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Alberto Mansueti

El capitalismo es femenino y el socialismo es machista














Alberto Mansueti





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Este ensayo se dedica exclusivamente a las queridas lectoras, con todo respeto y afecto. Pero sólo a las mayores de 13 años, por sus explícitas alusiones a determinados actos sexuales, p. ejs. menstruación y gestación, y a la Constitución Sexual de la sociedad. Y se advierte a los varones que su lectura puede resultarles altamente decepcionante. Así que a los fines pertinentes -legales y cualesquiera otros-: ¡Avisado todo el mundo ...!

 

El sociólogo estadounidense George Gilder publicó en 1973 un libro profético sobre el feminismo: “Sexual Suicide”. A más de tres decenios, impresiona vivamente su contenido.

 

Mujeres y varones

 

-- Comienza por espetar que la mujer es sexual, biológicamente, muy superior al varón. Pero mucho. Porque es orgánicamente capaz de una serie de actos sexuales procreativos, que el varón es incapaz de experimentar: gestación; parto o alumbramiento; y lactancia. (¡Vaya novedad!; pero, ¿no es bueno que nos lo recuerden ...?)

-- Son estos tres actos sexuales de la mujer, profundamente sexuales, porque son específicos y privativos de su sexo. Constituyen si se quiere un privilegio de su naturaleza. Comparada con el hombre, ella es inmensamente más potente, por su mayor “potencialidad”.

-- Y eso, antes de mencionar la menstruación, que puede resultar un tanto incómoda para ellas. Pero la regla es otro acto sexual exclusivamente femenino. Como los otros, tiene fin y propósito. Desde sus 13 años y cada 29 días de su vida fértil aproximadamente, y como si sus potencialidades fueran pocas, la mujer recibe de su naturaleza un recordatorio automático de ellas; lo cual le da señal clara, reiterada e inequívoca de su identidad sexual. El varón no tiene nada ni siquiera parecido, por eso la inseguridad en su identidad y posición sexuales, y la patológica tendencia a confirmarlas o afirmarlas mediante la promiscuidad, entre otros medios.

 

¿Y la mayor musculatura, altura y fuerza física masculinas ...? Pobres e insuficientes compensaciones naturales de la innegable inferioridad biológica del hombre, nos recuerda Gilder. Y no contento, apunta estas consecuencias tremendas:

-- Hay dos sexualidades, femenina y masculina; y la primera se orienta al largo plazo.

-- La mujer tiene un lazo natural con sus hijas e hijos del cual el hombre carece. Y es más aún: naturalmente, el varón tiene conocimiento de su descendencia y acceso a ella sólo si la mujer se lo permite. La maternidad es principal y biológica; y la paternidad, accesoria y más cultural.

 

La Constitución Sexual de una sociedad

 

Gilder estudia antropológicamente las sociedades humanas, y encuentra que difieren profundamente en su Constitución Sexual, según sean primitivas o civilizadas:

 

1) En las primitivas predomina la cortoplacista orientación sexual masculina. Sus economías (y culturas) son recolectoras y cazadoras. Los hombres organizan partidas de caza y pesca; y otros rituales masculinos como los iniciáticos -compensaciones culturales de su menoscabada condición-, de los cuales excluyen a las mujeres, que permanecen en las chozas. Entre una y otra excursión, los hombres regresan a la aldea y se reúnen con las mujeres y sus hijos; reciben sexo y afecto. Quien no tiene mujer, la roba o secuestra, en su propia tribu o en otra. Por eso la guerra es un rito masculino muy importante en las sociedades primitivas. Y desde luego también el poder, o sea la política, para los hombres. En estas sociedades salvajes, jerárquicas y militares, casi no hay capitalismo, y su tecnología es muy rudimentaria y primitiva, al igual que su religión.

 

2) Las sociedades civilizadas en cambio proscriben el rapto y la violación; así que la mujer puede apoyarse tranquilamente y sin riesgos en su superioridad biológica, y ser ella quien elige a su pareja. Selecciona de entre los candidatos disponibles, los cuales ofertan algunos activos (ganado, vivienda, empleo estable, renta o negocio propio, automóvil o algo ...) en garantía de su papel de proveedores o suministradores principales de la futura familia, rol esencial en la civilización. Eso se llama “compra”; y si los padres de ella ayudan en este menester al varón, se llama “dote”. Son usos y costumbres civilizadas, combatidas por el concepto de amor romántico del s. XIX.

 

Sexo, familia y civilización

 

Y es que las sociedades se civilizan sólo cuando la cortoplacista orientación sexual masculina se supedita a la femenina. Si pasa lo contrario, la sociedad comete suicidio sexual.

 

1) La sexualidad femenina se centra en la unión heterosexual monogámica permanente, con vistas al largo plazo; y en la familia fundada en esa unión. Cuando los varones lo aceptan, las sociedades comienzan a desarrollar agricultura, ganadería y otras actividades económicas orientadas al futuro. Que precisan seguridades, y ciertos montos de ahorros, inversiones, y prolongados términos de maduración. Todo ello requiere del cálculo racional y la capacidad de esperar -en el sexo y en la economía productiva-; y además una base o fundamento, que es la familia ya descrita.

 

2) Las sociedades civilizadas lo son porque en ellas la mujer civiliza al varón; sí, domestica su salvajismo. ¿Cómo? Poco a poco. Y transforma al hombre en proveedor estable. ¿Con paciencia y ternura? Sí, por supuesto; pero además con una buena estrategia: dejarle al varón la “jefatura” de la familia, la “autoridad”. Todos sabemos que eso es teatro y ella está realmente al mando. Pero la mujer debe representarlo si quiere civilizar al varón -muy inseguro por naturaleza-, y hacerle subordinar la orientación sexual de él (inmediatista) a la de ella (futurista). Después de todo hay algo de teatro en la civilización, un sistema de roles que se actúan.

 

3) El capitalismo y la civilización se fundan y asientan principalmente en la familia; y la familia, principalmente en la mujer, aunque el hombre -proveedor- no es desechable. La familia es la institución capitalista principal; y secundariamente el mercado y la empresa, también de cara al porvenir, con carácter no transitorio sino permanente. En ambos casos la palabra es “responsabilidad”. Estas dos instituciones económicas, empresa y mercado -junto a la legal de la propiedad privada-, son claves para el capitalismo; pero no tienen esperanzas de sobrevivir a la familia si el Estado la destruye.

 

Feminismo y socialismo

 

Gilder enseña que el machismo es un arma letal del estatismo para destruir a la familia y tener así la lealtad absoluta, total e incondicional del individuo. Pero el verdadero nombre del machismo es feminismo. Y viceversa. Son lo mismo.

 

Vea Ud.: ¿en qué consiste básicamente el programa feminista? En el acceso de la mujer al mercado de trabajo, con el reclamo de un rol proveedor para ella en pie de igualdad con el varón; y asimismo la igualdad sexual. E igual acceso a la política y al Ejército -y también a los comedores, viviendas y dormitorios comunes propios de la milicia- ...

 

¿Qué implica esto? Nada menos que rebajar la sexualidad femenina al mismo plano de la masculina, degradando la Constitución Sexual de una sociedad civilizada, basada en la familia. ¿Es así ...? Sí, claro, es el sometimiento de la orientación sexual femenina a las demandas sexuales masculinas no civilizadas, enfocadas en las uniones de corto plazo y no permanentes.

 

El socialismo -nacionalista o clasista-, consagra y da expresión política al más puro, viejo y radical machismo, fuerza anticapitalista. El capitalismo es una trama social pacientemente tejida por las mujeres en los hogares -donde obtienen ellas sus grandes logros, p. ej. la crianza-, antes que por los varones en las empresas. Capitalismo y familia son defensas de la individualidad y la privacidad frente al poder. Socialismo y machismo (“feminismo”) son una vuelta a la horda promiscua e indiscriminada: un regreso a las cavernas. Todas las utopías radicales, desde Platón hasta el s. XX, eran contestes en dos puntos: comunidad de bienes y de mujeres.

 

Programas antisociales: pobreza, ignorancia, ilegitimidad

 

El estatismo nos dice que los programas “sociales” compensan desempleo, pobreza y otros males causados por supuestos fallos de la economía capitalista. La verdad es que son causados por el primer género de programas antisociales: los que embisten contra las empresas y los mercados. Son dirigidos contra la economía en primer lugar, pero de paso deterioran y minan a las familias constituidas -socavando sus estructuras naturales-; e indirectamente también hieren de muerte la capacidad de la gente para informarse y pensar. El segundo género de programas antisociales, las ayudas del “Welfare Sate”, rematan a la familia como institución.

 

Gilder muestra que los programas estatales “de bienestar social” no son resultado o consecuencia sino una causa de la llamada paternidad irresponsable, en realidad los hijos ilegítimos de ambos padres y no sólo del varón. De “Suicidio Sexual” y de otra obra suya (“Riqueza y pobreza”, de 1981), podemos aprender lo siguiente:

 

1) El Estado empieza por destruir la moneda mediante la inflación; y así acaba con el poder adquisitivo del dinero. En un matrimonio así empobrecido, es necesario laborar jornadas muy extensas y agotadoras, incluso mujer y marido; y eso apenas para sobrevivir. Un ingreso individual ya no alcanza para sostener a una familia porque el Estado impone tributos y pesadas cargas reglamentarias. El tiempo tampoco alcanza, de modo que se sacrifica el de la pareja, los hijos y la familia, que así se va erosionando y destruyendo.

 

2) Y la gente debe sacrificar su tiempo para investigar e informarse, con buen discernimiento de las fuentes, y para la reflexión -como individuos racionales-, en asuntos privados, públicos, y también generales acerca de la realidad, Dios, el hombre y la sociedad. De todos modos, aún con tiempo para pensar, ya no están los instrumentos idóneos para hacerlo bien: las categorías ontológicas para captar la realidad han sido sacrificadas por la destrucción de la Filosofía realista, como sus vestigios en el lenguaje ordinario, las categorías gramaticales. Toda esta problemática nos sorprende faltos de herramientas; y ni nos damos cuenta, víctimas de 1001 errores y verdades a medias, informaciones parciales o falseadas, confusiones, engaños y mentiras descaradas. Aparte la inflación, el Estado sigue destruyendo empresas y empleos con sus otras políticas antimercado y antieconómicas, dejando en la calle muchos asalariados, principalmente varones.

 

3) Con sus medidas “sociales”, el Estado anuncia a las mujeres (y a los hombres) que está dispuesto a hacer el papel de marido y padre, reemplazando al varón en su rol de proveedor principal para la familia. Muchas esposas y madres se tientan a aceptar el cambio, cansadas de esposos poco civilizados y/o desempleados, y ayudadas por el divorcio fácil, instantáneo, barato y de hecho unilateral; o bien por la ausencia de lazo marital que romper, en las uniones ilegítimas. El papel de suministrador es asumido por el funcionario (o funcionaria) de Bienestar Social. Para el inseguro varón, esta sustitución tiene un efecto psicológico desvastador; y sobre la familia, destructivo.

 

4) Así es como muchos esposos y padres se tientan a in-civilizarse regresando con sus compañeros a los equivalentes modernos de las viejas partidas de caza: competencias deportivas (no activa sino vicariamente, en el estadio o en la TV, tipo “voyeurista”); hurto o robo en pandillas o “gangas”; juegos y apuestas; dependencia del alcohol o drogas; dependencia de los programas de la asistencia social; sexo ocasional y empleos ocasionales (y viviendas o albergues ocasionales, incluso “comedores populares”); política “revolucionaria” y militarización e indoctrinamiento patriótico y político-militar en los países totalitarios ... y largo etcetera.

 

Coeducación, facilismo pedagógico y “diplomanía”

 

“Suicidio sexual” y “Riqueza y pobreza” tratan los desastres en la docencia:

 

1) La coeducación de ambos sexos impuesta por el Estado, es responsable de buena parte del fracaso escolar y del muy pobre rendimiento académico. Sobre todo de los varones, sexualmente mucho menos seguros y ordenados. Se reúne en un mismo salón a chicas y chicos en plena efervescencia hormonal, y se pretende que concentren sus mentes en fórmulas químicas, físicas o geométricas, fechas históricas, verbos irregulares y nombres de ciudades, montañas y lagos. La escasa atención lleva al fracaso. Pero en este como en muchos otros de sus estrepitosos fallos, el Estado se niega a reconocerlo y admitirlo, y a permitir el remedio: la desestatización educativa, y la vuelta a la educación segregada, al menos para quienes la escojan.

 

2) Los diabólicos Ministros de Educación inventan e imponen entonces unas fórmulas de enseñanza y aprendizaje cada vez más relajadas y degradadas. Es el escape al facilismo, para educando y educador: preelaborados tests de escogencia múltiple, trabajos en equipo, “investigación” copiada a la ligera (ahora de Internet), tumultuosas y opináticas “clases participativas” en lugar de lecciones del profesor, “sensibilización” ... y muchos otros etceteras aquí. Resultados: bachilleres cada vez más deficientes en información y en capacidades, en habilidades y destrezas intelectivas, en conocimientos teóricos y prácticos. Embrutecimiento progresivo y masivo.

 

3) Y el Estado trata de disfrazar piadosamente su fracaso como educador tras la “diplomanía” (credencialismo según otros autores): imparte más “educación”, e impone la exigencia de cada vez más títulos y certificados de “estudios” a todo el mundo. Le exige Bachillerato o Licencia de Técnico Superior hasta a quien va a ser cobrador (o cobradora) del peaje en la autopista ... Claro, si sabemos que educación equivale a indoctrinamiento compulsivo, y diplomanía a nichos monopólicos garantidos para los indoctrinados, comprendemos las razones de la sinrazón.

 

Finalmente el colectivismo destruye la sexualidad

 

Sexualidad no es sólo cópula y cosas parecidas o sustitutas. Esa es una visión reducida, estrecha y masculina; o por mejor decir: machista. Sexualidad también es gestación, parto y lactancia. Pero en su loco afán por acabar con la individualidad e identidad personal, el colectivismo destruye la familia y también la sexualidad. Que es sagrada precisamente por ligarse indisolublemente a la personalidad de cada ser humano único e irrepetible, mujer u hombre.

 

Este cambio revolucionario, el más subversivo, dramático y temible -y perverso- en la Constitución Sexual, nos afecta a todos. Porque, ¿cómo nacemos las personas? De madre y padre que normalmente nos dan identidad. ¿Y si no naciéramos así ...? Pues en 1973 Gilder observa ciertas tendencias muy inquietantes y perturbadoras, ya anticipados por el novelista inglés Aldous Huxley cuatro décadas antes -1932- en “A Brave New World” (en español “Un mundo feliz”). Es esta una novela de anticipación o ciencia-ficción que trata de una “civilización bárbara”. La paradojal expresión significa salvajismo tecnificado: niñas y niños son fabricados en masa por los funcionarios gubernamentales desde los embriones. Así predeterminan biológicamente las distintas capacidades humanas para las diversas castas sociales: superiores, medias, e inferiores o sub-inteligentes (puro músculo, carne y sensibilidad). Vale la pena releer hoy esa novela: los textos proféticos deben revisarse con el tiempo para ser juzgados en sus pronósticos ... En 1947 el también británico C. S. Lewis publicó su célebre ensayo sobre el mismo tema: “La abolición del hombre”. ¡Y después decimos que Dios no nos envía más profetas! Tal vez, como siempre, no queremos escucharles porque no nos agrada lo que nos dicen.

 

Hoy las tendencias previstas por Gilder ya van muy “adelantadas”: fecundación de embriones humanos en tubos de ensayo, congelados y conservados por millones, implicando la producción en masa de seres humanos anónimos para ser sirvientes de propiedad estatal: gestación fuera del vientre materno o extracorpórea (“ectogénesis”); experimentación con células matrices (o “estaminales”); y clonación de personas a partir de tejido humano.

 

¿Qué se quiere lograr? ¿Cuál es el fin? Nada menos que romper las naturales conexiones entre sexualidad, embarazo, parto, lactancia, crianza e identidad personal. Es un ataque al humano poder procreativo, último y terminal asalto sobre la individualidad, y por ende sobre la humanidad.

 

Evolucionismo y otros puntos de la Agenda antiliberal

 

Ese crimen abominable se justifica en la doctrina evolucionista, una especulación descabellada y anticientífica que se hace pasar por verdad científica. No casualmente es uno de los dogmas promovidos activa y oficialmente por el colectivismo y su brazo político, el estatismo. Que también por vía autoritaria -y tampoco casualmente-, promueven los otros tópicos del feminismo: precocidad y promiscuidad sexuales, aborto, eutanasia y eugenesia, parejas homosexuales con hijos (que son hijos de la ectogénesis) ... Y otros puntos de la misma agenda:

-- Ciencia fraudulenta, para apoyar el ecologismo y el evolucionismo militantes, y todo lo demás.

-- Positivismo y conductismo en Humanidades -avales “científico-sociales” de todos los experimentos de la planificación intervencionista y dirigista-;

-- Posmodernismo y otras corrientes nominalistas, anti-realistas e irracionalistas en Filosofía;

-- “Nueva Era” y otras variedades gnósticas y esotéricas en materia religiosa, sincretizadas con la estatolatría o culto al dios-Estado.

 

Porque si el evolucionismo es válido, entonces humanidad y civilización dependen del azar. Y así se legitiman todos los experimentos y manipulaciones con las personas, en la supuesta búsqueda de “mutaciones y mejoras evolutivas”, a cargo del Estado. ¿Por qué el Estado? Simplemente porque tiene el poder, la fuerza. Si no hay verdades objetivas -¡cuantimenos “absolutas”!- entonces no hay reglas ni justicia; sólo poder, fuerza desnuda. Y si además la realidad es infinitamente moldeable y plástica, pues no cabe sino que dejemos al poder que mande, sin límite alguno. Y si Universo, materia, energía y naturaleza se hicieron a sí mismas, entonces cabe adorarles ¡porque son dioses! ¡Y a la fuerza del poder también!

 

Otras veces ha ocurrido: nazismo, comunismo. Sin embargo hay una diferencia, pero para peor. En el pasado las ideas bárbaras, antihumanas y absurdas se imponían a punta de pistola y campo de concentración. No obstante hubo resistencia. Pero ¿qué resistencia puede haber cuando ideas de esa clase son infiltradas en el cerebro y el corazón, y aceptadas mansa y un poco inconcientemente por la inmensa mayoría ...? Puede resistirse a un partido militarizado y armado; pero, ¿a una masa adocenada desde pequeña, que sigue a sus jefes al matadero gustosamente y en manada, lavado y vaciado el cerebro, y desactivada la voluntad ...?

 

La libertad depende de la verdad

 

Como Ud., puede ver, querida amiga lectora, el estatismo no viene solo sino en un “paquete” que se nos impone gradualmente. El primer paso son las manipulaciones monetarias, cambiarias, financieras, y en general las políticas, económicas y sociales, acompañadas de las constitucionales, legislativas y judiciales que les dan fuerza legal. Después las educativas e informativas, científicas, filosóficas, religiosas y culturales, incluso reescribir la historia -destacada por George Orwell en “1984”, que es de 1945-; estas cubren a las primeras para hacerlas tragar. El penúltimo paso es la manipulación sexual; el último y tal vez final es la manipulación genética.

 

Ud. puede ver también que sólo el conocimiento de la verdad nos hará libres como dice el Evangelio de Jesucristo (Juan 8:32) ... Pero ha de ser de toda la verdad, entera, íntegra. Porque es indivisible: si develamos una parte de la verdad y ocultamos el resto, estamos mintiendo; y no seremos libres. La libertad es divisible: todos los días vemos que los Gobiernos del mundo reconocen algunas libertades y avasallan las demás. Pero la verdad en cambio no es divisible; y por eso en los defensores de la libertad encontramos lamentables contradicciones:

 

-- Comenzando por la Economía, uno encuentra mercadistas que no son consecuentes liberales, como los discípulos de la Escuela de Chicago.

-- Y vemos vigilantes guardianes de las libertades políticas, que sin embargo no objetan Gobiernos cada vez más ilimitados en poderes, e incluso los defienden, o al menos no resisten la liquidación de las libertades económicas. Y viceversa: celosos libertarios económicos coqueteando con el autoritarismo político; o con el anarquismo, su negación sólo aparente, puesto que la Ley del más fuerte y poderoso es la que realmente impera en la Jungla estatista.

-- Defensores del capitalismo liberal que no objetan el asesinato de la familia; y viceversa.

-- Amigos de ambos, del capitalismo liberal y de la familia, pero también de las filosofías que sostienen y alimentan a sus adversarios: relativismo, escepticismo cognitivo, idealismo o materialismo, romanticismo o pragmatismo. Y viceversa: realistas aristotélicos y hasta tomistas ortodoxos en Filosofía, pero abrazados a conceptos dirigistas como el “justo precio” oficial, propios de las condiciones de sitio e incomunicación impuestas en Europa por las invasiones de la Edad oscura -primeros siglos medievales- que hacían la competencia imposible; y que hoy el estatismo intenta reproducir artificialmente para legitimar su intervencionismo.

-- Creyentes religiosos y ateos con curiosos puntos en común, falsos además: que fe no congenia con razón y ciencia, ni Biblia tiene que ver con política. Estas coincidencias se observan en el campo de los enemigos de la libertad; pero también entre sus sedicentes amigos.

 

Freud tenía en parte mucho de razón

 

El Dr. Sigmund Freud sostenía que el precio de la civilización -si hablamos de una sociedad de veras civilizada- es la represión sexual; y esa es una grande y redonda verdad. La pregunta es si valió la pena pagarlo o no. Un error es ignorar que el precio -al menos en buena parte- no es para toda la humanidad sino sólo para su mitad masculina. Freud lo sabía. Pero otro error es considerar la represión sexual como algo malo en sí mismo y causa de muchos y terribles traumas, como creen muchos devotos freudianos que exorcizan esos tales supuestos demonios conforme a los sacramentos de la religión psicoanalítica.

 

Muchas personas, de uno y otro sexo -¿o debo decir “género”?-, creemos que el resultado -la susodicha civilización- valió la pena el precio. Y vale la pena conservarla.

 

Las personas bien informadas, sabemos además algunas verdades objetivas acerca de realidades como las siguientes:

-- mujeres y hombres somos completa y absolutamente iguales en dignidad y derechos. Pero no iguales en naturaleza, habilidades, capacidades y potencialidades. En otras palabras: “iguales” no equivale a idénticos, fungibles e intercambiables. ¡Gracias a Dios!

-- los grandes logros de la civilización humana -comenzando por el capitalismo, el principalísimo- los debemos a la mujer, directa o indirectamente;

-- sin duda hay un sexo fuerte, y es el femenino. El sexo débil es el otro.

-- Y ser realista significa ser lo suficientemente humilde para aceptar la realidad.

 

Y sabemos también que el socialismo, estandarte político del machismo, pone a la civilización en peligro, por la resistencia del sexo débil (ya sabemos cuál) a someterse al fuerte (también sabemos cuál), con la complicidad de las mal informadas feministas, ignorantes de ser el sexo fuerte. Y de que el feminismo es machismo disfrazado, y el machismo es masculinidad incivilizada.

 

Los 10 Mandamientos, base moral del capitalismo, y último fundamento de la civilización

 

Según Gilder, el mundo civilizado depende del matrimonio; y en consecuencia, del éxito de la sociedad en la represión sexual. Y Gilder no es lo que dirían un “mojigato religioso” o un “retrógrado reaccionario”: su libro sigue un enfoque racionalista y naturalista, a ratos incluso evolucionista. Al igual que otro más antiguo -de 1966-, del alemán Helmut Schoeck, otro antropólogo profético: en “La envidia” estudia ampliamente ese otro tema. Su conclusión es que el mundo civilizado depende de la propiedad privada; y en consecuencia, del éxito de la sociedad en la represión del sentimiento de la envidia, padre del colectivismo.

 

Las conclusiones de uno y otro son muy conciliables, pues ambos factores son vitales: matrimonio monógamo estable y propiedad privada. Se concilian en los 10 Mandamientos de la Ley bíblica. Aluden a los dos instituciones, y a la envidia de una vez. Porque para ambas, la proscripción de la envidia es una primera línea de defensa:

 

-- A la defensa del matrimonio y a la represión sexual, se alude claramente donde se dice (principalmente al hombre-varón): “No fornicar”; y “No envidiar la mujer de tu prójimo.”

-- Y a la defensa de la propiedad privada y otra vez a la represión de la envidia, se alude otra vez claramente donde se dice (al varón y a la mujer por igual): “No robar”; y “No envidiar el campo, la casa, el siervo o el buey de tu prójimo, o cosa alguna que le pertenezca.”

 

Está escrito en Exodo 20 y Deuteronomio 5. No es cosa que digan Gilder o Schoeck; lo crea Ud. o no, amiga, es Palabra de Dios. No es de ello que podemos deducir su enorme sabiduría; como sugiere Deuteronomio 4, es precisamente a la inversa: de la incomparable sapiencia y justeza de sus sentencias, normas y consejos -entre ellos, el mandamiento político: Gobierno limitado-, y de la certidumbre de sus predicciones, es que podemos deducir su origen divino. Su exactitud perfecta es contundente prueba de la misma realidad de Dios.
















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