.

 

Y sin debate principista, la lucha política se personaliza. Se desnaturaliza y pervierte, transformada en una pura y feroz pugna por el poder total, que puede incluir el crimen más salvaje, como el del Fiscal Anderson, cuyo cobarde y horrendo asesinato repudiamos con firmeza los venezolanos racionales. El terrorismo sólo fortalece a los segmentos más duros, intolerantes y prepotentes, que se tornan más inflexibles e intransigentes, una vez sellado con sangre su compromiso. El terrorismo puede ser cada vez más frecuente y salvaje, a menos que los actores restablezcan la discusión civilizada, devolviendo las ideas y principios a sus sitiales de preminencia.

 

Diferencias y semejanzas

 

No hay otro modo de entender el laberinto político, y buscar su salida, que sopesar y evaluar cuidadosamente las diferencias y semejanzas entre Gobierno y oposición.

 

Un caso: vimos a los López-Castillo, esposados, en la TV. Elocuente imagen para todos. Pero, ¿imagen de qué? De un imperdonable atentado oficial contra los derechos humanos de un matrimonio distinguido, para la mayoría de la clase media. De un acto de justicia en el sentido de “vindicación social”, para el grueso de la clase popular: por primera vez un par de “ricachones” recibió de la policía el mismo y cotidiano tratamiento procesal de los indiciados pobres. Hay una diferencia de percepción. (Para colmo, se ha hecho ver en todo rico a un “corrupto”.)

 

Satisfacciones vicarias

 

Y es sólo un ejemplo, que puede multiplicarse. La oposición se confunde: no todo el país condenó el desconsiderado trato al respetable matrimonio. Y por confundida, pierde elecciones. Debe entenderlo: de los millones de venezolanos empobrecidos por décadas de estatismo, un buen número -no importa si llega o no al 51 %- está confundido, y se aferra tenazmente al quimérico sueño de “justicia social” del Gobierno. Por eso le brinda sus votos, con empeño digno de mejor causa, y sin saber que así perpetúa su miseria. El Gobierno le brinda a cambio satisfacciones vicarias, p. ej. mostrarle a los López-Castillo esposados. Muchas más humillaciones televisadas se verán, a título de satisfacciones vicarias.

 

Porque es el método de la izquierda en todas partes, disculpe Ud.: aprovechar cualquier oportunidad para desacreditar personas y desprestigiar instituciones. P. ej. ahora en Costa Rica, encarcelar a unos ex Presidentes corruptos, como si la corrupción no fuera una consecuencia natural e inevitable del estatismo, a reeditarse ampliada en un futuro régimen de izquierda neta. Pero la vista de esos ex Presidentes esposados y tras las rejas, es una de las satisfacciones vicarias.

 

¿Y la oposición venezolana? Confundida. Comparte la misma idea justicialista social del Gobierno, en desafortunada semejanza. Pero no tiene modo de derrotar al Gobierno con sus mismas banderas, porque el oficialismo las encarna mucho mejor. Y si la oposición pierde su gran oportunidad en el 2005, algunos de sus jefes se plegarán al Gobierno, otros no, pero todos se perderán en el silencio y el olvido.

 

La oposición debería definirse por la opción contraria en la economía

 

P. ej. en el caso CADIVI, control de cambios. Sólo cuestiona engorros y demoras en los trámites, montos exiguos, tratos de favor, obstáculos y errores burocráticos, quizá “irregularidades”. ¿Por qué no defiende la libertad cambiaria ...? Más aún: ¿Por qué no explica al pueblo las verdaderas causas de su empobrecimiento, entre ellas la inflación, y su naturaleza: un impuesto invisible, oculto? ¿Por qué no admite que la devaluación es consecuencia inevitable de la inflación, a su vez causada por el exceso de gasto estatal? ¿Por qué no explica y defiende el libre mercado?

 

La oposición debería cambiar de ideas políticas

 

Sus ideas, tan semejantes a las oficiales, encierran a los opositores en un perímetro muy estrecho y limitado de cuestionamientos. Les condenan así al fracaso. Sus diferencias con el Gobierno son de detalle. Aunque hay grandes contrastes, muy desafortunados.

 

-- P. ej., mientras el Gobierno construye su partido político completo, con su ideología por delante, su escuela de formación, sus instrumentos de difusión, etc., la oposición sigue presa del histérico, estéril y autofrustrante antipartidismo de la clase media de Caracas.

 

-- Otro contraste, reflejado p. ej. en la gira planetaria del Presidente, y en su “Congreso Mundial de Intelectuales”: mientras la monotemática oposición habla sólo de Chávez -sus yerros, sus defectos y los de su gobierno-, el propio Chávez en cambio habla (y en todo el orbe) menos de la oposición que de la Humanidad, la Historia, los Pueblos Oprimidos, la Ecología, Simón Bolívar, Jesucristo, la Unión Mundial Anti-Imperialista, la Cuarta Guerra Mundial y otros muchos temas relacionados. En síntesis: el Gobierno tiene un “Proyecto Grandioso” aunque quimérico, nos guste o no; y la oposición no tiene sino una obsesión: quitar al Gobierno de en medio, y encima compartiendo su mismo trasfondo ideológico socialista y estatista, sólo que democrático y un poco más moderado.

 

¿Qué hacer para salir del atolladero? Sólo hay una salida.

 

La oposición tiene una gran oportunidad, servida en bandeja

 

Las cifras de opinión dicen que aproximadamente un tercio de venezolanos adhiere al Gobierno; otro tercio a la oposición; y un tercero vacila, es indiferente o no se interesa. Sin embargo, en el segundo y tercer tercio, la gente escucha a Chávez despotricar todo el tiempo contra lo que él llama “el neoliberalismo”. Pues bien, ante ello, muchas gentes no chavistas, de pueblo, comentan más o menos así: “Caramba, si Chávez dice que eso es tan malo, el neoliberalismo, no debe ser malo, o no tanto así ... Tal vez sea algo bueno. ¿Qué será eso ...?”

 

Y cuando el pueblo pobre va a los jefes chavistas a reclamar promesas, desde sueldos atrasados y empleos hasta becas y cupos hospitalarios, pasando por cemento, arena y pintura, ¿qué sucede? Que cuando no los hay, es despedido con un “Bueno, ¡no puedes esperarlo todo del Estado!” Y es verdad; sólo que como el Estado acapara recursos despojados al pueblo, debería devolverlos a sus dueños, para tener los medios de valerse por su cuenta; como según el Evangelio de Lucas (cap. 19) hizo el Sr. Zaqueo, movido por la predicación de Jesucristo. No fue como se dice, un rico que dio su dinero a los pobres. Léase bien: era publicano, el funcionario colector de impuestos, un pecador, que se arrepintió e hizo devolución con intereses a sus legítimos propietarios. O sea: Zaqueo compensó e indemnizó por el saqueo.

 

En Venezuela, ¿no sería Revolución una “Devolución” masiva a los despojados (en lugar de “excluidos”), de las acciones de las empresas petroleras p. ej., para comenzar ...? Y para seguir: una gran Cruzada por la derogación de las leyes malas, esas que impiden la creación y circulación de la riqueza, que podrían ser los más malvados entre los villanos culpables en el eventual “relato” oposicionista aludido en la anterior entrega.

 

Gracias, Hugo Chávez, por el favor ...

 

Al optar decididamente por el socialismo, Chávez nos ha hecho a todos los venezolanos un grande e inmerecido favor: acabar con las posiciones “terceristas”, defensoras de la “economía mixta”. Precisamente esa economía fue practicada en este país bajo los mencheviques al menos desde 1958, y no sirve para nada excepto para enriquecer a unos pocos privilegiados, y para confundir al resto en materia de sistemas de Economía Política. De esta forma, Chávez nos abrió a todos el camino a la posibilidad de una economía libre y rica.

 

La oposición tiene en sus manos la oportunidad de explicar y convocar. De ayudar a Venezuela a salir de la confusión, mediante una necesaria y urgente labor pedagógica, difundiendo al público los principios de una sociedad libre. Podría dedicar esfuerzos y recursos a esta actividad de extensión cultural, que no caería bajo la legislación represiva anti-oposición, así que podría practicarla a la luz del día, sin temor y con comodidad. Explicando que sólo la genuina economía libre sería para Venezuela el cambio de verdad, el cambio a mejor. Que no hay otro remedio para el mal del estatismo y todas sus secuelas, cada vez más agravadas: desempleo, pobreza, corrupción, crisis familiar, criminalidad ... y violencia política. Mucha violencia. Porque cuando totalitario se hace el poder, totalitaria se hace la lucha por el poder, y no repara en medios.

 

Aprovechar esta oportunidad es la única forma de contrarrestar la tarea de adoctrinamiento del Gobierno a través de Misiones, medios oficiales y muchos otros instrumentos igualmente destinados a ese fin. ¿Perderá su gran oportunidad la oposición?

  

Finalmente, para despedirnos:

 

-- Los buenos, muchas veces se equivocan, y toman los caminos malos. Se convierten en malos sin saberlo, por error. Ingenuos. Son los malos de buena fe. Así son muchos chavistas. “Hay caminos que al hombre parecen buenos y rectos, mas llevan a la destrucción.” Esto lo dijo el sabio rey Salomón (Proverbios 14:12 y 16:25.)

 

-- Sean de buena o mala fe, todos los malos se disfrazan. Porque no pueden presentarse vestidos de malos, tienen que revestirse de buenos. Deben lucir con “apariencia de piedad”. Esto lo escribió el Apóstol San Pablo a uno de sus discípulos (2 Timoteo 3:5.)

 

-- Disfrazarse presupone cierta astucia, habilidad, competencia. Aunque no sean más inteligentes, los malos tienen por lo general más competencia técnica que los buenos. “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente. Los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz.” Y esto lo dijo Nuestro Señor Jesucristo, a todos sus discípulos. (Lucas 16:8.) Seamos más humildes, a ver si aprendemos.

 

MUCHAS GRACIAS POR SU ATENCIÓN ... ESPERO LE HAYA SERVIDO.

Y FELIZ AÑO 2005 PARA UD. Y SU FAMILIA.

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