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Alberto Mansueti

Adoctrinamiento y vacío: II- El marco político de la "unidad de la oposición"














Alberto Mansueti





La abstención Electoral I , II y III

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En el artículo anterior vimos las principales exigencias (“reivindicaciones”) del socialismo de los siglos XIX y XX ya convertidas en leyes, hace tiempo. Desafortunadamente: los daños producidos son horrorosos, aunque las izquierdas no quieren admitir sus verdaderas causas. Y para tender un manto de encubrimiento y confusión sobre ellas, el socialismo del siglo XXI consiste casi exclusivamente en lavado de cerebro masivo, en torno a viejas y nuevas utopías revolucionarias, a cada cual más destructiva.

 

El contexto internacional de hoy

 

Cierta oposición no quiere oír que Chávez lideriza la más reciente ola de gobiernos izquierdistas en América Latina: los socialismos del siglo XXI. Gobiernos que no son distintos ni mejores (o “menos peores”) que Chávez; sólo tienen menos poder en sus respectivos países, y por esa sola razón deben ir con menos ímpetu y énfasis.

 

Ese aluvión de izquierdas tampoco es producto de las dádivas del Gobierno venezolano en el exterior. Al igual que el chavismo -todos proceden de la misma matriz- su auge es consecuencia, efecto y resultado del tremendo fracaso continental de las llamadas reformas de los ’90, de inspiración “neo” (seudo) liberal, pésimo sustituto de las auténticas reformas necesarias. No abundaré en este punto -que la oposición no quiere recordar ni mencionar-; Álvaro Vargas Llosa, José Luis Tapia, Ricardo Valenzuela, Gilberto Hurtado, John Cobin, Andrés Mejía y otros liberales verdaderos ya hemos escrito bastante.

 

Y la ola de izquierdas va mucho más allá de América latina. Recorre todo el Tercer Mundo, y llega hasta la Unión Europea, el “sistema de la ONU”. Y los círculos llamados radicales y liberales (“progresistas”) en EEUU. Con modalidades, temas, agendas y expresiones no demasiado diferentes. Y causas tampoco muy distintas. Las experiencias de Rusia y países ex comunistas de Europa del Este p. ej., son muy similares a las de América latina: a fines de los ’90, los últimos reformistas “yeltsinianos” quedaron atrapados y entrampados en las ambigüedades, contradicciones y vacilaciones propias de la vía media (o “tercera vía”) apremiada por el Consenso de Washington y el FMI-BM. Como consecuencia, la gente se puso insatisfecha y descontenta, respondona y protestataria otra vez. Y entonces, otra vez retornaron los bolcheviques, con nuevos métodos y nuevos discursos, nuevos bríos y nuevos disfraces.

 

La Cuarta República le allanó el camino a la Quinta

 

Catequistas y misioneros de la Quinta trabajan sobre un terreno previamente abonado por 40 años de “preacondicionamiento” en la Cuarta. En aquella época:

 

-- AD y Copei se encargaron de “poner al día” a Venezuela con la legislación socialista. Y de inculcar la que el gran economista austríaco Ludwig von Mises llamó la mentalidad anticapitalista.

 

-- Y la izquierda neta, entonces en la oposición, utilizó sus importantes cuotas de poder -en los medios, la educación, el arte popular y la cultura-, para inculcar el socialismo.

 

Lo nuevo (relativamente) del socialismo del siglo XXI es el mezclote ideológico ecofemindigenista y globalofóbico; el beligerante y belicoso militarismo como respuesta a la política de guerra permanente del Gobierno de EEUU; el culto a la pobreza plenamente asumido; y la religiosidad. Todo lo que es ahora la política “correcta”. Porque lo demás -colectivismo, anticapitalismo, antiindividualismo-, ya estaba.

 

Y en cuanto a libreto metodológico, lo que Vladimir Ulianov (Lenin) fue al socialismo del siglo pasado, es Antonio Gramsci al del presente.

 

No hay oposición en Venezuela, hay antichavismo

 

En su mayoría, dirigencias y bases abrazan todavía el socialismo democrático del siglo XX, especialmente en sus versiones entonces “políticamente correctas” (post Mayo del ‘68), cubiertas con los escudos de la “sociedad civil” (concepto gramsciano), “participación”, derechos humanos en la versión estatista, etc.; estandartes todos plena y fácilmente digeribles por el chavismo.

 

Por ello, en lo ideológico el antichavismo se hace difícilmente distinguible del chavismo, perdiendo cada vez más identidad, apelación, atractivo y poder de convocatoria, sobre todo entre los indiferentes. Impresiona lo descolorido, pobre, repetitivo y aburrido de las letanías antichavistas que transmiten los medios y periodistas de ese bando: no cesan en la pura queja, matizada con detalles anecdóticos y personales. Sin mostrar alternativa positiva (y hoy la mera crítica “negativa” se considera pecado), y que además se vea claramente distinta y opuesta.

 

Aunque si hubiese otro discurso armado y pronto, los medios difícilmente le dejarían filtrarse. Algo curioso ocurre con los actuales periodistas graduados: cuando eran estudiantes, en la Cuarta República, sus profesores marxistas les metieron bien a fondo en la cabeza que “la objetividad es imposible”. Ahora son profesionales en ejercicio, en su mayoría en la oposición, y no objetivos. Pero sus ex docentes, en su mayoría en el Gobierno, ¡les reclaman objetividad!

 

El segmento de los indiferentes

 

Mientras la oposición insista en el cambio de jefes y elencos y no de sistema, cava su propia fosa. Porque para este sistema, ¡el mejor hombre es Chávez! Sin duda: el más intransigente y resentido, el más decidido e imaginativo, luce políticamente como el más incansable y combativo, y esgrimiendo el verbo más encendido y peleador. La oposición no advierte que si Chávez se “modera”, sobre todo en el discurso, como ella quiere, pierde su apoyo y base de sustentación.

 

Chávez además es el único actor político que maneja un “relato”, una narración descriptiva y explicativa del pasado, presente y por venir: colonialismo, explotación, latifundio, exclusión social, imperialismo, desarrollo sustentable y endógeno, proceso revolucionario, Jesucristo, Bolívar y el Che Guevara, socialismo, los niños, burocratismo, etc. Son descripciones y explicaciones en parte contradictorias y falsas, hechas de mucho material proveído por o durante la Cuarta República; pero mientras no se brindan públicamente otras, son las únicas disponibles al efecto.

 

Los indiferentes lo son a la política: gentes desinformadas y desinteresadas en esa actividad -desde siempre o más recientemente-, que se distribuyen más o menos uniformemente en todos los estratos socioeconómicos y etarios. Muchos tal vez votaron por Chávez al principio, y luego se desilusionaron y desencantaron.

 

Dado que el relato chavista es único, los indiferentes son fácil presa; aunque por ahora en su mayoría se sustraen al adoctrinamiento. Sin embargo en esa dirección se encaminan, poco a poco y en pequeños grupos, atraídos por las promesas de oportunidades de empleos, contratos o subcontratos, viviendas, becas, cooperativas, créditos, etc. Buscan alivio a su agobiante condición económica; pero también a su penosa situación sicológica: el frustrante sentimiento de verse aislados y fuera del esperanzado entusiasmo que irradia la corriente ganadora.

 

Vacío: el trasfondo del cuadro

 

A lo largo del siglo XX, Venezuela transitó el camino del socialismo, que Friedrich von Hayek (discípulo de Mises) llamó “a la servidumbre” allá en los ’40, desde el título mismo de un libro profético. Todas las clases sociales venezolanas, y todas las dirigencias, altas, intermedias y de base -unas más, otras menos- fueron imbuidas del socialismo educativo, económico, político y sicológico. (Ahora simplemente se agrega el socialismo militar y religioso.) Nadie pudo escuchar “la otra campana”. Nadie conoce otro relato.

 

En consecuencia, no hay otras corrientes políticas o de pensamiento en Venezuela que no sean de izquierda, más dura o más blanda, más vieja o más nueva. Existe un inmenso vacío en los espectros ideológico y político de la sociedad.

 

El socialismo tiene una lógica progresiva y de radicalización cada vez más acentuada: después de fracasar las versiones blandas, les llega siempre el turno a otras más duras, con dosis más fuertes de la misma medicina. A su vez también fracasan, y llegan nuevas tropas frescas al relevo, con “remedios” aún más radicales. Sin expresiones netamente liberales capaces de enfrentarles, las naciones siguen el camino de la servidumbre que les marcan las izquierdas una tras otra, senda que Hayek caracterizó como de cuesta abajo. Porque la corriente te lleva. El socialismo es la corriente; y como las socialistas son las ideas-ambiente, tú ni te das cuenta que estás dentro, como parte del problema y no de la solución.

 

Por eso apuntó el justamente célebre Cardenal inglés John Henry Newman en su autobiografía de 1864: “Crecer implica haber cambiado. Sólo los peces muertos nadan a favor de la corriente”. Esto escribió un sacerdote que cambió del protestantismo al catolicismo. (Por cierto, Newman también entabló una sonada polémica con el Pbro. Charles Kingsley.)

 

¿Mediocres o peligrosos?

 

Otro cura católico, francés, escritor, director de cine y monje dominico (como Tomás de Aquino) escribió un libro estupendo a favor del capitalismo liberal. Se titula: “¿El capitalismo? ¡Pero si es la vida!” Es Raymond-Leopold Bruckberger, y la edición francesa de su libro es de Plon, 1983.

 

Bruckberger reproduce un exquisito diálogo de su paisano el escritor Georges Bernanos -también de derecha aunque no liberal-, tomado de “Los grandes cementerios bajo la luna”. La de Bernanos es una obra de 1938, pero el diálogo sirve para explicar la aplastante victoria de Francois Mitterand en 1981: el triunfo de los peligrosos (la izquierda) sobre una derecha muy pobremente representada, mediocre. (Por cierto, ¿tú creías que todos los intelectuales y artistas eran de izquierda, ¿sí? Pues, no, sólo que a los de derecha nos aplastan ...)

 

A mí me parece que el diálogo tal vez le cabe a Venezuela también:

 

- ¿Cuál es la doctrina de Ustedes, la derecha?

 

- No tenemos doctrina. “Contra lo peor” es el grito que nos une.

 

- Pero entonces Ustedes son muy mediocres ...

 

- ...Y también la izquierda; ¡pero no dude que además es muy peligrosa!

 

- Ustedes oponen lo mediocre a lo peor, como me imaginaba. Pues sepan que la Francia preferirá mil veces lo peor y más peligroso a lo mediocre, porque al menos con lo primero hay la posibilidad y el riesgo de cambiar; y con lo mediocre, jamás.

 

Comenta Bruckheimer que Bernanos no ignoraba que el cambio puede ser para peor o para mejor; sólo está explicando la psicología de las masas.

 

Moderados y extremistas

 

Cuando las masas oyen de la dicotomía entre capitalismo y socialismo, y que en ambos bandos hay supuestos moderados y extremistas, ellas pueden seguir una lógica muy simple, pero muy realista también, dentro de sus premisas:

 

¿El capitalismo es bueno o es malo ...? Si es malo, tan malo como dicen, entonces no queremos nada. ¿Por qué habríamos de querer algo malo, siquiera moderado? Nada de nada. ¿Y el socialismo es bueno o es malo? Si es bueno, tan bueno como dicen, entonces lo queremos todo y entero. ¿Por qué moderado?

 

Así es como una vez agotadas las posiciones intermedias, las masas llegan fácil y prontamente al extremo. Cosa que no comprenden los políticos profesionales, cuya necesidad de negociar les inclina al centro y a las medias tintas, como por ley de gravedad.

 

La unidad de la oposición

 

Harto difícil por las diferencias personales y de ambiciones, muy lejos de perjudicar a Chávez, le favorece ampliamente. Porque aún en el supuesto de alcanzarse, lo más que logra es:

 

1) Reducir (a dos) las opciones disponibles a los indiferentes, ambas muy parecidas en el fondo, lo cual les inclina peligrosamente por la ganadora.

 

2) y arrimar todos los bolos del conjunto opositor, y tenerlos ahí bien arracimados en un solo y único montón, para que Chávez le dispare una sola bola y lo desbarate.

 

¡Eso es otro tiro al piso para el Comandante!

 

Dos o tres o cuatro corrientes de oposición en cambio, obligarían al chavismo a manejar diversas estrategias y discursos en planos paralelos, como quien dispara varias bolas a diversos blancos, ajustando los tiros a los distintos puntos. Es obvio que esta política es mucho más sofisticada, exigente, costosa y de resultados más improbables que la anterior. No tan segura.

 
















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