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Alberto Mansueti ¡QUE BUENO! |
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Nada
le viene mejor al Gobierno Chávez que un conflicto internacional. Sobre todo si el Gobierno Bush cae en sus provocaciones,
y toma partido como Chávez quiere, lo cual es el caso ahora. Toda revolución necesita desesperadamente enemigos externos para
justificarse, para ser popular, para durar eternamente (quiero decir: ese es su propósito.) Y mejor cuanto más poderosos sean
esos enemigos externos, para asumir el papel de heroico pequeño David enfrentado al malvado gigante Goliath. ¡Chávez o Bush! Por
favor pido disculpas, pero es algo tan elemental, que su incomprensión por parte de la dirigencia de oposición en su mayoría,
revela que su inteligencia está muy por debajo de un nivel normal. Hay excepciones, por supuesto, contadas y honrosas; y les
ruego que no se sientan aludidos por este artículo, que alude a la mayoría de la oposición y no a las excepciones. ¡Por fin! En su mayoría, digo, el liderazgo opositor está de parabienes,
¡no cabe en sí de gozo! Y da la bienvenida a la intervención norteamericana en el asunto. ¡Por fin! Sigue creyendo ingenuamente
que EEUU va a hacer el trabajo suyo, que ella misma no es capaz de hacer. Sigue en esa nube ... Sigue enceguecida, sin querer ver el ejemplo de Castro, que
Chávez sigue al pie de la letra. Y bien que hace, desde su punto de vista. Si como Fidel, lo que quiere nuestro Presidente
es mando vitalicio, y tiempo para terminar de imponer el socialismo a la gente, el ejemplo de Castro es el que Chávez debe
seguir. Y para esos sus dos propósitos, a Castro le ha ido muy bien expulsado de la OEA, con EEUU en contra, y con el bloqueo
y demás medidas discriminatorias sancionadas por el Congreso y el Ejecutivo Federal de ese país. La realidad Castro no sólo ha logrado sobrevivir incólume. Sigue en el poder
desde 1959, en control absoluto. Y a lo largo de todos estos años ha logrado domesticar en el sistema del socialismo a la
población casi entera, que lo acepta resignada y hasta complacida. Ha reducido la “disidencia” a una minoría prácticamente
inofensiva e insignificante. Sus enemigos más molestos -la clase media-, en su enorme mayoría ya se han ido por propia voluntad
hace mucho tiempo, décadas. Y han envejecido distrutando con sus familias de confortables exilios, que ya no lo son, y ni
sueñan con regresar, y mucho menos a tomar el poder. Y como si fuera poco, Castro ha conseguido la jefatura indiscutida
de la izquierda en Latinoamérica, y considerable influencia en la del mundo. Esto se desprende del rol directivo asumido por
Cuba en las reuniones internacionales donde se insertan y deciden las prioridades, temas y posiciones de la agenda global
de la izquierda en el siglo XXI. Sobre todo en las diversas Agencias del “sistema de la ONU”, el Gobierno mundial
que la Neoizquierda nos ha preparado. (Y cada vez se reclaman poderes y recursos con más insistencia, como vimos en ocasión
de los desastres del maremoto asiático. La ilusión es que un Estado mundial único va a resolver los problemas que los Estados
nacionales no han resuelto. Que en su mayoría han creado, aunque esto no lo dicen los estatistas. Pero este es otro tema.) Frente a todos estos éxitos de Castro, ¿cómo Chávez no va a
seguir puntualmente su camino? La opinión pública en Venezuela, en América latina y en casi
todo el mundo, en su mayoría ha sido y es antinorteamericana, porque así fue cuidadosamente educada. Para el Gobierno de Venezuela,
el conflicto externo, y en particular con EEUU, es popular (y más aún si es por algo con Colombia). Tiene las siguientes enormes
ventajas: 1. Distrae a la gente de la penuria económica, y exime al Gobierno de buscar una justificación
valedera a 6 años completos (1999-2004) de ineficacia en este terreno. 2. Saca a la oposición de su verdadero trabajo: explicar las desventajas del socialismo
y las ventajas de una economía libre. 3. Al chavismo lo unifica y fortalece, y lo acredita en el país,
y asimismo en el exterior, ante los ojos expectantes de la izquierda de todo el mundo, sobre todo de América latina. 4. Y a Chávez lo reafirma en su liderazgo, tanto dentro de su
propio movimiento como en Venezuela en general; y en la ya mencionada izquierda del mundo entero, que para sus ilimitadas
ambiciones, es muy importante. ¿Por qué el grueso de la oposición no lo advierte? Porque basa
todo su caso en dos supuestos: 1. Que el Gobierno de EEUU va a ir adelante con todo y va a
llegar hasta el final, incluso hasta decretar sanciones económicas. 2. Que entonces la población venezolana no va a aguantar la
consiguiente y abrupta desmejora en sus condiciones económicas, y se va a rebelar contra Chávez. Lo primero es improbable. Pero supongamos que pase. ¿Ocurrirá
entonces lo segundo? Eso es más improbable todavía. El ejemplo de Cuba -que Chávez conoce muy bien- está allí para quien quiera
verlo: convenientemente adocenadas por la propaganda, las mayorías empobrecidas incrementan su fidelidad al régimen, y se
aferran aún más a las esperanzas que el sistema les ofrece. Y a las recompensas que les brinda, por mínimas que sean: alguna
medicina, ladrillos, o un saquito de cemento. Quizá algún uniforme escolar, y con suerte un par de zapatos. O un plato de
comida. O si no, en último caso, se aferran aunque sean satisfacciones
vicarias, como los triunfos deportivos, y el heroico sentimiento de Cruzada tan bien manipulado desde las alturas. Vea Ud.
la reacción enfervorizada de las clases populares ante las propagandas televisivas del chavismo, siempre acompañadas de esa
música motivadora y pegajosa. Entre otras cosas buenas para solidificar la Utopía comunista, ¿no recomendaba Platón la música?
(¿O fue Alí Primera?) |
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